REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 365ª
Sesión 37ª, en martes 8 de agosto de 2017
Ordinaria
(De 16:16 a 19:15)
PRESIDENCIA DE SEÑORES ANDRÉS ZALDÍVAR LARRAÍN, PRESIDENTE,
Y GUIDO GIRARDI LAVÍN, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
____________________
CREACIÓN DE MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO


El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Corresponde ocuparse en el proyecto de ley, en segundo trámite constitucional, que crea el Ministerio de la Cultura, con segundo informe de la Comisión de Educación y Cultura e informe de la Comisión de Hacienda, y urgencia calificada de "suma".
--Los antecedentes sobre el proyecto (8.938-24) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
Proyecto de ley:
En segundo trámite: sesión 36ª, en 3 de agosto de 2016 (se da cuenta).
Informes de Comisión:
Educación y Cultura: sesión 78ª, en 4 de enero de 2017.
Educación y Cultura (segundo): sesión 34ª, en 19 de julio de 2017.
Hacienda: sesión 34ª, en 19 de julio de 2017.
Discusión:
Sesión 78ª, en 4 de enero de 2017 (se aprueba en general).
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- Las Comisiones dejan constancia, para los efectos reglamentarios, de que los artículos 13, 21, 22, 24, 29, 33, 34, 35, 46, 47 y 52 a 58, todos ellos permanentes, y tercero y sexto transitorios no fueron objeto de indicaciones ni de modificaciones. Estas disposiciones deben darse por aprobadas, salvo que alguna señora Senadora o algún señor Senador, con el acuerdo unánime de los presentes, solicite su discusión y votación.
Ahora bien, la Comisión de Educación efectuó diversas enmiendas al texto aprobado en general, la mayor parte de ellas por unanimidad, con excepción de algunas que acordó por mayoría y que serán puestas en discusión y votación oportunamente.
La Comisión de Hacienda, por su parte, introdujo modificaciones en cuanto a los artículos 1, 7, 9, 10, 12, 16, 25, 26, 31, 37, 41 y 44, permanentes, y cuarto y quinto transitorios, en virtud del artículo 121 del Reglamento del Senado, y a los artículos primero transitorio y sexto, séptimo y octavo transitorios, nuevos, al ser acogidas dos indicaciones de Su Excelencia el Vicepresidente de la República presentadas durante el trámite del proyecto en ese órgano técnico, las que solo fueron aprobadas por mayoría de votos, por lo que serán discutidas y votadas en el momento que corresponda.
Cabe recordar que las enmiendas unánimes deben ser votadas sin debate, salvo que alguna señora Senadora o algún señor Senador manifieste su intención de impugnar la proposición de la Comisión respecto de alguna de ellas o existieren indicaciones renovadas. De esas modificaciones, las recaídas en los artículos 16 a 20 deben ser sancionadas con 21 votos por incidir en normas de rango orgánico constitucional.
Con el mismo quorum deben aprobarse en particular la letra e) del artículo 4, el inciso tercero del artículo 10 y el número 2 del artículo 51, normas de rango orgánico constitucional que no registraron enmiendas en el segundo informe.
El artículo 41, nuevo, también reviste carácter orgánico constitucional, pero fue acogido solo por mayoría de votos, por lo que será puesto en discusión y votación oportunamente.
La Comisión de Educación consigna, además, que, de acuerdo con las modificaciones introducidas por la Cámara de Diputados en el primer trámite, ratificadas en lo pertinente por el Senado en el segundo, correspondería cambiar la denominación de la iniciativa legal por la de "Proyecto de ley que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".
Sus Señorías tienen a la vista un boletín comparado que transcribe el texto aprobado en general, las enmiendas realizadas por la Comisión de Educación, las modificaciones introducidas por la Comisión de Hacienda y el texto como quedaría de aprobarse tales enmiendas.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- En discusión particular el proyecto.
Tiene la palabra el señor Secretario.


El señor LABBÉ (Secretario General).- En primer término, corresponde dar por aprobadas las normas que no fueron objeto de indicaciones ni de modificaciones. Eso sí, debo aclarar que respecto de tres de ellas, que son los artículos 22, 24 y 29, se ha pedido votación separada. Pero, según el Reglamento, para poder acceder a dicha petición se necesita el acuerdo unánime de los señores Senadores y señoras Senadoras presentes en la Sala.
Las votaciones separadas mencionadas fueron solicitadas por la Senadora señora Von Baer.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- No hay unanimidad para votar separadamente los artículos 22, 24 y 29.
--Se aprueban reglamentariamente las normas que no fueron objeto de indicaciones ni de modificaciones.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Vamos a continuar en el orden del boletín comparado que cada uno de los señores Senadores tiene en su mano. De conformidad a lo acordado en reunión de Comités, iremos artículo por artículo y, cuando se llegue a un asunto ya resuelto, lo aprobaremos con la misma votación anterior.
Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- En primer término, corresponde ocuparse de una indicación del Honorable señor Allamand que fue renovada por un conjunto de señores Senadores y que busca reemplazar, en todo el proyecto, la frase "las Culturas, las Artes y el Patrimonio" por el término "Cultura".
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- En discusión.
Tiene la palabra el Senador señor Allamand.


El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, este es un tema que considero de la mayor importancia y sería interesante, por cierto, recabar la opinión del señor Ministro, toda vez que el asunto se trató en la discusión en general del proyecto en la Comisión de Educación, pero en el primer informe apareció en forma muy escueta en relación con la trascendencia y relevancia que tiene.
Alguien podría considerar que da más o menos lo mismo cómo se llame un Ministerio. Pero en este caso, cuando precisamente estamos hablando de cultura, de artes, de tradiciones, de todo lo que hay detrás, el concepto adquiere, sin duda, la mayor importancia.
Sin ánimo de simplificar algo particularmente complejo, uno podría decir que hay dos maneras de enfrentar este tema, que no solo estará presente en el actual proyecto de ley, sino que aparecerá en muchas otras iniciativas que vienen por delante.
Unos consideramos que en la expresión "cultura" se debe tener una mirada holística, comprensiva, amplia, capaz de albergar en ese propio término las distintas expresiones, ya sean artísticas o, desde el punto de vista de su origen, ancestrales, provenientes de inmigrantes, nacidas del mestizaje. Pensemos, de alguna manera, en todo lo que tiene que ver con lo que constituye, en general, un concepto más amplio, como es la noción de pueblo, de nación, de identidad.
Por lo tanto, algunos nos aproximamos al concepto "cultura" con una visión amplia y comprensiva.
Hay otros, por el contrario, que hacen lo opuesto y consideran el término con una visión más bien angosta, de fragmentación.
En definitiva, la primera concepción o aproximación llevaría a una conclusión del siguiente tenor: existe una identidad chilena que alberga distintas expresiones culturales. Por lo tanto, es multicultural. Pero hay una identidad y una cultura chilenas.
La visión opuesta señala que no existe una identidad y una cultura chilenas, precisamente porque son distintas.
Fíjese, señor Presidente, que el tema pertinente se expresó muy bien durante el debate.
Don Patricio Gross, integrante del Comité de Patrimonio Arquitectónico y Ambiental del Colegio de Arquitectos de Chile, señaló específicamente que, en su opinión, el Ministerio debía ser "de Cultura", ya que dicho concepto incorporaba "todas las dimensiones -tangibles e intangibles- de las expresiones artísticas, sistemas de valores, creencias, rasgos distintivos -espirituales y materiales-, costumbres y tradiciones de una sociedad y de un país en su conjunto". Y eso fue refutado por quienes tienen la visión exactamente opuesta.
Yo me tomé el trabajo, señor Presidente -y quiero poner los antecedentes a disposición de la Sala-, de hacer una pequeña revisión: comparé cómo se denominan estos Ministerios en los distintos países.
El primero que se estableció fue el francés y se llamó "Ministerio de Cultura"; en España, se denomina "Ministerio de Educación, Cultura y Deporte"; en Italia, "Ministerio de Cultura y Medio Ambiente"; en Portugal, "Ministerio de Cultura"; en Argentina, "Ministerio de Cultura"; en Brasil, "Ministerio de Cultura"; en Colombia, "Ministerio de Cultura"; en Ecuador, "Ministerio de Cultura y Patrimonio"; en Perú, "Ministerio de Cultura"; en Uruguay, "Ministerio de Educación y Cultura"; en Venezuela (¡bueno, Venezuela...!) "Ministerio del Poder Popular para la Cultura"...
El señor NAVARRO.- Ojo: "Popular".
El señor ALLAMAND.-... pero también incluye la palabra "Cultura".
En México, se denomina "Secretaría de Cultura"; en Costa Rica, "Ministerio de Cultura y Juventud"; en República Dominicana, "Ministerio de Cultura"; en El Salvador, "Secretaría de Cultura"; en Guatemala, "Ministerio de Cultura y Deportes"; en Honduras, "Secretaría de Cultura, Artes y Deportes"; en Nicaragua, "Ministerio de Educación, Cultura y Deportes"; en Panamá, "Instituto Nacional de Cultura"; en Cuba, "Ministerio de Cultura".
El único país de América Latina que incorpora en la denominación de este Ministerio la frase "de Culturas" es Bolivia.
Lo anterior es suficientemente elocuente para advertir que no estamos frente a una cuestión menor; aquí se trata de una definición de fondo. Y a mí me parece que si la experiencia comparada de países que han efectuado esta misma discusión se resuelve unánimemente, con una sola excepción, a favor del término "Cultura", esa es la expresión que debiéramos adoptar nosotros.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Ha concluido su tiempo, señor Senador.
Puede redondear la idea.
El señor ALLAMAND.- Más aún, señor Presidente, cuando existe un trasfondo particularmente importante.
Aquí hay dos aproximaciones posibles -insisto-: o miramos la cultura y la identidad chilena con una visión amplia, capaz de cobijar distintas expresiones, o tomamos un camino que, desde mi modesta opinión, es incorrecto, de fragmentación y de diferenciación, porque entonces ya no habrá una cultura chilena capaz de albergar todas sus distintas expresiones, sino que vamos a tener distintas culturas, fragmentadas, diferenciadas y -ojalá nunca- enfrentadas.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Montes.
El señor MONTES.- No intervendré, señor Presidente.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Hernán Larraín.


El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, este tema no es menor, efectivamente, porque el nombre creo que le da la impronta a la institucionalidad que queremos construir.
Algo de esto tuve la ocasión de conversar con el actual Ministro en el sentido de favorecer, sin duda, el avance en la institucionalidad cultural, pero con algunas inquietudes, y quizá la principal de ellas -no la única- es precisamente esta: qué estamos entendiendo por "cultura" cuando denominamos a una nueva Cartera "Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".
A mi modo de ver, esa aproximación a la institucionalidad cultural que se quiere desarrollar es equivocada, ya que incurre en un ánimo más bien descriptivo que conceptual.
Pienso que la idea de la cultura en sí misma es lo suficientemente amplia y diversa como para que, entendida en su acepción más extensa, pueda ser comprensiva de los distintos aspectos que se pretende incluir en esta denominación.
Hablar de "las culturas" es todavía demasiado descriptivo, porque ¿qué queda afuera? La cultura deportiva, la cultura artística, la cultura tecnológica. Hay muchos aspectos en que uno dice: "hay cultura".
Porque la cultura en sí misma dice relación con el término "cultivo", con cultivar algunas especialidades, algunas actividades de la dimensión humana. Por ejemplo, la agricultura es el cultivo de la tierra. Y, por cierto, cuando hablamos del "Ministerio de las Culturas" no estamos hablando de eso.
Por otra parte, cuando nos referimos a "las artes" también tenemos el mismo problema, porque se trata de un título muy genérico para describir demasiadas actividades.
Además, hablar del "patrimonio" es en cierto sentido redundante, porque parte de nuestra cultura es patrimonial; es herencia; es legado; es lo que hemos recibido, expresado de distintas maneras. Y el patrimonio -hoy día lo sabemos- no es solamente el de los monumentos, el de la infraestructura; tiene también expresiones visuales, orales y de distinta forma.
Por lo tanto, hay a mi juicio una descripción del tipo lista de supermercado que, por pretender abarcar mucho, diluye y no define el eje de lo que intentamos construir.
Es muy importante entenderlo en su sentido genuino, en relación con aquellos ministerios que han existido en distintos países -como recién recordaba el Senador Allamand- y que han mantenido una línea tradicional que busca, a través de esa denominación, incorporar todas estas expresiones, pero centradas en un eje integrador que trata de definir la cultura como un tejido social que abarca y comprende las distintas manifestaciones humanas que son llevadas a ciertos niveles de excelencia en todos los planos. Son de excelencia tanto la música clásica como la folklórica; y lo son también las expresiones de música popular cuando alcanzan un nivel de consagración.
Por eso, es equívoca esta denominación.
Creo, además, que es una innovación sin una justificación relevante ni sustantiva y que va a confundir más que a ayudar a centrar y a concentrar el esfuerzo de lo que se va a hacer.
Señor Presidente, el tema debería mirarse de manera más holística, más general, más conceptual en el sentido de lo que se está buscando, en lugar de entrar a una descripción pormenorizada.
Si siguiéramos este último camino, deberíamos, entonces, cambiarle el nombre a muchos ministerios para hacer una descripción de las distintas áreas que comprenden: el de Educación, el de Desarrollo Social y el de Justicia y Derechos Humanos, por ejemplo, ya que todos ellos podrían llamarse de otra forma.
A mí me parece que lo central es transmitir el mensaje de lo que queremos hacer: que la cultura, de manera institucionalizada, tenga un lugar de prominencia en nuestra Administración Pública. Eso se logra a través de la creación de un Ministerio.
Respecto a lo anterior, quisiera agregar que siempre he tenido la duda de si la mejor forma de hacerlo sea con un Ministerio. Recuerdo que con Agustín Squella, cuando se creó el Consejo de la Cultura, teníamos esta inquietud, porque la idea de un Ministerio podía incluir el concepto de "dirigismo cultural". Por eso no se llamó así en esa oportunidad.
Entiendo que a estas alturas, con la tradición de trabajo del Consejo de la Cultura, ese problema no se va a producir.
Sin embargo, llamémoslo como corresponde: "Ministerio de la Cultura".
El señor WALKER (don Ignacio).- ¿Puede abrir la votación, señor Presidente?
El señor PROKURICA.- Estoy de acuerdo, señor Presidente.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Si le parece a la Sala, se abrirá la votación.
Acordado.
En votación la indicación renovada del Senador señor Allamand.
--(Durante la votación).
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor De Urresti.


