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El aporte que hizo el Congreso a esta iniciativa

Por Jorge Pizarro, Presidente del Senado

9 de agosto de 2013

Imagen foto_00000028De no haber intervenido el Congreso Nacional, hubiéramos tenido un Ministerio del Deporte con pocas herramientas para operar de manera eficiente y realmente capaz de levantar una estrategia, una política pública y nacional destinada a la promoción del deporte.

 

El último SIMCE de Educación Física mostró que 4 de cada 10 estudiantes presenta obesidad o sobrepeso en 8º básico, el 23% de los estudiantes presenta un riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas y metabólicas, y que el 47% de las mujeres y el 40% de los hombres, tiene obesidad o sobrepeso.

 

Ante cifras tan alarmantes, era un deber del Estado promover acciones contundentes para tener mejores hábitos de vida. El problema es que tampoco sirve cualquier política pública: ante la salud de la población y en especial de nuestros niños y niñas, lo clave es tener políticas de calidad. El Congreso se demoró un poco más en aprobar esta iniciativa, pero lo hizo por el convencimiento de que era necesario establecer los perfeccionamientos que nos permitieran tener un verdadero Ministerio del Deporte.

 

Esta entidad va a formular programas y acciones destinadas al desarrollo de la actividad física y deportiva de la población, coordinará las acciones vinculadas al deporte que los Ministerios y los servicios públicos desarrollen, tendrá a su cargo la infraestructura deportiva del país y su mejoramiento continuo, impulsará la cooperación nacional e internacional y deberá hacer todo lo que esté a su alcance para cumplir con los objetivos que el país se trace para tener una población más activa y sana.

 

Lo bueno, es que hará todo esto no sólo desde Santiago, sino que tendrá un real funcionamiento en regiones.

Pero esta buena noticia demanda algunos esfuerzos extra. Resultados como el del SIMCE, los pobres desempeños generales en materia de deporte competitivo que exhibe Chile, los índices de sedentarismo de la población general y varios otros problemas, no se cambian por ley ni menos por tener un nuevo ministerio.

 

Los procesos y cambios culturales son de larga data y de implementación lenta. La gente tiene que vivir el deporte y la actividad física, sentirla como parte de sus vidas cotidianas. De lo contario, sólo tendremos más burocracia.

 

Por eso, el Gobierno que deba implementar esta nueva repartición debe cuidar tres procesos. Por un lado, las personas que integren el futuro Consejo Nacional del Deporte, deben representar estrictamente al mundo del deporte. No puede haber espacios para afanes corporativistas, ni intereses ajenos a los que inspiran la creación del organismo. Queremos a personas que sean vistas por todo el país como un aporte indiscutido al desarrollo de políticas públicas pro deporte.

 

Lo segundo. Chile tendrá infraestructura de primera línea luego de la realización de los juegos ODESUR y creo que es imperioso que el naciente Ministerio del Deporte vele porque esta infraestructura no termine convertida en elefantes blancos ni en santuarios de algunas federaciones o agrupaciones, excluyendo a la población que perfectamente podría integrarse a otros deportes distintos a los más masivos.

 

Sería interesante que las federaciones asuman el compromiso de traspasar a organizaciones vecinales y a los municipios, el conocimiento y la práctica de deportes menos conocidos, de modo de diversificar la oferta y fomentar la práctica de deportes más allá del fútbol. Sólo en la medida en que haya incentivos para que la gente participe y aprenda a apreciar otras disciplinas, tendremos más cultura deportiva y más gente dispuesta a cambiar el sedentarismo por una vida más plena.

 

Lo tercero tiene que ver con los clubes deportivos. Ellos deben transformarse en la organización base del desarrollo de la actividad física, pues están en el corazón de los barrios que es donde nacen y dan sus primeros pasos los deportistas que luego pueden optar a niveles superiores de rendimiento. Se necesita una institucionalidad fuerte a este nivel para detectar a los buenos valores desde lo recreativo a lo competitivo, fortalecer la masividad y proyectar una elite deportiva.

 

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