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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 367ª
Sesión 6ª, en miércoles 3 de abril de 2019
Especial
(De 12:23 a 14:14)
PRESIDENCIA DE SEÑORES JAIME QUINTANA LEAL, PRESIDENTE,
Y ALFONSO DE URRESTI LONGTON, VICEPRESIDENTE
SECRETARIA, LA SEÑORA XIMENA BELMAR STEGMANN, SUBROGANTE
____________________
VERSIÓN TAQUIGRÁFICA
I. ASISTENCIA
Asistieron las señoras y los señores:
--Allamand Zavala, Andrés
--Aravena Acuña, Carmen Gloria
--Araya Guerrero, Pedro
--Bianchi Chelech, Carlos
--Castro Prieto, Juan
--Chahuán Chahuán, Francisco
--Coloma Correa, Juan Antonio
--De Urresti Longton, Alfonso
--Durana Semir, José Miguel
--Elizalde Soto, Álvaro
--Galilea Vial, Rodrigo
--García Ruminot, José
--García-Huidobro Sanfuentes, Alejandro
--Girardi Lavín, Guido
--Goic Boroevic, Carolina
--Guillier Álvarez, Alejandro
--Harboe Bascuñán, Felipe
--Huenchumilla Jaramillo, Francisco
--Insulza Salinas, José Miguel
--Kast Sommerhoff, Felipe
--Lagos Weber, Ricardo
--Latorre Riveros, Juan Ignacio
--Letelier Morel, Juan Pablo
--Montes Cisternas, Carlos
--Moreira Barros, Iván
--Muñoz D´Albora, Adriana
--Navarro Brain, Alejandro
--Órdenes Neira, Ximena
--Ossandón Irarrázabal, Manuel José
--Pérez Varela, Víctor
--Pizarro Soto, Jorge
--Prohens Espinosa, Rafael
--Provoste Campillay, Yasna
--Pugh Olavarría, Kenneth
--Quintana Leal, Jaime
--Quinteros Lara, Rabindranath
--Rincón González, Ximena
--Sandoval Plaza, David
--Van Rysselberghe Herrera, Jacqueline
--Von Baer Jahn, Ena
Concurrieron, además, los Ministros de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero Espinoza; del Trabajo y Previsión Social, señor Nicolás Monckeberg Díaz, y de Minería, señor Baldo Prokurica Prokurica.
Asimismo, se encontraban presentes, del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Secretario General de Política Exterior, señor Patricio Torres Espinosa; el Director General de Relaciones Económicas Internacionales, señor Rodrigo Yáñez Benítez; la Directora General de Asuntos Jurídicos, señora Mariana Durney Meneses; el abogado de la Dirección Jurídica, señor Gonzalo Muñoz, y el Jefe de Gabinete del Ministro, señor Carlos Bonomo Vidal.
Actuó de Secretaria General subrogante la señora Ximena Belmar Stegmann, y de Prosecretario subrogante, el señor Pedro Fadic Ruiz.
II. APERTURA DE LA SESIÓN
--Se abrió la sesión a las 12:23, en presencia de 25 señores Senadores.
El señor QUINTANA (Presidente).- En el nombre de Dios y de la Patria, se abre la sesión.

III. ORDEN DEL DÍA
BASES DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE CHILE

El señor QUINTANA (Presidente).- Como Sus Señorías saben, esta sesión especial ha sido convocada a solicitud de distintos Comités de la Oposición, particularmente del Partido Socialista, para analizar y considerar las bases de la política exterior de Chile.
Para tal efecto, ha sido invitado el Ministro de Relaciones Exteriores, señor Roberto Ampuero, quien ya se encuentra en la Sala. Y quiero recabar la unanimidad para que también puedan ingresar al Hemiciclo y, por tanto, acompañar al Ministro el señor Patricio Torres, Secretario General de la Cancillería; el señor Rodrigo Yáñez, Director General de Relaciones Económicas Internacionales; la señora Mariana Durney, Directora Jurídica; el señor Gonzalo Muñoz, Director General de Asuntos Jurídicos, y el señor Carlos Bonomo, Jefe de Gabinete del Canciller.
¿Habría acuerdo en tal sentido?
--Se autoriza el ingreso.

El señor QUINTANA (Presidente).- Hago presente a Sus Señorías que los tiempos para intervenir serán los que se aplican para la distribución en la hora de Incidentes.
En primer lugar, le voy a dar la palabra al Senador señor Insulza, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, por 10 minutos y hasta un total de 16, que son los que le corresponden a su bancada.