El señor DE URRESTI.- Señor Presidente, hemos oído dos intervenciones de Senadores que claramente han planteado una revisión de la denominación del Ministerio. Yo quiero recordar que esto se debatió más de cinco meses en la Cámara de Diputados y, después, otros cinco meses en la Comisión de Educación y Cultura del Senado.
Hay que señalar que la denominación "de las Culturas" se aprobó por unanimidad en las Comisiones.
Y cabe agregar -cito palabras del Ministro Ottone- que tres países latinoamericanos ya cuentan con este nombre y otros cuatro se encuentran en proceso de cambio.
Ello es importante, y el Ministro va a poder aclararlo.
Esto desvirtúa lo que ha señalado uno de los Senadores que me antecedió.
Yo entiendo que hay aquí una visión conservadora, unívoca, para la cual existe solo una cultura, dominante, que siempre ha sido un poco lo que se denominaba "la cultura de los patrones", la de la oligarquía, que se intenta establecer como la cultura oficial.
Sin embargo, cuando uno entiende la diversidad de este país, con sus pueblos originarios reconocidos hoy día -y esperamos que lo sean constitucionalmente-; cuando vemos la población afrodescendiente; cuando miramos la creciente incorporación de la cultura de los inmigrantes; cuando consideramos las culturas territoriales -la patagónica, la chilota-, que marcan identidades, nos damos cuenta de que no existe una cultura homogénea y de que el paradigma del país no es la cultura de Los Huasos Quincheros, por mucho que les gusten a algunos.
--(Aplausos en tribunas).
¡Es que al parecer molesta incorporar otras culturas!
A propósito de que se señaló a España, recordaba -revisando a otros nostálgicos del conservadurismo y de esta visión cultural unívoca- que durante la época del franquismo -que algunos evocan y admiran quizá- se estableció que la expresión española eran el flamenco, lo andaluz, los toros. Y, si uno lo proyecta con el tiempo, ¡qué visión más sesgada, más reduccionista de lo que son las culturas de los pueblos y naciones que hay en España!
El desarrollo de las comunidades autónomas -de los catalanes, vascos, asturianos, gallegos, extremeños y tantas otras expresiones- modificó esa visión.
El símil nuestro son Los Huasos Quincheros, que vimos durante mucho tiempo en la televisión y en los medios oficiales en una época en que se quería plantear que esa era la chilenidad, la cultura chilena.
Entiendo que a algunos les gusta, que algunos son nostálgicos de ello. Pero también existen la cultura popular, la cultura obrera, la cultura de zonas extremas como la Patagonia, las culturas de asociaciones de inmigrantes, de tantas organizaciones diversas, y, además, la cultura de los pueblos originarios.
Señor Presidente, yo valoro esta discusión, la cual comenzó -sería bueno recordarlo; no está en las actas- cuando tanto el Ministro Cruz-Coke, como el Ministro Ampuero, a quienes reconozco...
--(Manifestaciones en tribunas).
¡Por favor, pido respeto!
Cuando me tocó ser Presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara de Diputados, al menos en lo que recuerdo, había dos Ministros que no eran de mi sector y que hicieron esfuerzos (como han hecho el Ministro Ottone y la Ministra Barattini en esta Administración) por llevar adelante la discusión.
Lo que vamos a crear hoy día es una institucionalidad moderna, que da cuenta de un país diverso, con distintas expresiones.
Por eso, cito a cuatro Ministros (tres ex Ministros y el actual) que han avanzado en la senda de entender esta diversidad e incorporarla en el Misterio de las Culturas, la Artes y el Patrimonio.
Voto en contra.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Tuma.


El señor TUMA.- Señor Presidente, no participé en la Comisión de Educación, pero cualquiera interpretaría que este debate puede ser inconducente si de lo que se trata es de agregar una "s" a la palabra "Cultura". Sin embargo, esta modificación tiene un tremendo significado en lo que respecta al tipo de sociedad que queremos construir.
La consonante que se pretende agregar denota, precisamente, la diferencia con una visión de país que nosotros insistimos en cambiar; visión de país que, tal como indicó un colega que me antecedió en el uso de la palabra, se basa en la cultura tradicional. Y lo que no queremos es seguir manteniendo una cultura tradicional que no reconoce la diversidad.
Voy a colocar un solo ejemplo.
El pueblo mapuche, que alguien podrá decir que está conformado de una sola cultura, tiene en su interior diversas culturas, como la de los huilliches, la de los pehuenches, la de los lafquenches.
Entonces, si hablamos del título que le vamos a colocar a este Ministerio para interpretar la intencionalidad del legislador y qué tipo de sociedad queremos construir, debemos considerar que la cultura es plural y se basa en la diversidad y en el reconocimiento constitucional, que todavía no hemos logrado, de los pueblos indígenas.
Naturalmente, cuando hablamos de cultura, tenemos que cimentar nuestra visión de sociedad en el reconocimiento de la diversidad y en la existencia de múltiples culturas al interior de ella.
Por eso, me parece bastante más interpretativa de la nueva sociedad que queremos construir una palabra que reconozca la diversidad, la existencia de muchos pueblos, de muchas identidades.
En ese sentido, me quedo con la redacción que aprobó por unanimidad la Comisión de Educación, la que, al mismo tiempo, recogió la mayor parte de las indicaciones que presenté, relacionadas con el reconocimiento de la cultura de los pueblos originarios, así como con su representación, que no tenían, en los consejos regionales y en el Consejo Nacional.
Por lo tanto, pienso que el proyecto se encamina a dar una señal muy importante al país acerca de qué opina el legislador en cuanto al tipo de sociedad que queremos construir.
Voto por el texto aprobado unánimemente por la Comisión de Educación.
--(Aplausos en tribunas).
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Les advierto a las personas que se encuentran en tribunas que no están permitidas las manifestaciones, pues van en contra del Reglamento.
Por ello, para despachar el proyecto en forma ordenada, les pido que mantengan el orden que corresponde.
A continuación, está inscrito el Honorable señor Letelier, quien no se halla en el Hemiciclo en este momento.
En consecuencia, puede hacer uso de la palabra la Senadora señora Lily Pérez.


La señora PÉREZ (doña Lily).- Señor Presidente, me parece que este es un debate superinteresante, pero opinable.
Yo no veo por qué alguien podría descalificar la indicación de un Senador mediante la cual se propone que el Ministerio se llame "de la Cultura". Creo que forma parte del debate que nosotros debemos tener en la Sala, siempre con respeto, porque es efectivo que en muchos lugares del mundo existe un organismo de la misma naturaleza denominado en singular.
Ahora, a mí en lo personal me gusta más hablar de "Ministerio de las Culturas", pues creo que las palabras significan muchas cosas.
Hace algunos años, cuando discutimos acerca de la definición de familia, también tuvimos un debate superinteresante en torno a si esta debía referirse a la familia o a las familias. Obviamente, todos queremos que exista una sola familia, nuclear, pero también debemos reconocer la existencia de sus distintos tipos: un abuelo que cría a sus nietos es una familia; lo mismo una madre soltera que cría a sus hijos, o un padre que cría a sus hijos.
Idéntica situación se da con la cultura. Chile no se nutre de un solo tipo de cultura. Tenemos culturas precolombinas en el norte (la diaguita, por ejemplo), tenemos la cultura mapuche y la huilliche por el sur. Hay distintas sumas de culturas. No existe una única forma de ver este fenómeno en nuestro país.
Por lo tanto, en la definición que estamos fijando resulta esencial determinar cómo nos vamos a autodefinir frente a un Ministerio que para nosotros es muy importante, pues en nuestras regiones solo tenemos directores o directoras de Cultura; no tenemos una seremía que, por ejemplo, explore las manifestaciones del tejido, de la artesanía, que también son parte de la cultura.
Creo que existen culturas tan diversas en Chile, de distintas etnias incluso, que el nombre debe ser mucho más fuerte. Además, hasta me suena fonéticamente más relevante el que propone la Comisión. Y en esto me sumo a lo que dice siempre el gran Humberto Maturana en el sentido de que las palabras tienen mucho significado. Me parece que hablar de Ministerio de las Culturas y las Artes resulta mucho más grande, más fuerte y más profundo que hablar de un simple Ministerio de Cultura.
Así que voto por mantener el texto propuesto por la Comisión de Educación.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Quintana.


El señor QUINTANA.- Señor Presidente, tal como señaló hace un momento el Senador Tuma, esta discusión es mucho más que un plural, un singular o una consonante: tiene que ver con la diversidad de nuestro país.
Escuché atentamente al Senador Allamand cuando expresó que en una gran cantidad de países la denominación del organismo es "Ministerio de la Cultura". Sin embargo, probablemente Chile es el único país del mundo donde recién hoy día se está creando un Ministerio del ramo, porque nunca antes ha existido. O sea, nosotros estamos teniendo una aproximación tardía en esta materia.
El Senador Allamand hizo una referencia al arquitecto Patricio Gross, profesional que fue muy explícito y fijó su opinión respecto de la Madre Patria. Uno podría hacer toda la derivación que planteó el Senador De Urresti, y probablemente llegaríamos hasta la cueca, pero ni aun la cueca, como baile nacional, identitario, expresivo de una identidad única, como dijo el Senador Allamand, es unívoca, una sola, porque en los puertos está la cueca chora, la cueca brava, en el sur la cueca chilota, en fin.
Por lo tanto, hay razones de sobra para usar la palabra en plural, sobre todo si miramos a nuestros pueblos originarios y la situación de los inmigrantes que han llegado últimamente a nuestro país. Incluso, yendo más atrás, como indicó muy bien la Senadora Lily Pérez, en el norte existen las culturas precolombinas, las afrodescendientes, que nada tienen que ver con la llegada de los actuales inmigrantes, cuestión que va a producir un largo debate y que refuerza el carácter multicultural del Chile de hoy y que nuestro país ha poseído desde hace mucho tiempo, solo que lo hemos mantenido escondido.
Por todas estas razones, por la religiosidad, por el aporte que hacen cada uno de los nueve pueblos indígenas asentados en nuestro territorio (rapa nui, mapuche, pehuenche, kawésqar, entre otros), que tienen una mirada, una racionalidad, una cultura, una espiritualidad completamente distintas, a lo cual podemos agregar la gastronomía patagónica, nos damos cuenta de que Chile tiene una enorme diversidad de expresiones culturales, por lo que restringir el concepto iría contra todo lo que hemos ido construyendo para lograr un país más inclusivo.
Por eso, voto en contra de la indicación renovada.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Girardi.


