Valparaíso | por Felipe Harboe, senador por la región del Biobío
Buena gobernanza, un nuevo Estado
Por Felipe Harboe, senador por la región del Biobío
Publicado el: 16/06/2017

Imagen foto_00000002¿No le gustaría a usted viajar por Chile en trenes de primera calidad, rápidos, puntuales, limpios y cómodos? Quizás preferiría recorrer el país por autopistas seguras donde existan alternativas, como una ruta cordillerana y otra costera para conocer de cerca los diversos parajes de nuestra geografía.

 

Imagine llegar a Chile y desde nuestros aeropuertos conectar con una red de metro que lo lleve a la ciudad más cercana; una estación de trenes que le permita enrumbar hacia su destino final, o una gran estación de buses que lo lleve al litoral, al norte y sur de nuestro país.

 

Que maravilla sería que la planificación y diseño de nuestra infraestructura se pensara de manera integrada y pensando en hacer del viajero (y del turista) un desplazamiento cómodo, ágil y seguro. Lamentablemente, esto que no se logra en infraestructura, tampoco se alcanza en la inversión social.

 

Ministerios, municipios, servicios y ONGs trabajando “por una misma causa”, pero como compartimientos estancos. Cada uno en lo suyo. La estadística, información y presupuestos parecen trofeos de guerra que hay que cuidar y no compartir. Ello redunda en multiplicidad de ofertas  similares desde el Estado, o la reiteración de los mismos beneficiarios. Es común encontrar a las mismas personas en la entrega de subsidios Sence, Fosis, Sercotec, de Fondo Social y otros programas, lo que reduce la cobertura real de dichas iniciativas y torpedea el objetivo final: Crear oportunidades de desarrollo a más personas en Chile.

  

Aquellos que vemos en el Estado un rol relevante en el desarrollo de las sociedades a través de su función reguladora y redistributiva, demandamos un nuevo pacto social. Un pacto donde se acuerde un Estado fuerte y robusto, pero a su vez moderno, ágil, tecnológico y no cooptado por “caudillos” o gremios.

 

Necesitamos un Estado capaz de mirar el país desde arriba, entender la nueva sociedad y organizarse en función de objetivos específicos para cada territorio. Un Estado que planifique el desarrollo, e integre a las instituciones en función del buen gobierno. La información, presupuestos y facultades, deben ser entendidas para un bien superior: Una buena gobernanza.

 

Debemos ser capaces de hacer entender a quienes participan del proceso, que  su función es parte de un “sistema”, de un “engranaje”, una “arquitectura administrativa”, cuyo éxito depende del trabajo colaborativo individual de cada funcionario.

  

Por ello, es de esperar que junto a otras propuestas relevantes, los candidato(a)s presidenciales propongan una reforma al Estado para contar con un sistema de seguridad social jurídica y ciudadana, que de garantías de eficacia y eficiencia y sea un motor más en el desarrollo de la economía y de la sociedad.

 

Ya lo decía el ex primer ministro británico Tony Blair: “Los países que alcanzan el desarrollo no son necesariamente los que crecen más, sino los que logran una buena gobernanza”. Ese debe ser nuestro desafío, una buena gobernanza, que a estas alturas constituye un deber ético para lograr que el sistema sea capaz de apoyar a quienes por diversas circunstancias no han podido surgir individualmente, y también a quienes pretenden emprender para aportar al desarrollo de nuestro país.