El señor INSULZA.- Señor Presidente, señoras y señores Senadores, hace apenas seis meses celebramos el veredicto de la Corte Internacional de Justicia como una victoria de la política exterior de principios que el país ha forjado a lo largo de su historia democrática. En esos días, la expresión "política de Estado" estuvo muy de moda. Pero ahora esa unidad está en riesgo, producto de decisiones equivocadas que vulneran consensos fundamentales de nuestra política exterior.
Esta afirmación tiene su origen en los virajes recientes en materia medioambiental (Convenio de Escazú) y migratorio (Acuerdo de Marrakech); en la conducta adoptada ante la crisis en Venezuela; en el empeño por crear una nueva organización con marcado tinte ideológico, pero, sobre todo, en los intentos de sacar ventajas internas y dividir al país con consignas populistas y afirmaciones falsas sobre nuestra postura y nuestras intenciones.
En ese contexto, la existencia de verdaderos consensos en política exterior se ha puesto en discusión.
Por eso llamamos a esta sesión, para ver si es posible reponer nuestros acuerdos y retomar la política exterior común que ha caracterizado a la mayor parte de nuestra vida democrática.
Nadie dice que debemos coincidir en todo ni tener un solo punto de vista, pero, cuando actuamos como nación, tenemos que respetar los principios fundamentales que nos guían.
Somos una nación intermedia, más grande que la mayoría de los Estados que participan de las Naciones Unidas, pero pequeña en comparación a los Estados continentes que dominan la política y la economía mundial.
En un mundo interdependiente, no podemos darnos el lujo de estar ausentes. Debemos participar, pero no tenemos la envergadura para hacerlo solos. El mundo, integrado en lo económico, está organizado políticamente en Estados independientes que definen de manera autónoma su interés nacional y sus políticas, con los desacuerdos y conflictos que pueden derivar de esta condición.
¿Cómo actuar en esta región y en este mundo, complejos, llenos de conflictos, pero también de posibilidades? ¿Cómo ser el actor que queremos ser sin tener envergadura ni fuerza?
Es aquí donde surgen las bases de nuestra política exterior: es unitaria, de principios, y no se basa en la conveniencia política inmediata, sino en el interés nacional.
Entiendo por "principios" un conjunto de normas de conductas aprendidas en la práctica de muchos años, que el país aplica de manera permanente en su política exterior. No figuran en la Constitución ni están codificados, pero nos permiten ser predecibles, confiables y respetados en nuestra relación con el mundo. Son reglas de conducta practicadas de modo consistente.
¿Qué se espera, en cada caso, de Chile? Esto puede responderse viendo qué hemos hecho antes en ocasiones similares. Nadie se extrañó cuando Jorge Alessandri se opuso a la salida de Cuba de la OEA, o cuando Ricardo Lagos anunció que estábamos en contra de la invasión de Irak. La conducta de Chile era predecible. Sus principios de acción internacional eran conocidos.
¿Cuáles son esos principios, basados en nuestra tradición, nuestra realidad y nuestro interés nacional?
El primer principio fundamental es el de la plena participación en el sistema internacional. Ya desde la posguerra decidimos, como nación, una política exterior consensuada, caracterizada por nuestra presencia permanente y fundacional en la política regional y mundial. No nos refugiamos en nuestra isla geográfica, sino que salimos de ella de manera impetuosa, aprovechando la expansión del sistema multilateral surgido a mediados del siglo pasado.
Chile es fundador de instituciones internacionales, desde la OEA hasta la ONU; firmante de tratados internacionales en todo ámbito y nivel: comerciales, bilaterales y multilaterales, de desarme, de regímenes -como el del Tratado Antártico o el del Mar- y, por cierto, de límites.
El segundo principio es nuestra adhesión plena al Derecho Internacional. Su necesidad es obvia: si todas nuestras fronteras están definidas por tratados, una práctica distinta sería absurda.
Respetamos los tratados y exigimos su respeto. Pero no solo eso: somos creadores de Derecho Internacional y de instituciones. Mientras más fuerte sea el Derecho Internacional, mayor será nuestra seguridad, y más estable nuestra relación con la región y el mundo. Mientras más se fortalezcan el Derecho y las instituciones, más posible será mantener la paz y la cooperación y resolver los conflictos.
El tercer principio es el respeto por la soberanía de los países, tal como exigimos que se respete la nuestra. No intervenimos en asuntos internos de otros Estados, a menos que ello se base en acuerdos suscritos voluntariamente. Cuando exigimos democracia o respeto de los derechos humanos en nuestra región, no estamos violando este principio, sino exigiendo el cumplimiento de acuerdos que nuestros países han adoptado libremente, como la Convención Americana sobre Derechos Humanos o la Carta Democrática Interamericana.
El cuarto principio es la solución pacífica de las controversias entre y al interior de los Estados. Mientras más obligatorios y efectivos sean los sistemas de solución pacífica de conflictos, mayor será la estabilidad y la paz mundial. La renuncia al uso de la fuerza es un importante rasgo del Derecho Internacional que compartimos plenamente. Enfrentamos las crisis buscando acuerdos; nunca actuamos para imponer la paz, aunque estamos disponibles a cooperar con la paz que se alcance entre los actores en determinado conflicto.
El quinto principio es el multilateralismo. Chile cree en la cooperación internacional, por oposición al unilateralismo y a la imposición. Esa cooperación se forja tanto en el ámbito bilateral como en el multilateral y, ciertamente, este último es el que más desarrollo ha tenido en el último siglo.
Chile no solo ha aceptado de buena gana el multilateralismo, sino que también lo ha promovido desde su nacimiento. Allí están Hernán Santa Cruz, en la Declaración Universal de Derechos Humanos y la creación de la Cepal; Felipe Herrera, en la fundación del Banco Interamericano de Desarrollo; las dos veces que hemos ocupado la Secretaría General de la OEA; nuestras membresías cada vez más frecuentes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; la dirección de la Organización Internacional del Trabajo por casi dos décadas; el segundo proyecto aprobado por el Banco Mundial, que fue para nuestro país (el primero fue para los Países Bajos).
El sexto principio es que Chile busca mantener buenas relaciones con todos los Estados del mundo, representados por sus gobiernos. Es conocida nuestra reticencia a las rupturas de relaciones, más allá de la opinión crítica que tengamos sobre los gobiernos que violentan la democracia o los derechos humanos. Es eso lo que nos ha permitido vivir en paz por períodos en que hemos estado rodeados de dictaduras en nuestro entorno y en nuestra región. La única condición real para reconocer a un gobierno es que tenga control sobre las funciones fundamentales de su Estado.
El séptimo principio es el regionalismo abierto. Queremos entendernos con todo el mundo, pero nuestro corazón está en América Latina. Rechazamos la frase absurda que proclama que "tenemos una buena casa en un mal barrio". Mientras mejor, más democrático y más floreciente sea nuestro barrio, más confortable y seguro será nuestro hogar.
El último principio viene desde hace mucho tiempo y es, tal vez, el más sagrado si hemos de tener política exterior de Estado. El conductor de esa política es el Presidente de la República de acuerdo a la Constitución, pero nunca debe usar ese instrumento para fines de política interna. Aunque una encuesta favorezca la opción populista, el Jefe de Estado debe actuar conforme al interés nacional.
Cada cual puede juzgar si los hechos de los últimos meses respetan estos principios.
Copresidimos el Grupo de Trabajo que negoció Escazú para no firmarlo, porque contenía un posible recurso ante la misma Corte que reafirmó nuestro derecho en octubre.
Nuestro Presidente anunció en Naciones Unidas que el Pacto Migratorio coincidía con nuestra política. Y la delegación chilena estaba en Marrakech cuando se le ordenó regresar porque un Subsecretario decidió que la firma de ese tratado podía afectar nuestra legislación sobre la materia.
Fuimos invitados al Grupo de Contacto, última opción para buscar algún arreglo en Venezuela, y nos negamos a participar.
Reconocimos a un gobierno que no gobierna, y dejamos de lado toda opción de proteger a nuestros compatriotas. Nos paramos provocativamente en la frontera más compleja de la región para intentar una operación humanitaria que, como era previsible, no tuvo resultado.
Anunciamos la creación de una nueva organización sudamericana sin denunciar el tratado de la Unasur, y se concluyó con la creación de un Foro.
Y nos ofrecimos para reemplazar a Brasil en la organización de la COP25, olvidando, al parecer, que teníamos ya, casi el mismo mes, el importante desafío de la APEC.
Todo esto habla de improvisación, populismo y poco respeto por las bases fundamentales de nuestra política exterior.
Señor Presidente, aún es tiempo de volver atrás y retomar los principios que han fundamentado una política exterior exitosa. Que no se vea más a Chile sentado junto a las fuerzas del nacionalpopulismo, que abominan del multilateralismo, del Derecho Internacional y de la paz. Que volvamos a ser el país predecible que de modo sereno y tranquilo se ha forjado una posición internacional que muchos envidian, pero que, al parecer, nuestros actuales gobernantes quieren reemplazar por aventuras.
He dicho.

El señor QUINTANA (Presidente).- Agradecemos su intervención al Senador señor Insulza, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
Saludo al señor Canciller, Roberto Ampuero, así como a todos los invitados y asesores que lo acompañan.
A continuación, tiene la palabra el Senador señor Guillier, por 4 minutos de los 6 con que cuenta su Comité.

