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  No hemos avanzado lo suficiente

  Por Jorge Pizarro, Presidente del Senado

16 de diciembre de 2010

El año del Bicentenario nos ha puesto en evidencia la fragilidad de muchos de nuestros más profundos mitos acerca de cómo funciona nuestro país. El terremoto desnudó graves falencias en materia de respeto a las normas de construcción y a la norma sísmica; además, dejó en claro que las comunicaciones de Chile son febles, que no están a la altura de las exigencias estratégicas y de seguridad del país, y que las empresas están poco dispuestas, si no es por la coacción del Estado, a hacer las inversiones que evitarían los colapsos en casos de emergencia o conmoción nacional.

 

El accidente negligente de la Mina San José una vez más nos enrostró cómo se trabaja en Chile, no sólo en las mineras, sino que en muchos otros sectores económicos. Con tal de maximizar ganancias, no se tienen las más mínimas consideraciones con los trabajadores y hemos de esperar que ahora venga otra catástrofe en la agricultura, tal vez un derrame de pesticidas prohibidos, o una emergencia química, o un accidente con explosivos como ocurrió en el norte apenas unas semanas después del rescate de los mineros.

 

Durante muchos años el Congreso Nacional debatió sobre reformas laborales, sobre seguridad laboral, sobre mejoramiento del sistema de comunicaciones, sobre acceso universal a telefonía, sobre los costos para los usuarios y sobre cómo mejorar los derechos de los consumidores, los trabajadores, etc. Desde el retorno de la democracia que se intentó por muchas vías, introducir modificaciones a leyes que beneficiaron por décadas a los grandes conglomerados económicos por sobre los ciudadanos. Nunca se avanzó lo suficiente.

 

Aún está en la memoria lo mucho que costó intentar convencer a muchos actores políticos, de que las horas de espera de los choferes de buses de pasajeros y de camiones de carga debían ser consideradas horas de trabajo. Pues bien, los accidentes carreteros en donde mueren cientos de personas año a año tienen explicación: extensas jornadas de trabajo, poco respeto al descanso de los conductores y vías concesionadas que son muy prestas a cobrar los peajes, pero que tienen precarias normas de seguridad vial. El accidente de la Autopista del Sol es un claro ejemplo de esto.

 

Durante años de campaña electoral vimos cómo la derecha insistía en que en Chile la delincuencia nos tenía cercados y que este país prácticamente era equiparable a los peores de Latinoamérica. La puerta giratoria fue un eslogan que encantó a la gente y eso hizo que la sociedad entera creyera que todo el que cometía una falta, un delito o un crimen, debía "secarse" en la cárcel. ¿Resultado? Una reforma procesal penal que aceleró los juicios y las condenas, llevándonos a un hacinamiento carcelario sin precedentes que, por muchas cárceles que construyamos, no podrá resolver la excesiva compulsión de los chilenos por ver a todos presos.

 

Las recientes revelaciones de Wikileaks sobre el "Conflicto Mapuche" nos dicen lo mismo. Los norteamericanos consideraron que la prensa conservadora y la derecha exageraron ex profeso el problema de la demanda de tierras de los Mapuche, y hasta hablaron de una "Araucanía en llamas", para justificar un discurso populista, demagógico, irresponsable, pero vendedor.

 

Muchos de esos Mapuche que han peleado por recuperar tierras y que han sufrido abusos por parte del Estado chileno desde la misma formación de éste, han sentido el rigor de la fuerza policial. No eran hechos aislados porque el abuso y las torturas a las que fue sometido un hombre indigente de la población La Legua, nos muestran claramente el riesgo de la formación apresurada de la policía, justamente para cumplir el anhelo de algunos de tener un país más bien construido desde la represión, la cárcel para todos y la vigilancia policial. El hecho de que el actual Gobierno haya prometido llenar las calles de Carabineros complota seriamente con tener una fuerza policial responsable, de calidad, democrática y respetable. Preferimos esperar a que quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir a ley y que portan armas sean cien por ciento profesionales probados como personas responsables y sanas.

 

El problema es que en todos estos temas, la derecha y la Concertación han tenido responsabilidad. Unos más que otros, pero lo cierto es que durante años los derechos laborales, el reconocimiento a los pueblos originarios, los cambios a la ley antiterrorista, a la justicia militar, las políticas en seguridad ciudadana, el mejoramiento de la educación y salud públicas, el control de los abusos contra los consumidores, han tenido graves obstáculos en quienes creen firmemente que estos temas deben quedar al arbitrio del mercado. Entonces, ¿qué catástrofe nos falta? Hay que aprender de todo esto.

 

 

 

 

 

 

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