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  La política se construye en el diálogo y la búsqueda de acuerdos

  Por Guido Girardi, Presidente del Senado

22 de julio de 2011

ImagenAsistimos, a comienzos de esta semana, a un cambio de gabinete que fue, al menos, numeroso, tanto en enroques como en caras nuevas. Fue la respuesta del gobierno a una indudable crisis en el manejo de sus relaciones con la ciudadanía, que ha salido masivamente a las calles a plantear sus demandas, deseos y aspiraciones. Pero no se trata tan sólo de un problema de comunicaciones. Hay un estilo de hacer las cosas -lo que se ha llamado "la nueva forma de gobernar"- que no destaca por lo que quiso poner de relieve el gobierno, el orden y sobre todo la eficiencia, sino por una progresiva pérdida de sintonía con la gente. Así, el gobierno tiende a acentuar el ya exagerado presidencialismo de nuestro orden constitucional y, ante situaciones concretas que concitan el interés ciudadano, como la construcción de represas en Aysén o la discusión en torno a leyes como las que rigen el permiso postnatal y las normas sobre comida chatarra, tiende a gobernar por decreto o a través de recursos al Tribunal Constitucional.

Es un camino peligroso. El gobierno fue legítimamente elegido en un sistema democrático y tiene todo el derecho a impulsar el programa que aprobó la mayoría de los electores, pero tiene que hacerlo con consonancia con todo el país y no sólo con quienes son parte de su base de apoyo, que, por lo demás, tal como lo indican las encuestas, ha disminuido notoriamente. La política es el arte de la negociación. La política se construye en el diálogo y la búsqueda de acuerdos. No se puede gobernar de espaldas a esa realidad.

El Presidente Piñera introdujo fuertes cambios en su gabinete; pero, una vez más, el estilo lo delata y nuevamente pasa por encima de la voluntad ciudadana. Ya son cuatro los senadores en ejercicio que han pasado a formar parte del gabinete. Los ciudadanos tienen derecho a ser representados por quienes ellos eligieron, y este traspaso masivo lesiona ese derecho.

No es bueno para la democracia, no es sano que el Congreso Nacional se complete nuevamente con senadores designados, esta vez por los partidos, sin que los electores tengan la más mínima participación en el proceso. Vemos entonces, con preocupación, que esta manera de gobernar sin atender ni mirar hacia la ciudadanía sigue plenamente vigente. Y justo en el momento en que surge como imprescindible escuchar a los ciudadanos e impulsar reformas políticas que permitan más participación. Si ello no ocurre, la calle continuará siendo protagonista y se debilitará fuertemente la institucionalidad.

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