El señor GUILLIER.- Señor Presidente, quiero destacar que el Senado de la República celebre esta sesión invitando al señor Ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero, para que despeje dudas, inquietudes, aprensiones y también escuche nuestra opinión sobre la conducción de la política exterior de Chile.
Al respecto, quiero partir con una breve contextualización histórica.
Permítanme recordar que en el año 1990 todas las fuerzas políticas asumieron que uno de los primeros desafíos del proceso de transición a la democracia era volver a insertar a Chile en el contexto internacional, dejando atrás nuestra condición de paria internacional. Teníamos claro que debíamos contribuir a fortalecer el multilateralismo como un seguro a la voluntad discrecional de los poderosos, movernos en el marco del Derecho Internacional y no intervenir en asuntos internos de otros países, salvo para exigir el cumplimiento del mismo Derecho Internacional y de los compromisos libremente contraídos por los Estados. Creo que logramos amplios acuerdos en esa materia.
Con los liderazgos presidenciales sucesivos y el trabajo diligente de nuestra Cancillería, fuimos capaces de implementar una política que mostraba coherencia y sentido estratégico. Ejemplo: la actitud proactiva que tuvimos en organismos internacionales como la OIT, la Organización Mundial del Comercio, la OEA, la ALADI, la APEC y otros.
También desarrollamos una política comercial activa que nos llevó a suscribir acuerdos comerciales de distinta naturaleza con países y grupos de países. Avanzamos en acuerdos de alcance parcial; luego, en acuerdos de complementación económica, y finalmente dimos el salto hacia los acuerdos de libre comercio y de asociación. En paralelo, fuimos suscribiendo acuerdos de protección de inversiones, doble tributación, servicios, compras gubernamentales y otros. Y terminamos la década de los noventa ingresando al Mercosur.
Quiero recordar que, en tal oportunidad, ese instrumento podría no haberse discutido en este Congreso, porque era un acuerdo específico amparado en el Tratado de Montevideo. Sin embargo, se debatió porque hubo una clara conciencia en el Gobierno de la época de la envergadura de ese mismo encuentro.
Quiero recordar, además, que ya en la década siguiente iniciamos el Acuerdo con la Unión Europea (2003) y el que suscribimos con Estados Unidos (2004).
Asimismo, deseo destacar que esa voluntad de diálogo es la que hoy extrañamos en la actual conducción de nuestra política exterior.
El Gobierno del Presidente Piñera ha roto una tradición al situar nuestra política exterior dentro de los vaivenes de la política interna, algo que les hemos reprochado históricamente a los vecinos. Ha cruzado una línea peligrosa, que solo puede sumar conflictividad a una sociedad chilena hoy de por sí más compleja.
¿Qué busca Chile con este realineamiento ideológico en la región? ¿Qué gana nuestro país con crear alianzas con gobernantes de dudosa reputación democrática? ¿Qué piensa Chile cuando el Presidente Bolsonaro ordena a sus Fuerzas Armadas conmemorar el golpe de Estado ocurrido en Brasil en 1964? ¿Qué gana Chile con crear alianzas con sectores políticos de otros países que hablan de solicitar a las tropas estadounidenses invadir sus propios territorios?
Nuestro entendimiento tiene que ser con los Estados, en un marco multilateral y diverso, porque la diversidad es propia del mundo globalizado. Si no aprendemos a vivir en tolerancia, la convivencia se hace imposible.
El Presidente Piñera se reunió en la Casa Blanca con el Presidente Trump, y fuimos testigos de una situación insólita: la foto de una pequeña bandera chilena dentro de la gran bandera de Estados Unidos. ¿Cuál es el símbolo de ese gesto? ¿Será la voluntad del actual Gobierno de subordinarse a la gran potencia del norte? Nunca se aclaró esa imagen.
Nuestra política exterior hoy no solo está muy lejos de nuestra tradición democrática, sino que no favorece los intereses de Chile.
Y una palabra sobre Venezuela.
Nadie duda de que ese país está viviendo una crisis política, económica, social y humanitaria urgente y que requiere una salida política, pero con gobernabilidad.
Sin embargo, señor Canciller, recuerde lo que le digo: la sobreexposición de nuestro gobierno hará que en un momento seamos parte del problema y no de la solución y que sentemos un mal precedente que genere desconfianza hacia Chile. La situación es coyuntural y los gobiernos pasan, pero las imágenes históricas quedan.
Todos sabemos que en la Cámara de Diputados está en discusión el TPP11. No vamos a pronunciarnos ahora sobre el contenido de ese tratado, pero sí es el momento de exigir coherencia. ¡No nos gusta el doble estándar!
Hemos rechazado el Acuerdo de Escazú sobre Medio Ambiente argumentando que afecta a la soberanía nacional. Tampoco suscribimos las normas y los tratados internacionales sobre migración, entendiendo que atentan contra la soberanía nacional. ¿Vamos a exigirle ahora al Congreso que cuando se trate de comercio y de negocio sí estemos dispuestos a renunciar a nuestra soberanía? ¿Cuál es la coherencia de esa política?
Y cuando se dice que Chile está dispuesto a defenderse hasta con machetes en la frontera...

El señor QUINTANA (Presidente).- Tiene treinta segundos más, señor Senador, con cargo a su Comité.

El señor MOREIRA.- ¡Por suerte que era de política de Estado esta sesión...!

El señor GUILLIER.- ¡Póngase a tono, colega!
Respecto a la regulación de la migración internacional, se habló de usar machetes en la frontera. ¿Quién recuerda al millón de chilenos que viven en el extranjero y que también requieren protección del Estado? ¿Qué hacemos si a ellos se les amenaza con esto?
Por tal razón, señor Presidente, por el bien de Chile y con respeto, le digo al señor Canciller que hay que tener moderación, respeto y prudencia, y sobre todo mantener la tradición de escuchar, porque para eso está el Congreso Nacional, que también fue elegido por voto popular.
En nuestro país existe la separación de los Poderes del Estado. No solo el Ejecutivo conduce al país, también está el Congreso Nacional, y merece ser escuchado.
Espero que eso sea así.
Gracias.

El señor QUINTANA (Presidente).- A continuación, le ofrezco la palabra al Senador señor Lagos, hasta por 8 minutos.