El señor GIRARDI.- Señor Presidente, es cierto que muchos países del mundo no requieren hablar de "las" culturas y solo se refieren a "la" cultura, porque en ellos dicho concepto engloba las distintas visiones que existen al interior de la sociedad. Pero el punto es que nosotros necesitamos hablar de las culturas, en cierta manera, por un proceso terapéutico. En Chile la cultura no engloba el conjunto de las culturas, que no son reconocidas.
Es lo que se está intentando plantear acá.
Ojalá en nuestro país pudiéramos hablar de cultura en singular y que su significado fuera amplio, inclusivo y diverso.
En los últimos días, sin embargo, vivimos la discusión sobre el aborto, en la cual se expresó una visión cultural de ciertos sectores sociales que sienten que sus principios, sus valores y su moral tienen supremacía con relación a los de otros ciudadanos. Y en nombre de esa supremacía sería posible discriminar y restarle derechos al otro, e incluso su condición de persona se podría, en cierta manera, relativizar. Pero algunos pensamos que las personas -y lo hemos dicho muchas veces-, todas las personas, todos los seres humanos, a pesar de o con sus diferencias, son sujetos de derecho y tienen la misma dignidad.
A veces se manifiestan dimensiones distintas en lo valórico. ¿Y qué es la cultura? La cultura es también la manera en que se ponen en acción los valores en una sociedad.
La visión conservadora no se hace cargo del legítimo otro y niega al otro. A mi juicio, esa es una cultura autoritaria que, en nombre de aquella supremacía, niega la existencia del otro y lo discrimina.
Lo vimos a propósito de temas relacionados con la mujer.
Hoy en Chile se habla de sida, de VIH, y sin embargo hay sectores que se han opuesto sistemáticamente a la educación sexual y al uso del condón. Es más, la Iglesia Católica hizo una campaña para no usar preservativo por no ser cien por ciento seguro, en circunstancias de que lo único que hace ese pedazo de látex es salvar una vida.
Eso es parte de la cultura; es parte de la cultura dominante, que niega la expresión de la diversidad y niega al legítimo otro como un sujeto igual a aquel que siente tener dicha supremacía.
Para mí, esta discusión es muy relevante.
En materia de pueblos originarios, no existe una multiculturalidad en Chile. Ni siquiera existe un reconocimiento constitucional, que es el mínimo de los mínimos.
Dijimos que el aborto terapéutico era un mínimo civilizatorio, pues penalizarlo significaba condenar a la víctima a la cárcel. Incluso, a pesar de ser víctima, se consideraba que la mujer, aparentemente por el hecho de estar embarazada, tenía una muerte civil: no podía decidir, era incapaz.
Son los mismos sectores conservadores que les negaron el derecho a voto a las mujeres durante mucho tiempo ¿Por qué? Porque la mujer, en esa cultura, tenía que estar relegada a las tareas del hogar, a la crianza de los hijos. Y eso se perpetúa. Si en Chile preguntamos por qué las mujeres no trabajan, el ochenta por ciento dirá que no lo hace porque tiene que cuidar a los hijos, hacer las tareas de la casa, cuidar a los enfermos. Es una cultura patriarcal.
Yo digo: "Tenemos que liberarnos de esa mirada".
También me importa la cultura porque es parte de la memoria. El proyecto habla justamente de nuestra memoria paleontológica, astronómica, histórica, arquitectónica, que en Chile no es un valor. ¡No es un valor!
¿Por qué es relevante eso? Porque es el futuro lo que se puede cambiar, y solo lo podemos cambiar en base a la experiencia del pasado y a la memoria.
Es importante ponerlo como una expresión, porque la cultura ha tenido en el pasado una dimensión de dominación.
Asimismo, hay una dimensión antropocéntrica de la cultura que no reconoce la hermandad con las plantas y con el resto de los seres vivos que habitan el planeta. Es una visión totalmente ideológica, según la cual se cree que los seres humanos tenemos una supremacía con respecto a los demás seres vivos. ¡No la tenemos! Desde el punto de vista de la evolución, de la biología, no la tenemos.
Todos los Senadores y Senadoras que están acá son noventa por ciento bacterias y diez por ciento células propias. Por lo tanto, ¡ustedes son más bacterias que células propias!
Pero se desconoce nuestra historia evolutiva, porque algunos creen en un origen divino de la humanidad, visión que yo respeto, pero que no se tiene por qué imponer al conjunto de la sociedad.
¿Me concede otro minuto, señor Presidente?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Puede continuar, Su Señoría.
El señor GIRARDI.- Y, por último...
El señor DE URRESTI.- ¡Los meteoritos!
El señor GIRARDI.- También los meteoritos, porque permiten explorar el universo. Como no podemos viajar al universo, lamentablemente tenemos que recoger pedazos de este para saber cómo se construyó el sistema solar, si hay vida en el espacio. Son parte de un patrimonio maravilloso.
Vivimos una cultura vertical. Y el cambio que presenciamos es justamente hacia una sociedad que vive más bien en una cultura horizontal.
Nuestro mundo es analógico, no en red.
Nosotros debemos incorporar la cultura en el vivir cotidiano; debemos incorporar el arte, la belleza, el teatro, la música.
Hay niños a los cuales se les da Ritalín. El veinte por ciento está medicado. ¿Quién está enfermo: el sistema, o los niños?
Vivimos en un mundo sin creatividad, sin imaginación, sin cultura. Y la cultura es fundamental para la ciencia, pues una ciencia sin cultura nos puede llevar a un mundo sin ética. Y la ética es, justamente, el trasfondo de la cultura.
Por eso esta discusión es tan importante para nuestro país.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Lagos.


El señor LAGOS.- Señor Presidente, en mis cinco minutos para fundamentar el voto, quiero decir que la indicación que entiendo que presentó y ha defendido el Senador Allamand tiene un lado positivo, cual es que nos permite debatir sobre algo que al final es bien relevante: cómo entendemos el tema.
Yo hago un esfuerzo por comprender el razonamiento de quienes sostienen que esto de "las culturas" no procede y que debe haber una mirada como integral, pero sin la "s", sin pluralismo. Se ha mencionado una serie de países en los cuales solamente existen ministerios de "la" cultura.
Yo, desde el punto de vista formal, quiero partir destacando que este es un debate que ya se da hoy día en foros internacionales. En varios países de América Latina se está discutiendo cambiar el nombre para hablar de "culturas". En la APEC -que es lo diverso que yo conozco en el ámbito internacional-, con 21 países distintos, también se está analizando el punto.
Lo anterior tiene que ver con que los términos cambian a medida que las sociedades cambian. Los que antes eran -con mucho respeto- indios, hoy día se llaman "pueblos originarios", "pueblos aborígenes", "primeras naciones" o "first nations", como en Canadá. Hace 150 años esto no era así. Antes les quitaban las tiras, los mandaban a una reserva y les ponían una licencia de casino.
Eso ha cambiado, lo mismo que el concepto de cultura.
Sin ir más lejos, buena parte de nuestros creadores estudiaron lo que se llamaba "licenciatura en artes plásticas" en la Universidad de Chile. Hoy día se denomina "licenciatura en artes visuales". Ocurre que el concepto de "artes plásticas" quedó estrecho, y se puso el adjetivo "visuales" para capturar el desarrollo contemporáneo de las artes.
Algunos parecen tomar esto de "las culturas y las artes" con una mirada un poco a la defensiva. Yo siento que no debería ser así. Todos los que han intervenido en favor de la nueva denominación han dado tremendos buenos argumentos. Existen distintos tipos de cultura: cultura urbana, cultura rural, cultura de nuestros pueblos originarios. El Senador De Urresti puso el ejemplo de un grupo folclórico. Puede haber otros, de diversa naturaleza. Y yo pienso que las palabras agregadas no hacen ningún daño.
La pregunta que yo me hago es: ¿por qué se oponen? Y no me queda otra respuesta que esta: por temor, por vértigo al cambio, por tener que aceptar que hay culturas distintas, completamente distintas, que deben convivir.
No se ponen a tono. Sin querer volver a debates que ya hicimos -el Senador Girardi se refirió al tema de la interrupción del embarazo y todo eso-, siento que hay un sector al que le cuesta acomodarse a lo que está ocurriendo y siempre anda tres pasos atrás de la sociedad chilena. ¡Siempre! Cuando discutimos "hijos ilegítimos", al principio dijeron que no y después que sí; cuando discutimos el divorcio, dijeron que no; cuando discutimos sobre el condón, primero dijeron que no y luego que sí; cuando discutimos el acuerdo de unión civil, lo mismo.
Entonces, como que siempre van atrás. Y es lo que a ratos me da tranquilidad, pensando que tal vez uno trata de enganchar con los tiempos, sin desmadrarse mucho, claro.
¿Qué refleja hablar de "las culturas y las artes"? Una necesidad por diversidad cultural, por respeto a la libre creación. ¡Si al final del día la cultura es sinónimo del tipo de sociedad en la que uno vive! Al final del día, y poniéndolo en términos fenicios, las sociedades que invierten en cultura -y no digo plata no más; también tiempo, energía, institucionalidad, leyes- son sociedades más ricas, porque primero generan un excedente que destinan a la creación, al pensamiento.
Una cultura reducida nos achica. Un concepto que hable de "las culturas y las artes" nos engrandece. Va a estar en nosotros llenar ese concepto. ¡Pero díganme si no es mejor hablar de "culturas y artes", lo cual me hace sentir que vivo en un país diverso, que de algo más estrecho, que algunos defienden pero sin lograr hacer mella!
Por eso, rechazo la indicación.
El señor GIRARDI (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Montes.


El señor MONTES.- Señor Presidente, creo que quizás lo más importante de este debate es no opacar la creación de algo tan relevante como el Ministerio de la Cultura.
Después de una larga discusión, de una larga historia, estamos dando pasos muy significativos.
Tenemos que reconocer que Chile ha tenido un crecimiento económico bastante grande, pero que ha experimentado un desfase en su dimensión cultural, artística, creativa. Y cuando se crea un ministerio lo que se busca es potenciar la dimensión cultural de la vida social, reconocer toda la riqueza que tiene Chile y ver cómo fortalecerla.
Eso es lo más rico que está ocurriendo acá.
Y la verdad es que si ponemos todo el centro en este debate, se tiende a opacar lo fundamental.
Estoy convencido de que, cuando se habla de "las Culturas", hay algo bien profundo en lo que estamos haciendo; no es una cuestión de nombre nomás.
Primero, hay una cierta discusión acerca de qué es "cultura". En todo caso, no la hemos hecho acá, y no viene al caso realizarla, pero puedo decir que es un concepto que tiene que ver con nuestra identidad como país, como nación; tiene que ver con los factores de cohesión; tiene que ver con las expresiones artísticas, la creatividad, la forma de ser; tiene que ver, en definitiva, con la diversidad de ser chileno.
Yo valoro la capacidad de este proyecto, del Gobierno, de la unanimidad de los parlamentarios de reconocer la diversidad cultural chilena.
¿Qué hay detrás de esto? Creo que algo de crítica a lo que fuimos antes. Todos en nuestro país tuvimos la idea de que los pueblos originarios, los pueblos indígenas debían integrarse, subordinarse, ser como era el resto y no reconocer sus propias creaciones, sus propias identidades, su propia forma de ser.
Pienso que a lo mejor se necesita leer mucho más a Octavio Paz, cuando se refiere a México y reconoce la superposición de distintas culturas y su capacidad de ir creando una forma de convivir. Son muy distintas pero conviven dentro de la nación mexicana a su manera, en diferentes pueblos, en diversos lados.
Me parece que cuando se habla de "las Culturas", detrás de ello hay una cierta crítica a lo prepotente que ha sido una cultura dominante en Chile, en cuanto a pensar que existe una sola, que se debe subordinar al resto. Es decir, no es un tema de hegemonía, sino de que se tiene que dominar y subordinar a los otros.
Por tanto, yo seguiría adelante -por cierto, voy a votar en contra de la indicación- con la idea de que reconocer la diversidad cultural nos hace mejor pueblo, mejor país y nos hace crecer.
Por eso, hablar de "Ministerio de las Culturas" es algo que enriquece, apoya.
Y, a mi juicio, ha sido una buena opción del Gobierno y de los parlamentarios haberlo planteado así.
Muchas gracias.
El señor GIRARDI (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Chahuán.


