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  Aquí no hay lugar a medias tintas

  Por Guido Girardi, Presidente del Senado

5 de enero de 2012

No da lo mismo la manera en que se designan las cosas. En Chile somos muy dados al uso de eufemismos, a atenuar las verdades desagradables con fórmulas que intentan expresarlas de manera más amable: "está un poquito gordo", cuando en realidad se refiere a alguien que está pasado de peso.

Está bien. Son usos del lenguaje cotidiano que no hay por qué criticar. Pero una cosa muy distinta ocurre con la historia y con la enseñanza de la historia.

Aquí no hay lugar para medias tintas. Cuando enseñamos el recorrido de Chile a través de los años, tenemos que hablar de las cosas como fueron, sin eufemismos, porque, en ese caso, el eufemismo no es una manera de atenuar una verdad desagradable, sino el intento deliberado de falsear la realidad.

Digo esto a propósito de una de las acciones más desafortunadas que ha realizado el gobierno en estos dos años: reemplazar el término "dictadura" por el de  "régimen  militar", cuando se habla de los 17 años en que Pinochet estuvo en el poder.

No se trata de un término más general, como dijo el ministro de Educación Harald Beyer. No se trata de una "invitación a pensar" sobre distintas visiones, como sostuvo la funcionaria de ese ministerio, Loreto Fontaine. Se trata de algo muy grave, porque el trasfondo de todo esto son las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que llevó a cabo ese régimen, régimen que fue, con todas sus letras y sin eufemismos, una dictadura, y una de las más brutales del Siglo XX.

Decir que no fue una dictadura es una acción cosmética que pretende precisamente difuminar esa realidad, borrarla, hacerla desaparecer de la conciencia histórica de Chile.

Hace poco asistimos al penoso espectáculo de un homenaje a un reo rematado, condenado a 144 años de prisión por torturar a personas indefensas y por asesinato, en dependencias de una municipalidad capitalina.

Hoy asistimos a una operación simbólica también perniciosa, ambigua y claramente descomprometida con la causa de los derechos humanos, que borra con el codo lo que el gobierno escribe con la mano. No se puede hablar de defensa de los derechos humanos ante la comunidad internacional si al mismo tiempo se amparan y permiten operaciones de blanqueo y de falseamiento de la realidad como esta.

Esperamos que el ministro Beyer dé pronta marcha atrás en una decisión que se tomó antes de que él asumiera, pero que debe corregir cuanto antes. Es un tema donde no caben las medias tintas ni las explicaciones tramposas. Hay que actuar ya.

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