El señor LAGOS.- Señor Presidente, hago mía buena parte de las expresiones señaladas por quienes me han antecedido en el uso de la palabra, en particular la presentación del Senador José Miguel Insulza, quien enumera seis principios fundamentales de la política exterior chilena que han estado presentes durante décadas en nuestro país y que se han acentuado a partir del retorno a la democracia.
El tema es el siguiente:
¿Por qué se pide que se celebre esta sesión especial? Porque es un hecho que en Chile ha habido un cambio en la política exterior. Podemos discutir, tener diferencias respecto a si ha sido un paso positivo o negativo; pero creo que no hay dos opiniones en cuanto a que ha ocurrido un cambio en la política exterior chilena. ¿Y por qué pedimos esta sesión? Para discutir sobre cuál es la dirección de ese cambio y qué implica para el país.
Nuestro desarrollo económico ha estado vinculado a nuestra política exterior, como el de varios otros países. Pero, en el caso particular de Chile, ha sido crucial la forma en que nos hemos insertado en el mundo: desde ser miembros fundadores de Naciones Unidas, con don Hernán Santa Cruz; desde ser capaces de generar y participar en la creación de reglas internacionales y no ser solo un tomador de ellas, o un país que llegaba segundo y al que le decían: "Usted va a ingresar acá, y este es el marco en que se desenvolverá la discusión". Éramos influyentes.
Sé que hay naciones en que esto no es aceptado. Asimismo, hay sectores de Chile que han mirado con reticencia esta inserción y que históricamente han tenido dudas del alcance del multilateralismo, algunas acentuadas por la dictadura militar.
Pero esta inserción sigue vigente. Por ejemplo, cuando se decidió apoyar con fuerzas policiales y militares en la crisis de Haití, hubo voces en este Parlamento, de Senadores que están acá hoy día, que tuvieron una mirada crítica, que dijeron que eso no correspondía. Y no estoy hablando de la forma, de si el Presidente Lagos lo hizo bien o no, sino del tema de fondo, porque consideraban que Chile debía relacionarse de una manera distinta con el mundo.
Nosotros entendemos que cuando se quiere participar hay que asumir responsabilidades sobre los hombros más grandes de las que conlleva simplemente exigir derechos. Hay obligaciones, y ellas se cumplen con el multilateralismo.
El multilateralismo nos ha dado cosas increíbles, que solos no habríamos logrado. ¿Ustedes creen que si Chile hubiera sido el único país en el mundo en levantar la mano para fijar las 200 millas marinas eso se habría respetado? ¿Ustedes creen que ello hubiera sido posible por más potente que fuera nuestra Armada? No, señor. ¿Y qué tuvimos que hacer? Seducir, convencer, hilvanar en el foro internacional para plasmar la política de defensa de nuestro interés, pero entendiendo que ese interés debía ser resuelto globalmente.
Esa fue nuestra política exterior: trabajar allá, con los demás países. Entonces, cuando vemos lo que ha ocurrido en este año y fracción del Gobierno del Presidente Piñera, quien tiene la responsabilidad y el derecho de conducir las relaciones internacionales, nos damos cuenta de que en Chile había un consenso o, si ustedes quieren, una amplia mayoría en el sentido de respetar aquello, pero que al mismo tiempo estaban asentadas reglas tal vez no escritas en la Constitución sobre cómo integrarnos al mundo y relacionarnos en este.
Otros países no enfrentan esta realidad, y la política exterior es parte de su política doméstica, de todos los días. Por ejemplo, Estados Unidos frente a Israel, a Palestina y ahora respecto al muro. Y se pueden mencionar otros temas.
Hay asuntos de política internacional que son domésticos. Sin embargo, en el caso chileno no era así, y eso se ha roto.
Aquí eso se rompió con el Acuerdo de Escazú, no solamente porque comenzó a trabajarse en el primer Gobierno del Presidente Piñera en Río de Janeiro, sino porque las explicaciones que se han dado son pobres e insuficientes, y ya están, además, desfasadas. Se dijo que era porque enfrentábamos el juicio de La Haya. ¡Tremenda resonancia y éxito de la política exterior chilena en La Haya! Confiamos en la Corte. Por tanto, ahora se habla poco de retirarse de la Corte. ¿Y qué hicimos? Nos mantuvimos callados. Han pasado más de 8 meses de Escazú y no se oye nada sobre el particular.
En cuanto al Pacto Mundial sobre Migración, ¿alguien cree que un país por sí solo enfrentará el tema migratorio? La migración por definición pasa por distintas naciones. No se trata solamente del país vecino, de si pondré un muro o más carabineros en la frontera. Se requiere un enfoque global.
Entonces, voy a la forma en que se hicieron las cosas.
Nos pillaron por sorpresa y debilitaron nuestra política exterior.
Uno de nuestros principios era ser predecibles. Cuando levantábamos la mano en un foro internacional respecto al tema climático, al tema comercial, al tema de tratamiento de drogas, al tema de armamento, al tema del intervencionismo, los países intuían dónde iba a estar Chile en esa discusión. Y hoy día eso se quebró. Hoy día ya no lo entienden.
Organizamos la COP25, pero rechazamos el Acuerdo de Escazú. Decimos que el multilateralismo es importante y el Pacto Mundial sobre Migración lo mandamos a guardar, a última hora y de la forma en que se hizo.
La Cancillería está dañada en su política exterior. La moral de los diplomáticos y de sus funcionarios no es la más alta, y eso lo saben en el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Y vamos ahondando.
Respecto a Prosur, nos reunimos con el Presidente de la República, quien invitó a un grupo de parlamentarios y miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores a fin de plantearnos el tema. Se le señaló: "Presidente, debemos desarrollar una mirada un poco más larga, porque Unasur existe todavía, y Prosur" -o lo que quería crearse, que no se llamaba Prosur- "no puede demostrar ninguna de las deficiencias iniciales de Unasur. Lo que necesitamos es una América Latina grande y fuerte, que hable".
¿Por qué no trabajamos con la Alianza del Pacífico? Esta tiene una gracia en especial muy importante. ¿Qué diferencia a la Alianza del Pacífico de todos los foros que funcionan, más o menos? Que está México, por lo tanto, hablamos con toda América Latina. Y también tenemos a Brasil. Entonces, América Latina debe ponerse de acuerdo con nosotros, para hacer nuestra política exterior desde la región.
Lo de Prosur es una opción limitada e improvisada, incluso a ojos del mundo exterior. The Economist dos semanas atrás hablaba de "Improvisación". Esa es la política exterior de Chile.
Y no se trata de atacar por atacar, porque ocurre que acá hay un cambio fundamental en la dirección que llevábamos. Entonces, uno se pregunta por qué. Y cuando uno ve lo que ha ocurrido con el Pacto Mundial sobre Migración, ¡perdónenme!, se observa como un manto en el sentido de que pareciera que los argumentos que se utilizaron buscaban satisfacer a una audiencia doméstica. Eso es: ¡una audiencia doméstica!
Sí, yo también leo las encuestas, y estas señalan que un porcentaje muy alto de chilenos sienten susto y angustia por la migración, y que hay otros a los que derechamente les cargan los migrantes. Están en su derecho. Y ante la realidad de la existencia de chilenos que sienten susto y angustia por la migración, un Presidente de la República debe contenerlos, mostrarles un camino. Pero este no puede ser exacerbar esos miedos tratando a los migrantes de narcotraficantes y delincuentes. Un Primer Mandatario, el Jefe del Estado (este es el equivalente a la Reina de Inglaterra) no puede decir: "Vamos a ir con machetes a la frontera".
No quiero degradar esta conversación. Solo repito las palabras del Presidente Piñera.
No recuerdo a un Presidente, desde el año 90, que hablara en esos términos. ¡Ese es el daño que nos han hecho! Por eso, lo mínimo es pedir una explicación para saber hacia dónde vamos y poner una voz de alerta.
Tenemos que enfrentar temas difíciles. Acá se mencionó lo relativo al TPP, que presenta muchas complicaciones.
A mi juicio, haciendo suma y resta, el TPP es bueno para Chile y lo voy a defender. ¿Por qué? Porque no es lo que se dice en las redes sociales, ni tampoco lo que tal vez afirma una buena parte del mundo en el que uno se desenvuelve hoy día. Yo creo que es un buen acuerdo para Chile.
De la misma forma, voy a seguir defendiendo el Pacto Mundial sobre Migración, porque es bueno para nosotros y no para subir tres puntos en las encuestas, que es lo que hay detrás. ¡Esa es la irresponsabilidad!
Uno puede hacer un comentario en privado a las autoridades o en una Comisión. Pero, cuando ya se trata de una política de Estado, venir a utilizar la política exterior con fines domésticos, rompiendo una tradición de nosotros que no está escrita, significa que cuando tengamos que enfrentar el TPP habrá quienes manifiesten (lo van a decir, pero no me sumo a esa explicación porque yo lo voy a apoyar): "Pero bueno, si aquí el acuerdo de Escazú" -por razones que fueron completamente insatisfactorias- "no se firmó"...

El señor QUINTANA (Presidente).- Terminó su tiempo, señor Senador.
Dispone de un minuto adicional.

El señor LAGOS.- Aún le queda tiempo al PPD.
Van a decir: "Bueno, ¿cuál fue el criterio?". Multilateralismo a la carta: lo que pueda afectar a las inversiones. Esa es la realidad. Lo que proteja a los medioambientalistas en sus derechos humanos, no lo vamos a aprobar.
El Pacto Mundial sobre Migración tampoco lo vamos a aprobar, porque no me sirve para la política doméstica. Y lo señalan dando malas explicaciones, que no son reales.
Pero el TPP, sí.
¿Saben lo que hacen con ese tipo de política exterior? Generan un daño, porque quienes creemos en lo que se debe hacer nos quedamos a conversar horquillados.
Entonces, cuando acá se dice que hay que cuidar las instituciones, lo que uno tiene en Chile, es porque de eso se trata. Y así es como yo siento que tiene que ser la política exterior. Nunca pensé que íbamos a tener una discusión de esta naturaleza: si había que renunciar al Pacto Mundial sobre Migración, si había que salir con machete a defender la frontera, si en el fondo había que realizar un cambio tan brusco. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado en el contexto internacional?
Le pido un minuto más, señor Presidente.

El señor QUINTANA (Presidente).- Lo tiene, Su Señoría.

El señor LAGOS.- No ha pasado nada, salvo el sumarse a aquellos países donde ha surgido una Derecha neoconservadora y aislacionista, que no cree en las reglas internacionales.
En consecuencia, vamos a terminar con las reglas de los países del continente, de China, de Estados Unidos, de la India y de un par de naciones más. Y nosotros, ¿dónde vamos a desenvolvernos?
Eso es lo que hemos hecho, y de ahí que los países se sorprendan por nuestras decisiones recientes en política exterior.
Muchas gracias.

El señor QUINTANA (Presidente).- A continuación, por el Comité Unión Demócrata Independiente, le ofrezco la palabra al Senador señor Moreira, hasta por 10 minutos.