El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, Honorable Sala, esta indicación permite traer a colación un tema que me parece relevante.
¿Es el nuestro o no un país pluricultural?
Creo que Chile efectivamente tiene que acoger las distintas culturas.
Chile justamente se ha construido sobre la base de ese crisol de culturas que hoy día nos permite mirar como chilenos en una sola dirección.
Chile ha sido un país de inmigrantes.
Chile se construyó justamente gracias al aporte de oleadas inmigratorias que llegaron acá y consolidaron el país actual. Y hoy nos enfrentamos a otro proceso inmigratorio importante que no se va a detener. Esto, en definitiva, hace que la nuestra sea una nación capaz de acoger a las distintas culturas que hoy día la enriquecen.
Chile es un país receptor de emigrantes, y va a seguir siéndolo, lo cual requiere la posibilidad cierta de contar con una ley de inmigraciones. Esperamos que se disponga así por parte del Gobierno.
Recuerdo que durante mucho tiempo se trabó un proyecto que trabajamos junto con el Gobierno del Presidente Piñera, y finalmente logramos presentarlo después de que durante años Administraciones de la Concertación no pudieran consensuar un texto en esta materia. También lo trabajamos con la Iglesia. Me tocó ser actor en ello.
Chile, además, es un país que debe reconocer las culturas de sus pueblos originarios. En este sentido, se hallan en trámite algunos proyectos de ley que hemos presentado, uno de los cuales contempla el reconocimiento de las disciplinas deportivas ancestrales. Se trata de 35 deportes chilenos que practican nuestros pueblos originarios y que hoy día carecen de reconocimiento.
Tenemos pentacampeones mundiales en Rapa Nui que no van con la bandera chilena básicamente porque no cuentan con el reconocimiento de las federaciones.
Por eso, junto con el Senador Carlos Bianchi presentamos una iniciativa para el reconocimiento de las prácticas deportivas ancestrales.
Me parece que es relevante poner esos temas sobre la mesa, desde el punto de vista de la expresión de la cultura y las culturas.
En su minuto, fueron Senadores de esta coalición, y no de enfrente, los que presentamos una reforma constitucional que buscaba reconocer la diversidad cultural de nuestro país y el aporte de esas culturas, los pueblos originarios.
En ese contexto, estimo que esta es una discusión absolutamente legítima.
Por lo mismo, mi planteamiento va más allá de si Chile es o no un Estado unitario. Porque se podrá decir: "No, momento, acá debe haber un Ministerio de la Cultura"; pues, en definitiva, lo que hace este crisol de culturas es señalar que tenemos una cultura chilena, que es la mezcla del reconocimiento de cada una, del aporte que hacen los pueblos originarios, de la contribución que realizaron finalmente las oleadas inmigratorias que tuvo Chile en los siglos XVIII, XIX y principios del siglo XX.
Más allá de aquello, pienso que el carácter ontológico de las palabras es interesante. De ahí que cuando uno habla del "Ministerio de las Culturas", lo que está haciendo básicamente es reconocer el aporte que han hecho los distintos pueblos originarios, las distintas oleadas migratorias, las distintas visiones del país.
Por tal motivo, anuncio que votaré en contra de la indicación.
Claramente, creo que acá estamos frente a un problema que dice relación con cómo enfrentar el hecho de que la denominación de un Ministerio -en este caso, el Ministerio de las Culturas- pueda también representar, desde el punto de vista de su propia denominación, de su propia fuerza, del propio impulso de la palabra, lo que significa el aporte de cada uno de los crisoles de la cultura a nuestro país.
Por tanto, si bien la discusión es legítima, me parece que el carácter ontológico que plantea la denominación del Ministerio es adecuado.
Por eso, voto a favor del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Horvath.


El señor HORVATH.- Señor Presidente, desde luego, la interacción y el debate en esta materia son interesantes, pero estimo que estamos un poco perdidos. Cuando se habla del "Ministerio de la Cultura", existiría la tendencia a pensar que habría un tipo de cultura sobre otra. ¡Pero acá estamos hablando del "Ministerio de Cultura"! Es un término genérico.
De lo contrario, el día de mañana el Ministerio de Tecnología tendría que llamarse "de las Tecnologías", porque podría haber muchas tecnologías. Y el Ministerio de Salud, considerando que hoy en día, por ejemplo, están reconocidos los métodos de tratamiento de la cultura mapuche dentro del Ministerio de Salud, sería el Ministerio de las distintas opciones de salud.
Por consiguiente, cuando se habla de "Ministerio de Cultura, Artes y Patrimonio", significa que está todo englobado. Porque si el día de mañana toca la suerte de que el Ministro sea rapa nui, no se dirá que es Ministro de la Cultura Rapa Nui, sino Ministro de la Cultura en el sentido amplio de la palabra. Además, la "cultura" no tiene fronteras.
Estimo que la indicación está muy bien presentada, es genérica, engloba a todas las culturas y no le pone ningún pie encima a nadie.
Respeto los planteamientos que se han hecho acá, sin embargo, el asunto no se resuelve con un plural.
Gracias.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Allamand.


El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, en verdad, estoy muy contento por haber dado pábulo a este debate. Y lo único que solicitaría es que no se deformaran los argumentos que uno formula. Podrán darse en un sentido o en otro; sin embargo, no corresponde distorsionarlos.
Básicamente, qué estamos discutiendo.
Quiero referirme a la argumentación del Senador De Urresti, quien mencionó el caso de España.
Por supuesto que hay catalanes, vascos y andaluces en ese país, ¿pero significa eso que no existen españoles ahí? ¿Implica que respecto de esas nacionalidades, comunidades, raíces no pueda existir una instancia que las agrupe?
Pasemos a Inglaterra. Allá, ciertamente, hay galeses, escoceses, irlandeses e ingleses. ¿Y alguien sostiene que no son británicos?
¡Entonces, señor Presidente, que no se diga que estoy sosteniendo que no puede ni debe haber un reconocimiento pleno a la pluralidad cultural que existe en Chile!
Mi argumento no es ese.
Lo que yo he señalado es que la nuestra es una nación pluricultural, multicultural, pero que eso no se opone a que exista una cultura, una nación y una identidad chilena.
¡Ese es el fondo de la discusión y no otro!
Aquí no estamos discutiendo sobre quiénes reconocen más o reconocen menos la diversidad cultural. Ese no es el punto. Quienes lo plantean así están deformando mi argumentación. Lo que yo estoy diciendo es cómo queremos percibirnos a nosotros mismos como país. ¿Simplemente como una aglomeración momentánea de identidades y culturas diferentes? ¿Solamente así? O, al revés, ¿estamos dispuestos a decir que somos una agrupación de culturas diferentes, pero al mismo tiempo capaces de generar entre todos una instancia que nos agrupe?
Esta no es una discusión menor. Esto no tiene ni más ni menos que ver con cómo percibimos la identidad del país, con cómo nos vemos a nosotros mismos. ¿Nos percibimos ocupando momentáneamente un espacio? ¿Nos percibimos diferenciados? ¡Por cierto! Pero también nos percibimos con posibilidades un poco más arriba, que es lo que nos identifica como chilenos.
Piensen en los belgas. Entre los belgas hay flamencos y francófonos. ¿Y alguien se atrevería a decir que no son belgas?
¿Qué está pasando hoy día en Europa? ¿Cómo se absorben o se perciben los fenómenos de inmigración?
¿Cuál es la discusión en Francia? En este país se dice hoy día que, por supuesto, hay una identidad francesa y que todas las personas que viven hoy en Francia tienen pleno derecho a expresar su identidad. Y habrá, por ejemplo, musulmanes que merecen todo el reconocimiento. No obstante, nadie niega que exista una identidad francesa.
Eso se halla en discusión en este caso.
Yo sostengo que Chile es un país multicultural, que debe reconocer todas las culturas, pero que no tiene que negar la posibilidad de una identidad y de una cultura chilenas.
Ese es mi argumento.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Navarro.


El señor NAVARRO.- Señor Presidente, el Senador Allamand tiene razón. Él ha dado la oportunidad para un debate mucho más profundo. Porque, en definitiva, el tema en discusión radica en a quién está dedicado este Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. ¿De qué tiene que dar cuenta? De un Chile diverso, de un Chile de inmigrantes.
Yo apostaría a que el 60 por ciento de los presentes en esta Sala son hijos de inmigrantes que tenían una cultura distinta al llegar acá, la cual mantuvieron, y se entremezclaron. Chile es un país de inmigrantes y lo está siendo bastante más aún.
Existe un mito permanente sobre los inmigrantes. Sin embargo, el 80 por ciento de estos posee más educación que los chilenos, cuyo promedio de escolaridad es de 10,5 años. Todos los inmigrantes tienen un nivel de educación superior: el 45 por ciento son profesionales con un anexo en estudios superiores.
El Senador Chahuán habló aquí de los palestinos. En Chile hay 300 mil: es la colonia más grande fuera del mundo árabe.
Para qué hablar de los croatas, los alemanes, los argentinos, los españoles, los colombianos, los haitianos, los venezolanos: todos están enriqueciendo la cultura de Chile.
¿Va a trabajar el Ministerio de la Cultura por una sola cultura?
¿Qué es la chilenidad? Creo que es un concepto que día a día se intenta construir sobre la base de ¡vino tinto, empanadas, el huaso, la china, la fonda...!
¿Cuándo se rescata el sentido profundo de la Independencia de Chile?
Se oculta a Manuel Rodríguez, a Carrera, incluso a O'Higgins. Se oculta a los padres libertadores y a los padres fundadores.
Se habla de la chilenidad, y se hace ¡un campeonato nacional de cueca en Arica...! ¡Un campeonato nacional de cueca en Arica...!
Ha habido una intención permanente de negar la identidad diversa de Chile, su diversidad, que se ha construido sobre la base de múltiples naciones que han configurado nuestra nación. Y dentro de esa identidad se ha pretendido ocultar a los pueblos originarios. No existen los naches, no existen los pehuenches, no existen los rapa nui, no existen los aimaras. El 60 por ciento de la población de Arica es de origen aimara, y tienen tíos, parientes, abuelos, hermanos en Bolivia y en Perú. Son una misma familia, porque se constituyeron antes de que el Estado chileno, el Estado peruano, el Estado boliviano delimitaran las fronteras.
La posibilidad de incorporar la frase "las Culturas" da cuenta de forjar una identidad real y no la que quisieran algunos.
Yo no veo mala intención en el debate con relación a lo que planteaba el Senador Allamand, pero creo que apunta a un tema profundo acerca de cómo hemos ido formando una identidad difusa y en permanente construcción.
Por eso, si pensamos en el futuro, hay que preparar al Ministerio para que dé cuenta de esa amplia diversidad y no exista el predominio de una cultura, sino de las culturas.
Estados Unidos -numerosos Senadores conservadores que están enfrente lo admiran- es un país de inmigrantes construido sobre la base de su desarrollo económico, político y social. Y no hay crítica a esa diversidad.
Lo que yo temo es que el nacionalismo, que siempre aflora en momentos ácidos de la patria, genere condiciones para plantear que hay que oponerse a la inmigración cuando lo que debemos hacer es regularla, y que intente imponer una cultura única y exclusiva a quienes llegan a Chile a formar parte, por cierto, de la nación y del pueblo chilenos.
Así como aceptamos a bastantes inmigrantes, a muchos de los padres y abuelos de quienes están aquí, en esta Sala, también habría que garantizar que nadie pudiera establecer el predominio de una única cultura, o -yendo más allá- de un único tipo de arte. ¿Qué son las artes? ¿Qué es la estética? Es contemplación. Es creación. La diversidad de las artes tiene que ser reconocida, y eso se encuentra en evolución permanente, como han señalado el Senador Girardi y otros.
Por lo tanto, señor Presidente, el debate no es por una "s". Es por un tema profundo: qué servicio y qué va a construir el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Y eso tiene que englobar a la sociedad chilena en todas sus expresiones, sin exclusión, sin discriminación y, particularmente, con una clara y definida tarea: ser y representar el Chile de hoy. Este es diverso, con muchas culturas, con muchas artes y con un solo patrimonio. Y todo esto junto contribuye a generar ambas cosas: las culturas y las artes. Y el patrimonio de nuestra nación son los chilenos, porque más allá de los inmigrantes todos los que se encuentran en esta Sala, a pesar de ser hijos o nietos de inmigrantes, son hoy día chilenos.
Y eso le pediría rescatar al Ministerio: la diversidad en la construcción de la mal llamada "chilenidad" aún difusa, aún en construcción.
Voto en contra de la indicación.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Guillier.