El señor MOREIRA.- Señor Presidente, se nos ha citado a una sesión especial para analizar las bases de la política exterior chilena. Pero digamos las cosas como son: se ha dado una discusión política, bastante apocalíptica, por parte de la Nueva Mayoría.
Aquí no se ha roto ninguna tradición. Por supuesto, hay cambios, hay matices distintos porque el Presidente es quien conduce las relaciones exteriores.
En relación con el Pacto Mundial sobre Migración, el Acuerdo de Escazú y lo que va a significar la COP25, si el Gobierno estima que hay algo que no representa un beneficio para Chile, el Presidente de la República está en todo su derecho a cambiar de opinión cuando lo estime conveniente. Estamos gobernando nosotros, no la Nueva Mayoría.
Señor Presidente -por su intermedio-, el Senador Lagos habla de que buscamos conformar una suerte de agrupación de naciones ideológicamente afines. Pero eso no es verdad, porque nuestro país está abierto. ¿Acaso olvidaron que hace poco nos visitó un Presidente socialista, como es el caso del Presidente de Ecuador, el señor Moreno, quien participó en esta reunión y estuvo con el Presidente Bolsonaro, a quien se le ataca despiadadamente? Sin embargo, el señor Bolsonaro, les guste o no, ganó legítimamente las elecciones en su país.
Yo no seré Presidente, soy un simple Senador, pero no veo que ustedes no me saluden. Porque yo estuve con el Gobierno militar y lo he defendido. Entonces, para ustedes yo también soy parte de la dictadura.
No entiendo esta contradicción de parte de la Izquierda.
Nuestro Gobierno se ha preocupado de que seamos un país multilateralista: se ha preocupado de que así sea. Ha habido matices y cambios. Pero vamos a la discusión política, hablemos de las bases de la política exterior chilena. Y, ¿cuáles son las bases?
Hace unos momentos intervino el Senador Insulza, quien tiene historia y todos sabemos lo que ha hecho en política exterior, y estoy muy de acuerdo con muchas cosas que señaló. También lo estoy con Ricardo Lagos. En lo que estamos en desacuerdo es con las críticas políticas. Y esas son las que quiero abordar.
Hay un grupo de excancilleres, conformado por exministros y embajadores de la ex Nueva Mayoría, que hace varias semanas decidió emprender una verdadera campaña comunicacional para contradecir la política exterior de la Administración del Presidente Sebastián Piñera.
En apariencia, se trata de algo nada fuera de lo común en un sistema democrático, pues la política exterior no es un satélite que acompaña desde lejos y en la oscuridad la gestión de un gobierno. Que esté en el debate es muestra de la madurez republicana de nuestro país en general y de este Senado en particular.
Sin embargo, al examinar con mucha detención el tono, la argumentación y, a mi juicio, la falta de fundamentación a la crítica expresada, es fácil concluir que la intención va más por el lado de polarizar, de desprestigiar, que por la defensa de los principios que esos personeros dicen sostener.
La campaña mediática -porque es mediática- del progresismo para contravenir la política exterior del Gobierno sería bienvenida si constituyera un verdadero aporte serio al debate respecto de los temas de política exterior, un área en la cual la confrontación de ideas ha brillado por su ausencia en nuestro país.
La crítica destemplada proferida por personeros cuyo compromiso ideológico excede con creces sus atributos académicos o experiencia diplomática en ningún caso puede considerarse un aporte al intercambio serio de ideas sobre política exterior.
Varios de los integrantes del grupo son los mismos que suscribieron un manifiesto en defensa del ex Presidente Lula da Silva, condenado por la justicia brasileña por diversos actos que ustedes conocen, y nadie, honestamente, podría alegar ignorancia respecto a que él ejerció sin tapujos como principal lobista de la empresa OAS ante todos los gobiernos latinoamericanos.
Más allá de quiénes componen el grupo de críticos, llaman la atención las contradicciones que presentan los planteamientos de los personeros opositores con las decisiones de política exterior que adoptaron o apoyaron ellos mismos en asuntos sensibles de la política exterior chilena.
Por ejemplo, cuando califican de "inconsulta" la decisión de reconocer al gobierno provisional de Venezuela, liderado por Guaidó, los personeros de Izquierda y algunos parlamentarios de Oposición parecieran desconocer que la política exterior la conduce el Presidente de la República, conforme al artículo 24 de la Constitución (donde está más que clarito), y que se aplica en todos sus ámbitos, precisa y especialmente en materias como el reconocimiento o trato bilateral a nivel diplomático por parte del Ejecutivo.
Ayer mismo nos enteramos de un documento emanado de exministros del PPD, del mismo partido del distinguido Senador miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores don Ricardo Lagos.
¿De qué se trata el documento? En él se les pide a sus Diputados, ejerciendo presión, que apoyen el TPP11, que curiosamente fue suscrito en la Administración de la Presidenta Bachelet, siendo Canciller el propio Heraldo Muñoz. Además, parecieran insinuar que en el pasado, cuando ellos ejercían el Gobierno se habría consultado con los líderes opositores todos los temas relevantes de la política exterior: ¡Nada más lejos de la verdad! ¡Nada más lejos de la realidad!
Nosotros llevamos muchos años en la Comisión de Relaciones Exteriores, y jamás nos preguntaron algo en los gobiernos de la Nueva Mayoría. A pesar de eso, estuvimos detrás de los Presidentes de esas administraciones (ahora esa coalición está en la Oposición) en materias internacionales. ¡Y dimos muestras de ello!
Ahora eso no es recíproco, pues solo hay críticas.
Entonces, cabría preguntarse a qué política de Estado obedeció la decisión adoptada por el Canciller de la época, señor Juan Gabriel Valdés, cuando a pocos días de finalizar su gestión embarcó a Chile en un diálogo sin exclusiones con Bolivia en enero de 2000, política que sirvió de base para que se comenzara a gestar lo que terminó en una demanda contra nuestro país en la Corte Internacional de La Haya por parte de esa nación vecina.
¿Se consultó la opinión de otros poderes del Estado o a los líderes opositores en aquel tiempo antes de cometer tamaño estropicio en la política exterior de Chile, que ha tenido efectos por décadas?
Que se sepa, tampoco formó parte de ninguna política de Estado la secuela de lo que señalé, la agenda de los 13 puntos con Bolivia, que se convirtió en la guinda de la torta para la demanda de ese país.
Ciertamente, no fue una política de Estado la que orientó el accionar del Gobierno de la Nueva Mayoría con relación a los atropellos de los derechos humanos en Venezuela, cuando el Estado de Chile evitó por todos los medios condenar la persecución de opositores en esa nación. La Presidenta Bachelet sostuvo explícitamente en aquel entonces -y está escrito- que el Gobierno de Maduro no era una dictadura.
¿Esa era la política de Estado de nuestro país?
¿Acaso formó parte de una política de Estado el viaje inconsulto de la Presidenta Bachelet a Cuba en las postrimerías de su mandato para rendirle pleitesía a la dictadura castrista?
¿Será esa la tradición de la política exterior chilena que, según los expertos de la Oposición, el actual Gobierno habría desconocido o roto adoptando la línea que ha seguido con respecto a la dictadura de Maduro en Venezuela?
Señor Presidente, lo importante es el fondo de la cuestión, que a algunos excancilleres y a la Oposición pareciera dolerles en lo más profundo: haber dejado al descubierto la inacción de la Izquierda, que fue incapaz de asumir una verdadera posición de principios sobre todo ante la situación de Venezuela.
Las críticas estridentes de los personeros opositores intentan ocultar lo principal, el eje central del asunto, que es dejar al desnudo la cruda realidad del fracaso del socialismo en América Latina.
¡Eso es lo que les duele!
¡Eso es lo que les revuelve las vísceras y los impulsa a manifestar, con la estridencia con que lo han hecho, las críticas al Gobierno del Presidente Piñera por la clara y decidida gestión en favor de la democracia y la defensa de los derechos humanos en Venezuela!

El señor QUINTANA (Presidente).- Su Señoría dispone de un minuto adicional para finalizar su intervención.

El señor MOREIRA.- En conclusión, señor Presidente, la forma adoptada por los personeros de Izquierda para ganar notoriedad criticando la política exterior dista mucho de lo que hace en el sistema Westminster un gabinete en la sombra.
La versión que nos presentan esos personeros de Izquierda merece más bien la denominación de "remedo por falta de obras".
Por último, Fray Antonio de Guevara decía: "Si hay algún hombre que sea bueno, es envidiado, y si es malo, es envidioso. Así que con el vicio nacional de la envidia, o la perseguimos o somos por ella perseguidos".
Quizás es eso lo que pasa con el Presidente Piñera, porque aquí hay mucha envidia en la crítica por su liderazgo regional.
He dicho.

El señor QUINTANA (Presidente).- En el tiempo de Renovación Nacional, tiene la palabra el Senador señor Chahuán, por seis minutos.