El señor GUILLIER.- Señor Presidente, la verdad es que el debate es interesante. Yo siento que en este hay buena fe, pero creo que es conveniente precisar algunas cosas.
En la historia de nuestro país la conformación de lo que nosotros llamamos lo "chileno" o la "chilenidad" es una construcción del siglo XIX. Después de los procesos independentistas se produjo en América una suerte de división del antiguo imperio español y cada territorio procuró construir una identidad a través de las Fuerzas Armadas, de la educación, de la iglesia y de los estados emergentes. Algunos tuvieron más éxito que otros, pero fue un proceso de construcción. De hecho, la primera imagen del roto chileno es el que triunfa en Yungay.
En el caso de la nacionalidad chilena gran parte de ese sentimiento se construyó a través de actos bélicos. Si ustedes observan las ciudades de Chile, se darán cuenta de que las calles principales tienen nombres de guerreros: O'Higgins, Prat, Riquelme, Latorre. En la zona centro-sur más bien están vinculados a la lucha de la Independencia; en la zona norte, a la Guerra del Pacífico. Por lo tanto, es una construcción histórica.
Sin embargo, en el transcurso de la historia los países no se inmovilizan, siguen evolucionando en la medida que van surgiendo nuevos acontecimientos.
Por lo pronto, en Chile se invisibilizó la cultura de los pueblos originarios. Además, aunque no siempre se ha reconocido formalmente, se ha tenido mucha más tolerancia frente a los movimientos migratorios de carácter europeo, que fueron conformando comunidades muy activas, algunas de las cuales marcaron las características de ciertas regiones del país: por ejemplo, la colonización alemana de la zona sur, vinculada a la reconstrucción de esta zona, después de la llamada "Pacificación de la Araucanía", ¡que no fue precisamente un proceso de pacificación!
Por lo tanto, el mérito de esta discusión es que nos plantea una necesidad. Si Chile tuviese efectivamente una uniformidad cultural en lo esencial, por todos reconocida, bastaría decir "Ministerio de la Cultura". Pero cuando un país está redescubriendo su diversidad, como en el caso de nuestra nación, y habla hoy día, por ejemplo, de reconocimiento a los pueblos originarios, o valoriza los procesos migratorios y el aporte de diversas corrientes que en algunos momentos se fueron produciendo, uno tiene el derecho legítimo a plantearse que corresponde establecer un Ministerio de las Culturas y que se debe asumir que la democracia, la cultura, el arte no son cosas estáticas, sino que se van desarrollando. Y la institucionalidad representa esa búsqueda, esa construcción de identidades que con el tiempo va cambiando.
Chile no es un museo. Por ejemplo, si ustedes revisan, en distintos países de América Latina se bailan versiones muy parecidas a la cueca, con sus particularidades culturales. En el caso del mismo Chile, la manera como se baila es muy distinta en el norte, en el centro o en el extremo sur.
Por lo tanto, creo que no es conveniente negarse a dar la señal hoy día de que estamos reconociendo la diversidad de nuestro país frente a ese discurso del siglo XIX y gran parte del XX de un solo Chile, homogéneo en su raza, en su pueblo, en sus costumbres, y que hoy se abre a aceptar que es una nación diversa; que su democracia se encuentra en cambio; que su cultura se halla en evolución, y que, además, se va adaptando a las nuevas realidades que el mundo va presentando.
Chile no es un país que se quedó estático en el tiempo.
De hecho, en muchas naciones de Europa también existe una valorización de las diferencias regionales. El caso de España -aquí se mencionó- es precisamente un modelo de diversidad valorizada a través de estatutos legales y constitucionales.
Por lo tanto, la denominación que se plantea en este proyecto no atenta contra nada, sino que reconoce que en el Chile de hoy necesitamos poner el acento en la diversidad y no en la homogeneidad. Y eso nos libera, porque en realidad a los chilenos la diversidad nos está enriqueciendo, nos está haciendo más tolerantes.
Yo valoro el sostener este debate.
En tal sentido, obviamente, no me parece oportuna esta indicación.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Allende.


La señora ALLENDE.- Señor Presidente, pienso que esta discusión es muy legítima, y no creo que nadie piense en atribuir mala fe o en distorsionar alguna cuestión. El debate es legítimo, pues puede haber distintas miradas.
Me parece que la gran mayoría está entendiendo la denominación como correctamente viene planteada en este proyecto: "de las culturas, las artes". Ello, porque todos somos conscientes de esta diversidad.
En efecto, hablar solo de "Ministerio de la Cultura" nos deja encerrados, como si hubiera una sola identidad, por mucho que se diga que está construida con distintas realidades. En el fondo, es invisibilizar nuestras culturas, nuestras diferentes identidades, nuestros distintos orígenes, nuestros mestizajes y muchos otros elementos migrantes que nos dieron origen, cuestiones que se han ido formando a través del tiempo. Son fenómenos que van en construcción; no es nada estático. Estamos hablando de elementos tremendamente vivos, enriquecedores. No se trata solo de recoger tradiciones, elementos del pasado, en fin.
Entonces, me parece muy correcta la denominación propuesta en esta iniciativa. Por eso voy a votar en contra de la indicación renovada. Porque, en mi opinión, aquel concepto nos hace bien.
No obstante, considero positivo haber iniciado esta discusión. En ningún caso la minimizo. Al contrario, pienso que nos ha dado la oportunidad de expresarnos a aquellos que sentimos que hay que visibilizar aún más nuestras diferentes culturas, pueblos, en fin. Y alguna vez probablemente llegaremos incluso a reconocer a nuestros pueblos originarios, particularmente el mapuche, conformando una multinación. Chile no será solo multicultural, como se ha señalado, sino que llegará el momento en que tendremos que reconocer esa realidad, como ocurre en muchos otros países, y hablar de multinación, por todo lo que ello conlleva.
Señor Presidente, quería exponer este punto.
Sin embargo, no puedo dejar de decir que celebro tremendamente que hoy día ya estemos tratando en particular este proyecto. Y saludo a nuestras autoridades en tal sentido.
Señalo lo anterior porque tengo el recuerdo de cuando comenzamos esta larga batalla en la Cámara de Diputados. Nosotros fuimos los primeros que creamos esa tremenda comisión que se tomó el salón plenario y donde gritamos a viva voz acerca de la necesidad de establecer una institucionalidad cultural distinta del Ministerio de Educación. De ahí nació el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Fuimos promotores de aquello gracias a la activísima participación de la sociedad civil, que se expresó de las más diversas maneras, a través de distintas agrupaciones. Ellas nos apoyaron fuertemente en esa oportunidad a quienes estábamos dando la batalla para que se creara una institucionalidad diferente.
Hoy estamos en un peldaño muy superior. Por fin estamos pasando de un Consejo a una entidad que adquiere el rango de Ministerio. En su momento se discutió fuertemente si se creaba un Ministerio o un Consejo. Al final se logró establecer el Consejo. Pero sabíamos que en algún instante llegaríamos a este cambio.
Entonces, quiero valorar que hoy día estemos hablando del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Creo que esto es tremendamente necesario. Es un orgullo que nos encontremos dando este paso.
Deseo reconocer a todos aquellos que nos acompañaron y fueron muy activos y decisivos.
Cuando uno está hablando de las culturas importa mucho el grado de participación, el nivel democrático de la gente que es capaz de organizarse y expresarse. Porque esta institucionalidad se halla constituida por instrumentos, por vehículos destinados a hacer buena gestión; pero al final es la gente la que construye, en sus diversidades, nuestras culturas.
De eso se trata. Nadie puede imponer una estructura rígida o planificar lo que es la cultura: uno elabora instrumentos que permiten que, dando lugar a la más libre creatividad, se concurra a generar diversas expresiones.
Señor Presidente, voto en contra de la indicación. Pero entiendo su sentido, y creo que ha sido profundamente enriquecedor este debate.
Reitero mi profunda satisfacción por estar dando hoy día el paso definitivo en esta discusión particular.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Hernán Larraín.


El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, me sorprendió un poco la derivación de este debate, en el sentido de que por plantear la idea del Ministerio de "la Cultura" se está poco menos que atentando en contra del progresismo o de las culturas indígenas.
Me parece que allí hay una mirada realmente circunscrita, que termina por empequeñecer lo que es la cultura.
La cultura es, por definición, universal. Por más que tenga raíces en un pueblo, en determinada sociedad, al final se trata de las formas, de los mecanismos, de los sistemas que abarcan distintas expresiones de un pueblo o de varios pueblos.
Por eso, cuando uno reflexiona acerca de un Ministerio de esta naturaleza, no está pensando en muchas culturas que tengan diversidades o especificidades propias: cada una de ellas se contrasta dentro de una gran expresión mayor.
Me da la impresión de que lo que se quiere buscar acá es una expresión de las culturas existentes en Chile.
¿Eso significa que este Ministerio no podrá, por ejemplo, ver cómo se integra la cultura chilena con la cultura latinoamericana, o con la de países europeos o asiáticos? Porque finalmente se trata de algo universal.
Por eso considero que la denominación propuesta en este proyecto no tiene sentido. Pienso que empequeñece, achica el Ministerio el hablar de "las culturas", de "las artes".
De otro lado, también me parece completamente equívoca la idea de que porque se habla de "la cultura" o del "Ministerio de Cultura" se está haciendo referencia a una sola mirada, cuando lo esencial de la cultura, junto con la universalidad, es la diversidad. Las culturas cambiarán una y mil veces, porque lo fundamental en las expresiones culturales son las libertades de quienes impulsan las distintas manifestaciones. Y libertades con creatividad, con espíritu crítico, con capacidad de innovar, de transformar. Eso es lo propio de la cultura: no de "una cultura", sino de "la cultura", de toda cultura.
Por lo tanto, creer que porque uno habla del "Ministerio de la Cultura" está tratando de hacer mención de determinada cultura, a un statu quo, es francamente no entender de qué estamos hablando.
Aquí estamos en una democracia y cada uno se expresa y vota como quiere. Pero no desfiguremos las cosas. Yo pienso que, al contrario, lo que está achicando este Ministerio que nace es el circunscribirlo a una lista de supermercado. Creo que lo esencial es un gran, fuerte compromiso institucional con la cultura en Chile, que harta falta nos hace.
Yo soy Senador de una Región muy pobre en términos culturales. No hay en ella una sala de cine, que es la expresión más fácil y común en nuestra sociedad contemporánea. ¡No la hay! Por lo tanto, las expresiones culturales, los espacios de creación, de formación no existen. Son todos muy esporádicos, entregados a programas municipales y a pocas iniciativas privadas, pues no existe capacidad económica, ni fuerza para sustentar algo más.
Importa, entonces, tener una institucionalidad que se haga cargo de esa realidad, que dé espacios, que cree.
Y ese es un fenómeno que se reproduce y atraviesa todo el país.
Por ello, resulta muy importante fortalecer esta institución como un gran Ministerio de la Cultura.
Ahora bien, si quieren otra expresión, para ser coherentes, deberían hablar de Ministerio de las Culturas, de las Artes y "de los Patrimonios Nacionales". Porque no hay un solo patrimonio: hay un patrimonio de lo tangible, de lo físico; y también, uno de lo intangible.
¿Vamos a entrar en esa discusión?
Me parece que aquello demuestra que estamos siguiendo un camino más bien de eslogan que uno de conceptualización con fundamentos reales.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Alguna señora Senadora o algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la votación.
--Se rechaza la indicación renovada del Senador señor Allamand (20 votos en contra, 12 a favor y un pareo).
Votaron por la negativa las señoras Allende, Goic y Muñoz y los señores Araya, Bianchi, Chahuán, De Urresti, Girardi, Guillier, Harboe, Lagos, Letelier, Matta, Montes, Navarro, Pizarro, Quintana, Quinteros, Tuma e Ignacio Walker.
Votaron por la afirmativa las señoras Van Rysselberghe y Von Baer y los señores Allamand, García, García-Huidobro, Horvath, Hernán Larraín, Moreira, Pérez Varela, Prokurica, Patricio Walker y Andrés Zaldívar.
No votó, por estar pareado, el señor Ossandón.
--(Aplausos en tribunas).

El señor LABBÉ (Secretario General).- Si les pareciera a Sus Señorías, a continuación se podrían votar las enmiendas unánimes, incluidas las de quorum orgánico constitucional, dejando fuera, naturalmente, aquellas respecto de las cuales se ha pedido votación separada.
También se podría incluir el número 2 del artículo 51, que es asimismo orgánico constitucional, no tuvo modificaciones en el segundo informe y no ha sido objeto de solicitud de votación separada (sí lo ha sido la letra e) del artículo 4 -norma orgánica constitucional-, aun cuando no tuvo modificaciones; esa letra quedaría pendiente).
El inciso tercero del artículo 10 también queda incluido en la votación.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- ¿Le parece a la Sala?
Acordado.
En votación.
El señor MOREIRA.- ¿Es votación de quorum especial?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Se requieren 21 votos favorables, señor Senador
Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Alguna señora Senadora o algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la votación.
--Por 28 votos a favor, se aprueban, con las excepciones que explicitó el señor Secretario, las enmiendas unánimes, incluidas las de quorum orgánico constitucional -también, entre estas, el número 2 del artículo 51, que no fue objeto de modificaciones en el segundo informe-, y el inciso tercero del artículo 10, dejándose constancia de que se cumplió con los quorums establecidos en la Carta Fundamental.
Votaron las señoras Allende, Muñoz, Lily Pérez y Von Baer y los señores Allamand, Araya, Bianchi, Chahuán, De Urresti, Espina, García-Huidobro, Girardi, Guillier, Harboe, Lagos, Hernán Larraín, Letelier, Montes, Moreira, Navarro, Ossandón, Pérez Varela, Pizarro, Prokurica, Quinteros, Tuma, Ignacio Walker y Andrés Zaldívar.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Se deja constancia de la intención de voto favorable del Senador señor Quintana.
Tiene la palabra el señor Secretario.


El señor LABBÉ (Secretario General).- En primer término, siguiendo el orden del boletín comparado, corresponde ir a la página 13, donde figura el número 26 del artículo 3.
La modificación pertinente de la Comisión de Educación se aprobó solo por mayoría de votos.
Dicho numeral expresa: "26. Declarar el reconocimiento oficial a expresiones y manifestaciones representativas del patrimonio inmaterial del país y a las personas y comunidades que son Tesoros Humanos Vivos y definir las manifestaciones culturales patrimoniales que el Estado de Chile postulará para ser incorporadas a la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.".
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- En discusión.
Ofrezco la palabra.
Ofrezco la palabra.
Cerrado el debate.
En votación.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Alguna señora Senadora o algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueba el número 26 del artículo 3 (26 votos a favor y un pareo).
Votaron las señoras Allende, Goic, Muñoz, Lily Pérez y Von Baer y los señores Allamand, Araya, Bianchi, Chahuán, De Urresti, García-Huidobro, Girardi, Guillier, Harboe, Lagos, Hernán Larraín, Montes, Moreira, Navarro, Pérez Varela, Pizarro, Prokurica, Quintana, Quinteros, Ignacio Walker y Andrés Zaldívar.
No votó, por estar pareado, el señor Ossandón.

El señor LABBÉ (Secretario General).- A continuación, hay que proceder con la primera solicitud de votación separada.
Ruego a Sus Señorías dirigirse a la página 16 del comparado, donde dice: "Párrafo 3° De la Estructura Interna". Luego de ello figura el artículo 4.
Se ha pedido votar separadamente las letras a), b), c), d) y e) del referido artículo.
Al respecto, debo señalar que la letra e) es norma de rango orgánico constitucional.
La señora VON BAER.- ¿Me permite, señor Presidente?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Von Baer.


La señora VON BAER.- Señor Presidente, quisiera comenzar mi intervención diciendo que nosotros votamos a favor la idea de legislar respecto de este proyecto. Y lo apoyamos durante la discusión pertinente.
Digo aquello para que no se tergiverse lo que ahora vamos a rechazar como que estuviésemos en contra de esta iniciativa.
Quiero dejar eso en claro.
El Gobierno anterior presentó un proyecto para crear un Ministerio de Cultura. Y hoy día nosotros estamos ratificando que consideramos importante establecer un ministerio que se dedique exclusivamente a la cultura.
¿Cuál es nuestra diferencia con la iniciativa de la actual Administración?
Nosotros estimamos que la estructura que propone el Ejecutivo va a replicar parte de los problemas que hoy día tenemos para lograr llegar con una política coherente y que realmente impulse la cultura a lo largo de nuestro país.
Cuando uno revisa las distintas instituciones relacionadas con las políticas públicas culturales se encuentra con un problema de gobernabilidad evidente.
Tenemos instituciones que se preocupan de la cultura en el Ministerio de Educación; básicamente, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos; Consejo de Monumentos Nacionales, y Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que depende de esa Cartera, pero funciona sobre la base de una lógica distinta.
¿Qué ha sucedido? Que las instituciones mencionadas (y este diagnóstico fue compartido por todas las personas que participaron en la Comisión de Educación) no logran trabajar en conjunto; tienen tareas que se superponen; no consiguen hacer políticas públicas coherentes.
Entonces, el impulso hacia la cultura muchas veces no funciona porque en Chile existe un problema de institucionalidad.
Por lo tanto, la creación del Ministerio de la Cultura o de las Culturas es una tremenda oportunidad para solucionar aquella situación.
Sin embargo, el Gobierno -hasta el día de hoy no me queda claro el porqué; y siento que en la Comisión tampoco quedó claro- decidió replicar en este proyecto el problema de institucionalidad que aqueja a nuestro país.
Me explico.
Una de las dificultades existentes emana de que las instituciones del sector no conversan entre sí.
¿Qué hace esta iniciativa?
Lo digo, señor Presidente, para que vayamos comprendiendo.
Primero, crea dos Subsecretarías.
Por un lado, la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, que será la sucesora del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y se encargará de materias relativas al arte, las industrias culturales, las economías creativas, las culturas populares y comunitarias.
Por otro, crea la Subsecretaría del Patrimonio Cultural, que no será sucesora de ninguna institución existente en la actualidad y se ocupará de tareas relacionadas con el folclore, las culturas tradicionales, las culturas y el patrimonio indígenas y la infraestructura patrimonial.
De la sola descripción de las labores de ambas Subsecretarías no queda claro cuáles son las diferencias entre una y otra, pues las dos tienen trabajos en el ámbito cultural. No se trata de que una se preocupe del patrimonio y la otra de las culturas: ambas asumen tareas vinculadas con las culturas.
Primera superposición.
Segunda problemática: se crea el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, que será el sucesor de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Dicho Servicio dependerá directamente del Ministro, y no de alguna de las dos Subsecretarías. De manera que será una especie de ente aparte, adicional.
Y, además, existe una cuarta institución, que también depende directamente del Ministro: el Consejo de Monumentos Nacionales.
En consecuencia, como expresé, se sugiere en este proyecto una institucionalidad que va a replicar los problemas de coordinación existentes hoy día.
Creo que se está perdiendo una tremenda oportunidad para subsanar tales dificultades.
Durante el debate habido en la Comisión intentamos solucionar esos problemas. Sin embargo, solo logramos cosas menores.
En definitiva, vamos a tener dos Subsecretarías; seremías dependientes del Ministro; el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, y el Consejo de Monumentos Nacionales.
Esas cuatro instituciones no tienen por qué coordinarse, salvo que lo haga el Ministro. Tan así es que en la Comisión de Hacienda se propuso agregar un párrafo a los efectos de establecer la coordinación.
Señor Presidente, muchos de los invitados a la Comisión de Educación plantearon el problema actual de superposición de tareas y falta de coordinación.
¡Con la iniciativa en estudio estamos generando superposición de tareas y falta de coordinación...!
Señor Presidente, considero que, desde la perspectiva de la institucionalidad, este proyecto se podría haber armado de manera bastante mejor.
Espero que la situación se resuelva en el siguiente trámite constitucional. De otro modo, dentro de un par de años vamos a estar diciendo: "La Subsecretaría de las Culturas realiza en algunas áreas tareas parecidas a las de la Subsecretaría del Patrimonio Cultural; ambas se superponen con labores del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, y las tres entidades no se coordinan entre sí".
Reitero, señor Presidente, que nosotros no estamos en contra de esta iniciativa. Sin embargo, vamos a rechazar cada una de las instituciones que se propone crear, pues consideramos que la estructura sugerida para el nuevo Ministerio está mal diseñada.
He dicho.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Ignacio Walker.


El señor WALKER (don Ignacio).- Señor Presidente, los dos temas que estamos analizando ahora fueron los más debatidos en la Comisión de Educación y Cultura, que tengo el honor de presidir. Y hubo allí una buena discusión, como la que estamos teniendo aquí, en la Sala.
Inicialmente existían dudas respecto a la denominación de la nueva Cartera. Al final, yo voté -los Senadores de la Nueva Mayoría y colegas de otras bancadas acabamos de hacerlo de igual modo acá- por mantener el nombre "Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio", por las razones que ya se han mencionado, pero principalmente para hacer explícito, y no dejarlo implícito, lo relativo a la diversidad cultural, que es la señal que queríamos dar con la denominación de la nueva Secretaría de Estado.
Durante el estudio del proyecto atinente a la creación del Ministerio de la Mujer se generó en esta Sala un gran debate sobre cómo debería llamarse. En definitiva, se le denominó "Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género". ¡Bien! Porque eso marcaba una intención en cuanto a la finalidad con que estábamos estableciendo un ente de tales características.
"Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género": ¡un rico debate!
También lo ha sido el que hemos tenido sobre la denominación del Ministerio que se crea mediante el proyecto que nos ocupa esta tarde.
Ahora, si quisimos enfatizar la pluralidad diciendo "Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio" fue justamente para hacer explícito, y no dejarlo implícito, lo concerniente a la diversidad, la que es propia de la expresión cultural, del espíritu humano.
Incluso, podría haberse llamado "Ministerio de Cultura" a secas, como en la gran mayoría de los países del mundo. Pero eso menoscaba las expresiones del arte en sus distintas formas y la expresión patrimonial.
¿Por qué digo aquello? Porque se abre la interrogante que ha planteado, a mi juicio de manera interesante, la Senadora Von Baer -yo llego a una conclusión opuesta, distinta de la de ella-: ¿una Subsecretaría o dos Subsecretarías?
¿Qué pesa aquí?
Aquí no pesa el ánimo de burocratizar o el de establecer una especie de autoridad bicéfala de la que podrían surgir tensiones o contradicciones: esto surge de la historia.
Porque, señor Presidente, acá no estamos inventando la institucionalidad de la cultura.
En el año 2003 creamos el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, luego de un debate que duró muchos años.
Veo aquí a la Senadora Isabel Allende, con quien a la sazón éramos Diputados. Y conversamos entonces con José Antonio Viera-Gallo, con Gabriel Valdés, con Agustín Squella, a quien se ha recordado aquí.
Pues bien: en ese momento se tomó la decisión de crear el referido Consejo.
Bueno: estas cuestiones evolucionan. Y hoy día hemos querido dar un paso más creando el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
¡Buen debate! ¡Creo que el asunto está bien zanjado!
¿Y por qué digo "esto surge de la historia"? Porque la Subsecretaría de las Culturas y las Artes es de alguna manera la continuadora del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, ente que posee identidad: tiene un consejo, cuenta con funcionarios, en fin. Entonces, el siguiente paso lógico de dicho Consejo era, sobre la base de la creación de un Ministerio, formar parte de la ya mencionada Subsecretaría.
Hay en nuestro país otra realidad histórica, que proviene de la DIBAM: el patrimonio, y más específicamente, las bibliotecas, los archivos, los museos, todo lo cual tiene un derrotero, una evolución en el tiempo muy interesante.
Por consiguiente, al crear dos Subsecretarías no hemos querido establecer una autoridad dividida -por supuesto, es un Ministerio, a cargo de un Ministro o de una Ministra, que tiene asiento aquí, en Valparaíso-, sino reconocer la especificidad de esas dos vertientes históricas, por así decirlo.
Una de ellas, la de las culturas y las artes, arranca del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que cuenta con fondos, en fin, y con el que hemos avanzado mucho en la materia: FONDART, Fondo de Fomento Audiovisual, Música Chilena, El Libro y la Lectura. Existe una burocracia en el mejor sentido de la palabra: personal experto, profesionales y técnicos que hoy ya funcionan en el ámbito de que se trata.
Y, separadamente, se crea la Subsecretaría del Patrimonio, que, junto con el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, entidad descentralizada, constituyen la gran innovación que hace el proyecto en debate: desde el punto de vista patrimonial, donde no existía descentralización, donde no había cuerpo regional, se crea un ente descentralizado cuyas grandes beneficiarias serán las dieciséis regiones de nuestro país, que ahora van a tener una dirección regional del patrimonio.
Finalmente, el Ministro podrá arbitrar. Así se estableció en la Comisión de Hacienda.
Me parece que hubo un buen debate y que constituye una solución adecuada la creación de las dos Subsecretarías y del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Antes de darle la palabra al Senador señor Girardi, le hago presente a la Sala que vamos a votar las letras a), b), c) y d) del artículo 4, que no requieren quorum especial, el que sí se necesita para aprobar la letra e).
En votación.
--(Durante la votación).
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Girardi.