El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, lamento el tono que ha tenido esta discusión, que es tan importante para Chile.
Cuando se es invitado a analizar las bases de la política exterior de nuestro país uno espera que exista una mirada prospectiva, es decir, que reflexionemos sobre cómo ponemos al servicio del modelo de desarrollo de Chile el instrumento de la política exterior.
Hemos visto en este Hemiciclo que se ha quebrado con la tradición de hacer de la política de relaciones exteriores una política de Estado. Resulta evidente, al escuchar las intervenciones de algunos Senadores de Oposición, la forma como tratan de llevar al plano interno aquella política de la cual debe responder el Presidente Piñera.
El Primer Mandatario ha basado su acción en materia de política exterior en torno a los ejes tradicionales que la han sostenido. Por supuesto, podemos señalar el respeto al Derecho Internacional, a la soberanía y a la intangibilidad de los tratados; la solución pacífica de las controversias; el apego a los instrumentos jurídicos que regulan las relaciones internacionales, a la democracia y a los derechos humanos.
El Presidente Piñera ha liderado en la región, utilizando los instrumentos internacionales de que disponemos, a los diferentes gobiernos para los efectos de que se respeten la democracia, los derechos fundamentales y las libertades públicas.
Por eso ha reaccionado con tal nivel de dureza y proactividad respecto de lo que ocurre en Venezuela, en Nicaragua, en Honduras, en Haití. Ha sido un Presidente que ha entendido que no puede ser indiferente frente a la violación de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. ¡Y acá no caben dobles lecturas o dobles estándares!
Pero también ha comprendido que la libertad de comercio es el motor de nuestro desarrollo. Así hemos visto en los últimos meses la profundización del Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur; la modernización del TLC con China y el Acuerdo Complementario de Servicios; el Tratado de Libre Comercio con Uruguay; la modernización del Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica; el Acuerdo de Libre Comercio con Brasil; el acuerdo comercial con Argentina; la firma del Acuerdo de Asociación bilateral entre Chile y el Reino Unido.
Pero, además, se está negociando hoy día la posibilidad de visibilizar por primera vez nuestra política exterior hacia el Medio Oriente. Se está trabajando básicamente en acuerdos que impidan la doble tributación con los países del Golfo, o con África, para, a través de Marruecos, abrir la puerta a toda la Unión Africana.
También debemos ser capaces de hacer un upgrade al Tratado de Libre Comercio con Turquía en términos de bienes y servicios.
Todo ello habla de entender que la política exterior es un instrumento de desarrollo para Chile.
Señor Presidente, claramente no es casualidad que este año nuestro país sea sede de la APEC, que en materia de política exterior es el evento más importante que haya realizado Chile en toda su historia. Durante todo el año tendremos en nuestro país no solo a los mandatarios, a los responsables de cada nación, sino también a los articuladores de las políticas de Estado de cada uno de los países miembros. Así podremos ver cómo la política exterior se pone nuevamente al servicio del modelo de desarrollo de las naciones.
Pero, además, organizaremos la COP25, pues tenemos claro que Chile es un país que debe liderar lo relacionado con los principios de sustentabilidad y el Pacto Global sobre sostenibilidad suscrito con la ONU.
Acá tenemos a una nación que no es indiferente al desarrollo sustentable y sostenible de los países y que es capaz de ser líder en estas materias.
Señor Presidente, en el proceso de modernización de la Cancillería logramos incorporar un diseño prospectivo y entender que debemos soñar el país que queremos construir para los próximos veinte o treinta años; que debemos tener un proyecto colectivo de nación; que debemos ser capaces de comprender de una vez por todas que la política exterior no solo se relaciona con abrir la llave para el desarrollo económico: también tiene que ver con la complementariedad, con la posibilidad de generar relaciones políticas, sociales, culturales como elementos determinantes.
Fue el Presidente Piñera quien lideró la creación de la Alianza del Pacífico.
Quiero decirles a Sus Señorías que la Alianza del Pacífico es la octava economía agregada más importante del mundo. Y hay más de cincuenta países que están observando lo que ocurre con este bloque comercial.
Una nación como Chile fue capaz de liderar junto a México, Colombia y Perú un proceso de integración importante, con cambios en las normas de origen, entendiendo que la Alianza del Pacífico se pone al servicio del desarrollo de nuestro continente y del resto del mundo.
Pero, además, se trata de un país que no cae en las pequeñeces, por ejemplo, del doble estándar en materia del TPP11. Porque fueron justamente quienes hoy día están en la Oposición los que lideraron esos procesos.
Chile ha entendido, y en particular el Presidente Piñera, que la política exterior es una política de Estado.
Señor Presidente, yo me quiero quedar con la propuesta inicial, con comprender que acá no podemos usar la política exterior como un instrumento de política interna.
En tal sentido, quiero pedirles a los Senadores de Oposición que hagan una retrospectiva -estamos hablando de que exista una mirada prospectiva de la política exterior- de las declaraciones que han formulado en la Sala, para que podamos entender que el reduccionismo pequeño en esta materia le hace mal a Chile. Y quiero invitarlos a seguir con coherencia y consistencia lo que ha sido nuestra política exterior, que está al servicio del modelo de desarrollo de nuestro país.
He dicho.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Pizarro, por diez minutos.