El señor GIRARDI.- Señor Presidente, sin ánimo de polemizar, debo decir que me parece muy importante la creación de las dos Subsecretarías.
Chile tiene una política cultural insuficiente, pese a todos los esfuerzos que se han hecho. Esta no es una cuestión prioritaria, relevante. Y nuestro país paga costos por ello: en depresión; en mala calidad de vida; en carencia de una sociedad mucho más creativa, más innovadora; en la existencia de una comunidad del todo vulnerable a una transculturización neoliberal, en que el consumo, y no la cultura, se transforma en el principal comunicador de estatus, de sentido de vida.
Por lo tanto, para bien de nuestra ciudadanía, debemos avanzar bastante en aquella línea.
Ahora, aunque yo estoy de acuerdo con eso, creo que hay un pariente de la cultura todavía más pobre: la preocupación por nuestro patrimonio.
¿Por qué establecer la Subsecretaría del Patrimonio? Justamente para que el patrimonio de nuestra nación, en todas sus expresiones, no sea el último vagón, el vagón de cola del Ministerio de las Culturas.
Para darle realce a tal afirmación, cabe puntualizar que Chile tiene un valioso patrimonio paleontológico en la Región de Coquimbo. Sin embargo, ¡los restos fósiles son transformados en abono...!
¡Una situación inédita, única en el mundo: restos fósiles que datan de millones de años se convierten en fertilizantes...!
Tenemos patrimonios maravillosos en nuestro país.
Por ejemplo, el de Pukara de Turi, el principal de la civilización atacameña: ¡totalmente abandonado!
Da pena ver cómo están las salitreras o los cementerios de la época, que nos permitirían reencontrarnos con la historia: ¡abandonados!
¿Por qué todo aquello? Porque en Chile no hay cultura patrimonial en ningún aspecto: histórico, paleontológico, en fin. Las casas antiguas son demolidas. En su remplazo se construyen edificios, etcétera.
Por tanto, se requiere un país con mayor espesor cultural.
Sin embargo, para ello debe seguirse un proceso.
Lamentablemente, en Chile, atendido el diseño de nuestra sociedad, la única manera de realzar aquello es a través de una arquitectura institucional que lo valorice.
Por eso esta discusión no es menor.
Tal vez en naciones más desarrolladas se podría hablar de "Ministerio de la Cultura", de la existencia de una sola subsecretaría. Pero en Chile, no.
Aquí, cuando se realizan proyectos mineros no intervienen arqueólogos en la evaluación de impacto ambiental. ¡Y los arqueólogos de las mineras prefieren no decir dónde están los sitios patrimoniales para evitar que sean intervenidos...!
O sea, en esta materia vivimos una situación de pobreza extrema.
Yo valoro todos los esfuerzos llevados a cabo. Pero todavía nos queda un inmenso desafío.
En todo caso, lo más significativo es que Chile entienda la importancia de la cultura y la ponga en el primer nivel de sus prioridades (así como la salud, la seguridad ciudadana, las pensiones), al lado del rescate de su patrimonio, posición en la que hoy día no están, pues ambos son absolutamente invisibles.
En la actualidad -reitero- la cultura y el patrimonio son invisibles. Y la idea de que existan dos Subsecretarías en el diseño institucional es al menos visibilizar mundos que ahora no se ven y que son fundamentales para nuestro futuro.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Letelier.


El señor LETELIER.- Señor Presidente, estimados colegas, el valor de la discusión en torno al nombre del Ministerio arranca del concepto de lo que somos como sociedad.
Ahora entramos al debate sobre el modo como va a estructurarse dicha Secretaría de Estado.
Uno podría tener una mirada un tanto crítica en torno a la forma que va adquiriendo el organigrama.
En lo personal, tengo una duda en cuanto a la manera como se van a relacionar las partes.
Pero de lo que no dudo es de la importancia de tener una Subsecretaría del Patrimonio.
Los grandes terremotos que nos sacudieron en los últimos tiempos fueron brutales, pues implicaron la destrucción de una dimensión considerable del muy limitado patrimonio arquitectónico de este país, que es tremendamente joven. Y por suerte algunas regiones asumieron el compromiso de recuperar el patrimonio dañado.
Es cierto que sobre la materia se necesita una política más acorde con la época, que, en un sentido amplio, nos garantice la posibilidad de conocer nuestro patrimonio, protegerlo y ponerlo a disposición de la comunidad.
Aquello no siempre ocurre, precisamente porque faltan políticas públicas, un ministerio que permita impulsar las medidas necesarias.
Uno respeta el esfuerzo hecho en nuestro país por algunos profesionales. Por ejemplo, el señor Ángel Cabeza, quien desde el Consejo de Monumentos Nacionales, junto con un grupo de personas, ha realizado una tremenda labor.
Sin embargo, ¡eso es de una precariedad increíble!
El Senador Girardi se refería a lo que sucede en Chile con la investigación arqueológica. Es muy triste ver informes sobre proyectos hechos con fondos públicos, de FONDECYT, en el caso del patrimonio de Pukara de Turi, el que se mantiene enterrado porque no tenemos una política pública que permita cuidarlo y evitar que se saquee.
Uno podría citar muchos ejemplos.
Señor Presidente, considero que este proyecto constituye un esfuerzo para dar un paso hacia el proceso que posibilitará armar una nueva institucionalidad.
Quizás no estamos ante el organigrama ideal, el que a mí me habría gustado. Probablemente el Ministro se esforzó mucho por armonizarlo. Pero entiendo que se trata de un proceso.
En tal sentido, quiero valorar lo que estamos votando. Me parece que por esta vía vamos a fortalecer los instrumentos existentes, aunque tal vez no todo lo que quisiéramos.
Sin embargo -repito-, entiendo que este es un proceso.
Creo que nos hará tremendamente bien como país que existan políticas públicas más coherentes y que aseguren que los creadores tengan mayor reconocimiento y respaldo; que las diferentes artes sean reconocidas; que a nivel de las regiones se fortalezca el enorme esfuerzo del Consejo de la Cultura y las Artes, que ha evolucionado desde lo que era el FONDART.
A mi entender, la generación de tal expresión a través de las secretarías regionales contribuirá a dar el paso que se prevé.
En consecuencia, señor Presidente, yo no solo votaré a favor, sino que además voy a valorar el avance que estamos logrando. Porque si bien en este ámbito otros países tienen un ministerio desde hace mucho tiempo, ello no basta: lo importante es que exista voluntad política para destinarle recursos.
Espero que veamos reflejado aquello en el próximo proyecto de Ley de Presupuestos, que ingresará en septiembre, para que, de acuerdo con el organigrama ministerial, haya recursos que permitan potenciar estas áreas, que a todos nos interesan.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Von Baer.


La señora VON BAER.- Señor Presidente, yo no puedo estar más de acuerdo con lo que se ha planteado acá respecto al patrimonio. O sea, si hay un tema en el que estamos al debe es ese. Y es allí donde no hemos podido establecer políticas públicas que permitan, por ejemplo, rescatar riquezas patrimoniales como las que señaló el Senador Girardi, pues no existe financiamiento.
Sin embargo, déjenme decir que tener dos Subsecretarías no soluciona aquel problema.
Adicionalmente, nuestra mayor preocupación de hoy día en el área patrimonial es la institucionalidad del Consejo de Monumentos Nacionales.
Por ejemplo, la mayoría de los funcionarios de dicho ente son ad honorem.
Entonces, si aquí estamos diciendo que nos inquieta el patrimonio, empecemos por dotar al mencionado Consejo de la cantidad de funcionarios que necesita para hacer los estudios que le corresponden. Porque hoy día, por ejemplo, todos los estudios de impacto ambiental pasan por el Consejo de Monumentos Nacionales, y resulta que no hay profesionales. Entonces, si me dicen que la solución de la cuestión patrimonial pasa por crear una Subsecretaría, ello no es así.
La superación del problema pasa primero por resolver las actuales dificultades de funcionamiento de dicho organismo. Eso tiene que ver con que todo se concentra en Santiago y con que las decisiones a nivel regional no son posibles. Y es algo que tampoco se arregla con la creación de una Subsecretaría.
Adicionalmente, el Consejo no es tocado en el proyecto: se deja exactamente igual, con los mismos inconvenientes. Y el señor Ministro lo expresó en la Comisión: "El paso siguiente será una Ley de Patrimonio".
Por lo tanto, insisto en que la situación no se supera con la creación de una Subsecretaría.
En seguida, el Honorable señor Ignacio Walker expresó que aquí nos hacemos cargo de la historia de las instituciones, la que se reproduce en las nuevas.
Uno de los obstáculos que enfrentamos hoy día es que estas últimas no se coordinan, a lo que tampoco ayuda la nueva institucionalidad. Fíjese, señor Presidente, que el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, heredero de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, no lo hace de ninguna manera con la Subsecretaría del Patrimonio Cultural.
Y otro tanto sucedía con el Consejo de Monumentos Nacionales, hasta que el señor Ministro accedió a que la Secretaría, por lo menos, estuviera en dicha Subsecretaría.
Entonces, no se trata de que algunos estén a favor del patrimonio y otros en contra -eso no tiene nada que ver-, ni que nosotros pensemos que no es necesario hacer mucho más en ese aspecto. ¡Claro que es preciso hacer mucho más! Lo que pasa es que la estructura diseñada no contribuirá a ello.
Se podría decir: "Está bien, que existan dos Subsecretarías". Pero el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural se tiene que coordinar con la Subsecretaría del Patrimonio Cultural, lo que ahora no ocurre, y el Consejo de Monumentos Nacionales, aunque no lo cambiemos completamente, debe hacerlo también de algún modo.
Aquí todo depende del Ministro: la Subsecretaría 1, la Subsecretaría 2, los secretarios regionales ministeriales, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural y el Consejo de Monumentos Nacionales. En consecuencia, estamos modificando todo para que cada institución siga siendo una isla.
En Chile ya sabemos dos cosas. Una de ellas es que cuando se arma una institucionalidad, ¡por Dios que es difícil cambiarla! En el nuevo Ministerio estamos reproduciendo la existente.
La otra es que, aunque se diga que habrá una coordinación, a nuestras instituciones públicas les cuesta mucho lograrla.
Creemos que aquí surgirá un problema que resulta necesario poner sobre la mesa. Espero que se pueda resolver en la tramitación posterior.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Puede intervenir el Honorable señor Harboe.


El señor HARBOE.- Señor Presidente, valoro la discusión que se dio al inicio respecto de las culturas. Creo que Chile debe asumirse como un país diverso, y parte de la cultura es reconocer la diferencia de las que exhibe.
Dicho lo anterior, quiero manifestar mi preocupación.
Soy de los que estiman tremendamente importante contar con un Ministerio de la Cultura y una institucionalidad pública con capacidad de promover la acción cultural y también de proteger el patrimonio material e inmaterial.
Me tocó formar y presidir la Comisión Especial sobre Patrimonio Histórico y Cultural en la Cámara de Diputados. Recorrimos el país haciendo un levantamiento de las 104 zonas típicas de entonces y finalmente editamos una publicación que da cuenta de la afectación del patrimonio arquitectónico provocada por el terremoto de 2010. Muchos alcaldes, sin ninguna cultura, reemplazaron el adobe por el cemento y las construcciones modernas, juzgando que con ello iban a beneficiar a sus zonas, y destruyeron siglos de historia.
Expreso mi preocupación porque, después de participar durante diez años en diferentes gobiernos, las estructuras del servicio público tienen que ser consecuencia, a mi juicio, de los objetivos que se plantean. Y si se quiere establecer entre ellos una mayor protección al patrimonio arquitectónico o un mayor desarrollo del patrimonio inmaterial, la creación de una estructura tan alambicada como la propuesta no constituye un aporte.
Se contemplan un Ministro y dos Subsecretarías: una de las Culturas y las Artes y otra del Patrimonio Cultural. No integro la Comisión, pero mi deformación de abogado me lleva a no comprender por qué las funciones de la primera incluyen la de "proponer políticas al Ministro y diseñar, ejecutar y evaluar planes y programas", en tanto que la segunda, de acuerdo con el artículo 12, deberá proponer políticas, así como formular planes y programas, pero no ejecutar.
En nuestro sistema administrativo no hay ninguna Subsecretaría que ejecute programas y planes. Los que lo hacen son los servicios públicos. Así se ha refrendado, y lo estamos discutiendo a propósito de la creación de los nuevos gobiernos regionales.
Entonces, me parece que existe un problema de diseño en lo que se está pensando. ¿Por qué una Subsecretaría puede ejecutar y la otra no? No observo una diferencia que lo justifique.
Por otra parte, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural se relacionará directamente con el Ministro, no con la Subsecretaría, con la cual debiera existir una relación más bien de coordinación, conforme a la lógica de la eficiencia.
Los secretarios regionales ministeriales van a depender del Ministro, no del Subsecretario. Cabe consignar que los titulares de una Cartera no son jefes de servicio. En la Administración Pública, esta última función les corresponde a los subsecretarios, con la salvedad del Ministro de Educación, que es la excepción en nuestro ordenamiento jurídico.
Entonces, resulta tremendamente...
El señor MONTES.- Ya no.
El señor HARBOE.- ¿No?
El señor MONTES.- Ello se cambió.
El señor HARBOE.- Bueno, la lógica indicaba que un Ministro no podía ser jefe de servicio.
En consecuencia, el proyecto se halla bastante mal logrado desde el punto de vista administrativo. No es "muy feliz", para decirlo de una manera elegante. Y la verdad es que votaré a favor solo por lealtad al Gobierno. Pero el articulado, lamentablemente, no va a resolver los problemas que tenemos que enfrentar, y demandará mucha capacidad de articulación de funciones a quienes se desempeñen en el Ministerio, la Subsecretaría, el Servicio del Patrimonio Cultural o el Consejo. De lo contrario, no se promoverá lo que todos queremos, que es lograr la protección del patrimonio y el desarrollo de la cultura y las artes que el país necesita.
No quiero que después nos digan: "No podemos hacer ni esto ni lo otro, porque ustedes aprobaron la ley en el Congreso".
La responsabilidad es del Gobierno, y tendrá que asumirla, porque nos está pidiendo el voto.
Hubiera preferido una segunda discusión o algo así para perfeccionar el texto. Si ello no se quiere, será preciso pronunciarse a favor, pero con la advertencia de que ha sido mal logrado.
El señor WALKER (don Ignacio).- Pido la palabra para aclarar un punto.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Estamos en votación, Su Señoría.
Tiene la palabra el Senador señor Navarro.