El señor PIZARRO.- Señor Presidente, considero que la primera intervención del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores colocó en buenos términos el debate que queremos llevar a cabo en la Sala con el señor Canciller y su equipo más cercano, a quienes aprovecho de darles la bienvenida y agradecerles por estar presentes en un debate como este.
Me parece que la preocupación que debe de tener hoy día la comunidad nacional por el rumbo que han tomado las decisiones sobre política exterior es bastante más amplia y compartida por los sectores que importan en la materia y por la opinión pública de lo que muchos de nosotros pensamos o de lo que en determinado momento pueda significar una opinión frente a cierta coyuntura o a un hecho que tenga que ver con la política exterior.
Creo que la inquietud está dada porque hay una secuencia de decisiones, de opiniones, de hechos que van marcando un cambio significativo en lo que ha sido el manejo de la política exterior de nuestro país. Esa serie de situaciones empezó a generar la preocupación que motivó la celebración de esta sesión especial.
A uno le nace como algo lógico y natural pensar que aquí hay una mezcla entre improvisación y una visión más ideológica.
Ahora bien, en cuanto a lo que puede ser una visión más ideológica sobre la forma de llevar las relaciones internacionales o cómo un país se inserta en la comunidad internacional, en general no tengo reparos, pues los gobiernos tienen su sello ideológico, su matriz, su pensamiento, sus afinidades.
Por lo tanto, cuando, por ejemplo, solo se pone énfasis en los acuerdos bilaterales de índole comercial, podemos señalar que ello obedece a cierta lógica. Pero no es la única mirada que puede tener la política exterior de un país. Porque sabemos que solo establecer acuerdos comerciales o seguir profundizando lo que hemos venido haciendo por décadas en la materia (a Chile le ha ido bien en el ámbito comercial) no es suficiente para darle sustentabilidad y sostenibilidad al proceso de desarrollo económico y social de nuestro país.
En tal sentido, para sustentar ese proceso la política exterior ha de ser integral.
Y ahí es donde se empiezan a producir las diferencias. Porque, más allá de lo comercial o lo netamente económico, tenemos el ingrediente político, el ingrediente social, el ingrediente cultural; la realidad de nuestro país inserto en América Latina, y específicamente en América del Sur, donde, además, estamos supeditados a condicionantes históricas respecto de la relación con nuestros vecinos.
Son cuestiones que no se pueden separar. Uno debe entender que una política exterior necesariamente ha de tener consensos internos que le permitan ser sustentable en el tiempo y creíble.
Me parece que el mayor problema que ha tenido este Gobierno en el último tiempo -y por ello decimos que hay improvisación- es que ha perdido con mucha rapidez su credibilidad, que en el ámbito internacional cuesta mucho ganar.
Ganar credibilidad y confianza es producto de políticas permanentes, sustentables, en que -como señaló el Senador Lagos- la visión que tiene el resto de los países en cuanto al rol que juega Chile en la comunidad internacional en términos positivos es predecible, no impredecible como ocurre con muchos otros gobiernos. O sea, siempre vamos a estar por fortalecer el multilateralismo, nuestra participación en los organismos internacionales, la vigencia del Derecho Internacional; por proteger los derechos de las personas, las libertades, la democracia, en fin.
Es un conjunto de elementos; no podemos pensar solo en una cosa.
La improvisación, que es lo que a mi juicio le está imprimiendo un sello a este Gobierno -se lo dije al propio Canciller en una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores-, está debilitando a la Cancillería y a la política exterior de nuestro país. Y también está disminuyendo las opciones que tiene Chile para implementar un proyecto de desarrollo que vaya más allá de un gobierno, que es a lo que aspiramos todos.
Ejemplos de lo que señalo hay muchos. Hemos observado aquello desde que asumió la actual Administración.
El tema migratorio es lo que ha marcado más esa situación.
¿Por qué digo que hay improvisación o ideología detrás de esto? Porque en esta materia claramente se ha ido imponiendo una cuestión más bien ideológica, en que la seguridad interior y la forma de abordarla es lo primordial y no lo vinculado con el fenómeno migratorio en cuanto parte de una política exterior o de una realidad que vive el mundo y de la cual Chile hoy día es un actor principal.
Ahí es donde vemos improvisaciones y comenzamos a darnos cuenta de que se están produciendo cambios que van afectando la credibilidad, la seriedad de nuestro país. Y entonces surgen estos consensos internos de los cuales muchos hablan, pero cuando llega el momento de implementarlos no siempre son tan reales.
Creo que ahí es donde estriba el mayor problema.
No es posible que la política migratoria se desarrolle como un asunto de orden y seguridad y se deje de lado la mirada integral con que se planteó el Pacto Migratorio, que respeta la visión multilateral en la materia.
¡El que informó al país que no íbamos a firmar el Pacto Migratorio fue el Subsecretario del Interior, después de que el Presidente Piñera había respaldado en las Naciones Unidas con gran efusividad -como es su característica- el trabajo que había hecho Chile en la construcción de ese acuerdo!
Aquí se ha hablado del Acuerdo de Escazú; hemos visto también lo que ha sucedido con la implementación de nuestras delegaciones en el exterior, en fin.
Por eso digo que hay improvisación y que vemos debilidad en la Cancillería.
El año pasado teníamos 77 misiones diplomáticas. Y hasta diciembre había nueve que no contaban con un embajador: Uruguay, Francia, Italia, India, Etiopía, Palestina, Indonesia, Ghana y Siria.
Señor Presidente, nosotros debemos aprovechar todas las oportunidades que tenemos para dialogar con altura de miras respecto de lo que hemos de hacer en materia de política exterior.
La sensación de que estamos perdiendo el rumbo es cada día mayor. Y ni siquiera voy a entrar a analizar los temas que se han suscitado en el último tiempo a propósito de Venezuela, de los ataques permanentes a la Presidenta Bachelet, de los dimes y diretes que se generan por usar la política exterior para fines internos, en función de encuestas o de situaciones de coyuntura.
Me parece que hay una necesidad de retomar un diálogo interno en estas materias. Y la invitación del Senado debería ser a retomarlo, aun cuando tengamos que pasar por el bochorno de decirnos o escuchar algunas cosas respecto de las cuales en realidad no hay mayores comentarios que hacer, pues forman parte del debate político.
Pero, señor Canciller -aprovechando su presencia-, creo que la invitación tiene que ser a retomar el diálogo y la búsqueda de acuerdos en este ámbito. No podría ser de otra manera, porque, como señalé recién, cuesta mucho ganar credibilidad y confianza, y es muy fácil perderlas. Y el problema es que las estamos perdiendo. Cuando el resto de los países ya no sabe qué va a hacer Chile o a qué atenerse, quiere decir que estamos perdiendo credibilidad, coherencia y fortaleza para implementar una política que sea beneficiosa para todos los chilenos.
En cuanto al tema migratorio, es algo que aquí se ha criminalizado. Yo invitaría a los colegas a leer o escuchar el informe que entregó el Presidente del Banco Central respecto del fenómeno migratorio y los efectos positivos que tiene para la marcha económica del país. ¡Porque si vamos a hacer un debate, hagámoslo en serio y con antecedentes objetivos!
Para muchos de nosotros fue una sorpresa aquello.
Yo siempre he sostenido que la migración es una oportunidad para Chile. Pero cuando se criminaliza, cuando uno se queda en los calificativos o en los descalificativos, entonces no avanzamos nada. Por eso creo que este tema, que está en discusión hoy día en la Comisión de Gobierno, debiera ser parte prioritaria de la agenda legislativa no solo del Senado, sino que tendría que transformarse en un debate mucho mayor en el país.
Señor Presidente, vuelvo a insistir -porque entiendo que se me acaba el tiempo- en que de las crisis o de los problemas siempre hay que sacar oportunidades. Y la oportunidad de retomar un debate en serio con el Canciller y su equipo acá, en el Senado, debiera ser por lo menos uno de los objetivos por conseguir en esta sesión.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- En el tiempo del Partido Revolución Democrática, tiene la palabra el Senador señor Latorre, por dos minutos.

El señor LATORRE.- Señor Presidente, debemos situar la política exterior en el contexto en que se ha desarrollado en los últimos años el sistema internacional: representantes de diferentes sectores políticos disienten del multilateralismo, propugnando discursos populistas de corte nacionalista. Estos discursos son una respuesta a una globalización que fortaleció el libre comercio sin estructuras de gobernanza, privilegiando a multinacionales y al sistema financiero, en detrimento de los sectores mayoritarios de la población.
Podemos apreciar la dificultad en que se encuentra el sistema internacional, al momento en que resulta muy complicado suscribir acuerdos globales respecto del cambio climático o del pacto global de migraciones desde el paradigma de los derechos humanos.
Por eso, consideramos muy importante la posibilidad de discutir las bases de la política exterior de Chile, pues vemos con preocupación el curso que ha tomado la política de Gobierno en esta materia.
Las últimas acciones del Presidente de la República, como el acto realizado en Cúcuta, Colombia; el hecho de impulsar la creación de Prosur, y, finalmente, la visita del Presidente de Brasil, Bolsonaro, resultan preocupantes. En efecto, se realiza una política exterior irresponsable, que se inmiscuye en el límite de la soberanía de otros Estados (como en el caso del acto de Cúcuta), que superpone instancias de integración regional que no tienen un objetivo claro que permita el desarrollo de la región en su conjunto.
Por último, la visita de Bolsonaro es particularmente preocupante, pues el Gobierno de Brasil no solo realiza múltiples acciones que atentan gravemente contra los mínimos democráticos, sino que además ha distanciado a dicho país de instancias extremadamente relevantes. El mejor ejemplo es que el actual Gobierno brasileño se ha alejado en gran medida del Acuerdo de París, no contribuyendo a mitigar emisiones de contaminantes, desprotegiendo el pulmón verde del mundo, como es el Amazonas, y debilitando la adaptación de las comunidades y ciudades a ser más resilientes al cambio climático.
La pregunta es: ¿queremos seguir ese camino que está trazando Bolsonaro?
El Gobierno impulsó que Chile fuera la sede de la COP25. Esto nos parece fundamental. El cambio climático es probablemente el gran desafío que tenemos por delante a nivel planetario.
Sin embargo, queremos expresar nuestra preocupación, pues la COP25 no puede tornarse...

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- Dispone de un minuto adicional, señor Senador.

El señor LATORRE.- Gracias, señor Presidente.
Decía que no podemos permitir que la COP25 se transforme en una instancia exclusivamente de visibilidad para el Presidente y para el Gobierno. En tal sentido, como lo han mencionado otros Senadores, urge firmar el Acuerdo de Escazú y también enviar los proyectos vinculados con Biodiversidad y con la Ley Marco de Cambio Climático. Es preciso que el país tenga un compromiso efectivo en relación con los compromisos de la COP25, que vayan en aumento respecto de obligaciones anteriores.
Por último, simplemente, invitamos al Gobierno a no verse arrastrado por proyectos políticos nacionalistas, populistas, de corto plazo, que denostan las instancias de cooperación multilateral y que erosionan la posibilidad de que nuestra región -Latinoamérica- se vea fortalecida.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- En el tiempo del Comité Renovación Nacional, tiene la palabra el Senador señor Ossandón, por cuatro minutos.