El señor NAVARRO.- Señor Presidente, está claro que se crea un Ministerio.
Como lo dicen todos los arquitectos, la ley N° 17.288, sobre Monumentos Nacionales -el Consejo fue establecido en 1925-, no contempla ningún incentivo a la preservación.
Muchos propietarios de un inmueble se sienten objeto de una agresión y un menoscabo con motivo de una declaración en la materia. Ello impide una modificación y afecta de verdad el patrimonio.
Por lo tanto, cuando media el decreto respectivo, la construcción se incendia. Surge un problema eléctrico determinante de que desaparezca. Las familias que son dueñas consideran que se ha establecido una limitación respecto de la propiedad.
Cabe consignar, entonces, que todo lo que se pueda hacer para la conservación del patrimonio requiere una nueva Ley de Monumentos Nacionales. La actual data de 1970, y se le han hecho reformas, pero eso claramente es insuficiente.
Y digámoslo de manera franca: no se aportan recursos para la preservación.
Me permito recordar que desde que ocupé la Vicepresidencia del Senado he venido planteando -el señor Presidente y el señor Secretario General lo saben- la necesidad de restaurar el abandonado edificio del Congreso Nacional en Santiago. Es un punto negro en el escenario del sector, cercano al Ministerio de Justicia y a la catedral. No hay plata para tal efecto, y ahí está.
Lo mismo ocurre a lo largo de todo Chile. Cuando particulares y movimientos ciudadanos intentan preservar, evitar la demolición de edificios tradicionales o procurar la declaración de monumento nacional, surge una fuerte oposición.
La pregunta es la siguiente: ¿el país está dispuesto a invertir en la conservación de su patrimonio arquitectónico? La negativa del Ministerio de Hacienda ha sido rotunda. No hay disposición para poner ni un peso en una defensa, restauración, mantención o adquisición en la materia.
Casas como la de Gabriela Mistral y las de un conjunto de maestros de las artes son demolidas, sin posibilidad alguna de que el Estado las adquiera para defender la riqueza inmaterial de la creación artística o la arquitectónica.
No nos engañemos: en Chile no hay una cultura de defensa del patrimonio.
Hace poco se aprobó la nacionalidad por gracia de Thomas Dillehay, descubridor del sitio arqueológico de Monte Verde y quien ha hecho conocido al país en el mundo entero. Lo cierto es que la posibilidad de preservar el área está entregada a privados. No es factible que el Gobierno regional invierta, porque pertenece a un particular. Ese tremendo patrimonio, ya no del país, sino de la humanidad, establece en 18 mil 500 años la data de llegada de los primeros habitantes de América Latina, y no en 13 mil, como lo consignaban todos los historiadores y las fuentes. Pero no media una decisión de invertir y preservar, lo que se observa en todo el ámbito de la cultura.
Entonces, el debate sobre la materia dice relación con un punto clave. Y el Ministro de Hacienda, señor Rodrigo Valdés -no se caracteriza por su generosidad, precisamente-, ha anunciado durante todo el año en curso más y más restricciones. Chile registró una disminución del tres por ciento en la inversión pública en infraestructura y en la inversión del Estado. Ahí están las cifras del desempleo y del crecimiento en la economía. ¡El Estado no se la ha jugado! O sea, el Gobierno no destinará recursos al patrimonio.
Como en la Sala hay algunos candidatos presidenciales, la pregunta es cuántos se hallan disponibles para destinar fondos a la preservación y conservación en ese ámbito. La respuesta tiene que dar cuenta de si quienes rasgan vestiduras por el patrimonio y afirman que este es lo más importante, junto a la cultura y las artes, votan después a favor de los recursos necesarios. Si no es así, existen un doble discurso o expresiones populistas.
Espero que el Ministro Presidente del Consejo pueda decirnos a cuánto asciende el presupuesto con que cuenta ahora para preservación, como tal, y con el que contará después al tener lugar la transformación en Ministerio. Ello ayudaría a aclarar si estamos llevando a cabo un debate esotérico o filosófico -la discusión y la filosofía son necesarias- o uno destinado también a concretar la defensa efectiva del patrimonio de nuestro país.
Voto a favor.
El señor PROKURICA.- ¿Qué dice su programa de Gobierno, Honorable colega?
El señor NAVARRO.- Luego lo informaré.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Puede intervenir el Senador señor Ignacio Walker.


El señor WALKER (don Ignacio).- Señor Presidente, deseo referirme muy brevemente a lo planteado por mi colega Harboe, para tratar de aclararlo.
Su Señoría tiene razón en una afirmación general. Efectivamente, los ministerios no ejecutan políticas más o menos desde el año 2004 en adelante. Entonces, ¿por qué el artículo 8 dice que la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, una de las dos que se contemplan, "tendrá como objeto proponer políticas al Ministro y diseñar, ejecutar y evaluar planes y programas"? Es una anomalía en la tendencia que se ha dado.
Quiero tratar de explicarlo con la mayor sencillez posible. El artículo 11, relativo a la Subsecretaría del Patrimonio Cultural, emplea solo las palabras "diseñar y evaluar", que es lo propio de este tipo de entidad administrativa. Y, en tal sentido, mi Honorable colega tiene toda la razón.
La otra disposición constituye una singularidad. ¿Por qué? Porque la ejecución, en lo atinente a la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, se basa en el rol del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que viene funcionando desde 2004. Aprobamos la ley en 2003. Por lo tanto, si a este organismo autónomo le estamos dando una vida legal distinta, en la medida en que va a ser parte del Ministerio, dicha Subsecretaría ejecutará excepcionalmente, porque la norma general es la mencionada por el señor Senador. ¿Cómo lo hará? A través de la acción del Consejo conforme a los artículos 17 y siguientes, que también presentan un componente regional.
Distinto es el caso de la Subsecretaría del Patrimonio Cultural, que calza con la "sana doctrina", como dice Su Señoría, la cual no ejecuta, sino que diseña y evalúa. ¿Por qué no ejecuta? Porque estamos creando en forma expresa, en los artículos 22 y siguientes, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, que sí lo hace, y da lugar a una dimensión incluso regional, hoy inexistente.
Actualmente no hay una institucionalidad a nivel regional en relación con el patrimonio cultural. Ese vacío lo estamos llenando a través de este último Servicio, que se complementa con la Subsecretaría, la cual diseña y propone. El primero es el "brazo armado" -perdón por la expresión- en la materia, en la medida en que representa una función concreta de ejecución.
Por eso, excepcionalmente, tratándose de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, se incluyó la dimensión de ejecución. ¿Por qué? Porque el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que lleva trece años funcionando y adquiere otra entidad en la nueva institucionalidad, tiene la ejecución como una de sus dimensiones fundamentales. Ello es coherente con la Subsecretaría de las Culturas y las Artes.
Igualmente coherente es la creación del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, en cuanto se complementa con la Subsecretaría del Patrimonio, que no ejecuta. ¿Por qué? Porque el primero sí lo hará.
Esta es, básicamente, la explicación -no sé si buena o mala-, para la norma excepcional sobre la Subsecretaría de las Culturas y las Artes.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra la Honorable señora Von Baer.


La señora VON BAER.- Señor Presidente, lo expuesto por el Senador señor Ignacio Walker sería correcto si la Subsecretaría del Patrimonio fuera a cumplir un rol de coordinación -como lo hace actualmente la Subsecretaría de Redes Asistenciales- respecto del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Pero este no tiene ninguna relación con la primera: depende directamente del Ministerio, por lo que es completamente paralelo a dicha entidad.
Esa Subsecretaría es un conjunto vacío: podrá proponer políticas públicas, pero carece de capacidad de ejecución, porque no tiene ninguna relación con el Servicio del Patrimonio, que depende directamente -repito- del Ministerio.
Ahora, los servicios de salud dependen de la Cartera, pero entre las tareas del Subsecretario de Redes Asistenciales se encuentra la de coordinar la ejecución de ellos. La coordinación del Servicio del Patrimonio no se halla dentro de las funciones de la Subsecretaría del Patrimonio.
Por eso, insisto en que se observan cinco islas separadas.
Mi Honorable colega tiene razón: se toma el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y se lo pone en la Subsecretaría. Se podría haber estructurado una institucionalidad distinta recogiendo lo realizado desde 2004, cual es dejar en la Subsecretaría solo la definición de políticas y abajo la ejecución, que es un servicio ad hoc. Con eso, la institucionalidad hubiera quedado mucho más coherente: Subsecretaría de las Culturas y las Artes con el Servicio Nacional de las Culturas y las Artes y Subsecretaría del Patrimonio Cultural con Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, con la coordinación a cargo de las primeras. Los servicios se hubieran relacionado con el Ministerio a través de ellas.
Esto no es así hoy día. Y ese es el problema de la iniciativa, ya que no se solucionan los actuales inconvenientes de gestión.
Por lo tanto, existe una dificultad evidente de estructura administrativa.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Alguna señora Senadora o algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueban las letras a), b), c) y d) del artículo 4 (20 votos a favor, 7 en contra y 2 pareos).
Votaron por la afirmativa las señoras Allende, Goic, Muñoz y Lily Pérez y los señores Araya, Bianchi, De Urresti, Girardi, Guillier, Harboe, Lagos, Letelier, Matta, Montes, Navarro, Pizarro, Quintana, Quinteros, Ignacio Walker y Andrés Zaldívar.
Votaron por la negativa la señora Von Baer y los señores Allamand, Chahuán, Coloma, García-Huidobro, Pérez Varela y Prokurica.
No votaron, por estar pareados, los señores Moreira y Ossandón.

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Ahora procede votar la letra e) del artículo 4. Esta norma requiere quorum orgánico constitucional para su aprobación y señala: "El Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y los consejos regionales de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".
De no alcanzarse el quorum exigido, esta disposición quedaría sin aprobarse.
En votación.
--(Durante la votación).
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Von Baer.


La señora VON BAER.- Señor Presidente, nosotros vamos a votar a favor de esta letra, porque se trata de la creación de los consejos a nivel regional, lo cual estimamos correcto.
Sin perjuicio de ello, pido una reunión de Comités.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Después de que termine la votación.
La señora VON BAER.- De acuerdo.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Alguna señora Senadora o algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueba la letra e) del artículo 4 (24 votos a favor y un pareo), dejándose constancia de que se cumple con el quorum constitucional exigido.
Votaron por la afirmativa las señoras Allende, Goic, Muñoz, Lily Pérez y Von Baer y los señores Araya, Coloma, De Urresti, García-Huidobro, Girardi, Guillier, Harboe, Lagos, Hernán Larraín, Letelier, Matta, Navarro, Pizarro, Prokurica, Quintana, Quinteros, Tuma, Ignacio Walker y Andrés Zaldívar.
No votó, por estar pareado, el señor Ossandón.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- El Senador señor Ossandón, no obstante haberse abstenido de votar por estar pareado, deja constancia de su intención de voto favorable.
La Senadora señora Von Baer pidió reunión de Comités.
Se suspende la sesión por diez minutos.
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--Se suspendió a las 18:42.
--Se reanudó a las 19:14.
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El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Continúa la sesión.
Señores Senadores, en la reunión de Comités que acabamos de realizar acordamos seguir mañana con la discusión particular del proyecto.
El señor Ministro y sus asesores buscarán alguna manera de solucionar los problemas de redacción que tenemos, para así avanzar, ojalá, hasta su despacho total.
--Queda pendiente la discusión particular del proyecto
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Habiéndose cumplido su objetivo, levantaré la sesión, sin perjuicio de dar curso reglamentario a las peticiones de oficios que han llegado a la Mesa.