El señor OSSANDÓN.- Señor Presidente, seré muy breve, porque se han repetido varios argumentos y creo que las posiciones están claras.
En primer término, a mi juicio, aquí estamos frente a un tema político.
Se habla mucho de la política internacional y de que esta no debe mezclarse con la política interna. Pero lo que hemos visto es que el problema es interno.
Hemos observado claramente cómo ex Cancilleres y personeros de la ex Nueva Mayoría han reclamado porque ellos estiman que hay un cambio de rumbo en la política exterior chilena.
También han hablado -y aquí mismo lo han hecho- de populismo, de improvisación.
Pero la verdad es que esos comentarios, sin duda, son parte de una estrategia política.
Hemos sido testigos de que los famosos pactos de las Naciones Unidas sobre migraciones y de Escazú no fueron consultados. Sin embargo, nosotros, cuando estuvimos en la Oposición, siempre apoyamos mucho las posiciones que tuvieron otros gobiernos.
Cuando escucho hablar aquí de migración, en verdad me causa sorpresa lo que se dice, como si no hubieran gobernado nunca.
La problemática de la migración en el Gobierno pasado fue extremadamente grave.
Y, claramente, esta discusión ha sido del todo elitista, de sectores a los que les convienen profesionales que vienen arrancando de otros países -a quienes pueden contratar a bajo precio- o asesoras del hogar.
Pero esa no es la realidad que se vive en las poblaciones. No es que la gente de ahí mire en menos al migrante, sino que percibe que este le quita el cupo en el consultorio, en el jardín infantil o en la sala cuna. Y lo que ellos desean es que la caridad parta primero por casa. No es que estén en contra del migrante; al revés.
Claramente, la migración es un desafío y una tremenda oportunidad.
En el caso de Prosur, que tanto le ha dolido a mucha gente, el éxito es evidente.
¿Cómo podemos evaluar una Cumbre como la de Prosur? Contestando preguntas como: ¿quiénes vinieron?, ¿cuántos Presidentes asistieron?, ¿cuántos Cancilleres adhirieron?
Eso es lo importante.
Por cierto, el G20 y el G7 demuestran que no solo las organizaciones, sino también los pactos pueden dar grandes resultados.
Hoy día, el Presidente Piñera tiene un liderazgo clarísimo en la defensa de los derechos humanos, que en el pasado era patrimonio de los de enfrente. Ahora no es patrimonio de ellos, sino de todo el mundo.
Yo tengo claro que muchos de ustedes tienen un tremendo problema en reconocer que el Gobierno del señor Maduro se transformó en una dictadura, como muchos de mis colegas tampoco se atreven a reconocer que el Gobierno militar también se transformó en una dictadura. Porque las dictaduras no corresponden ni para la Izquierda ni para la Derecha.
Pienso que aquí hay un tema de celos, producto de que un Presidente ha sido capaz de desarrollar un liderazgo tan potente en la defensa de los derechos humanos.
En consecuencia, debemos ser responsables, tratar de que no se produzcan descalificaciones personales y retomar un diálogo. Pero ese diálogo no se da manejando las relaciones internacionales, porque ello le corresponde al Presidente Piñera.
Seamos francos. Yo por lo menos estaba muy asustado con todo lo de Prosur, porque podría haber sido un fiasco. Fue una apuesta superarriesgada. Me acordé de cuando el Presidente Piñera, en su primer Gobierno, sacó a los mineros y resultó exitoso. Con Prosur ocurre lo mismo.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Lagos, por cuatro minutos.

El señor LAGOS.- Señor Presidente, son cortos los tiempos de cada Comité, pero en todo caso seré muy breve.
El sentido de esta sesión, como he escuchado a algunos señores Senadores -tal vez uno habla en difícil-, no es cuestionar la política migratoria del Presidente Piñera. Él ha adoptado medidas administrativas que no son el tema de la discusión.
La pregunta es si todo lo que ha hecho domésticamente el Gobierno del Presidente Piñera se contraponía o no al Pacto Mundial sobre Migración.
Entonces -y les pido un poco de concentración-, yo puedo discrepar o no de lo que haga el Presidente Piñera domésticamente. La pregunta es si el Pacto Mundial sobre Migración debía ser rechazado de la forma en que se hizo, pues se suponía que ese tratado le iba a poner trabas al accionar doméstico del Gobierno.
Sin embargo, sobre eso no hay nada.
Esa es la improvisación del Gobierno, no de la Cancillería. El Ministerio de Relaciones Exteriores trabajó ese Pacto Mundial sobre Migración durante meses, y por meses dijo que se iba a aprobar. Y el mismo Presidente Piñera así lo señaló.
Entonces, la pregunta que uno se hace acá es por qué hubo ese cambio brusco -¡brusco!- un fin de semana, desde la Escuela de Caballería de Quillota, para decirle al embajador chileno, que estaba en Marraquech: "Oiga, desacredite a la delegación y vuelva, porque cambiamos de opinión". "¡Pero cómo! ¡Si el Presidente acaba de anunciarlo en Naciones Unidas hace menos de seis semanas!". "Sí, pero es que cambiamos de opinión".
Entonces, eso es lo que debilita a la Cancillería y la moral de los funcionarios. ¡De eso estamos hablando!
Entiendo que a veces esto es un juego de máscaras y cada uno dice lo que tiene que decir. Pero el problema es que ha habido un cambio con relación a dónde están nuestros acentos en política exterior.
Ese es el punto que queríamos hacer en esta sesión y entender por qué.
Sin embargo, de acuerdo con lo que he escuchado hasta ahora -espero que el Canciller tenga un punto de vista distinto-, y lo digo con mucho respeto, creo que mis colegas erraron el punto.
No cuestiono la decisión del Presidente de la República en orden a restringir el acceso a los migrantes. Lo puede hacer. Está en su derecho. Podemos pensar distinto.
Pero mi pregunta es: ¿y para eso era necesario botar el Pacto Mundial sobre Migración? Y las respuestas que han dado han sido no solo deficientes, sino que, además, no han sido veraces.
Con el Acuerdo de Escazú, lo mismo.
Toda la argumentación que se dio apuntaba a la demanda de Bolivia, al Tribunal de La Haya, y nunca más supimos nada. ¡Ganamos La Haya, pampeados! ¡Nos dieron la razón! Con mayor razón el Gobierno podría haber aprobado el Acuerdo de Escazú. ¡Silencio! ¿Por qué? Porque, como se dice bajo cuerda: "Yo estoy preocupado de la ley lafquenche, de las empresas y de las inversiones en Chile. Por eso no quiero nada que vaya a darles más derechos a los ambientalistas ni a proteger sus derechos humanos ni que haya mayor transparencia en la información".
¡Esa es la verdad!
Entonces, ese es un cambio de política. Pero díganlo así y no señalen algo que no es cierto: que estos tratados nos amarran en materia de soberanía.
Cada vez que un país acuerda algo que tiene dientes en el ámbito internacional, entrega soberanía. Esa es la esencia del intercambio internacional. "¿Usted quiere 200 millas? Entrego soberanía". "¿Usted quiere un acuerdo comercial? Entrego soberanía". "¿Usted quiere acuerdos medioambientales? Tengo que someterme. Asumo compromisos y obligaciones. Sí, me arresto". ¡Eso es de la esencia! ¿O quiere puros derechos y cero obligaciones? ¡Eso no existe!
Ese es el punto que estaba tratando de plantear.
Ojalá el Canciller tenga alguna respuesta para ver cómo avanzamos en esta materia.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- En el tiempo que resta al Comité Partido País Progresista e Independientes, tiene la palabra el Senador señor Navarro.

El señor NAVARRO.- Señor Presidente, por su intermedio, al Senador Moreira, ¡una vez golpista, siempre golpista! Y si Lenin Moreno es socialista, entonces el papa es un guerrillero.
Es un hecho irrebatible e incuestionable que Piñera y su Canciller han dinamitado la política exterior chilena.
Piñera se ha aliado con Trump y los halcones de Washington para una guerra. Estados Unidos la quiere y Chile ha servido para ese propósito.
Piñera se alía con Estados Unidos y Colombia para invadir Venezuela y asesinar al Presidente Nicolás Maduro.
¡Chile calla ante los 650 dirigentes sociales asesinados en Colombia!
¡Chile calla ante los asesinatos y torturas contra jóvenes y mujeres en Palestina cometidos por el Estado de Israel!
¡Piñera humilla la memoria de Allende al llevar a La Moneda a un teniente fascista, hoy Presidente de Brasil!
Por ello, quizás lo único rescatable de esta situación es que Chile requiere terminar con la monarquía presidencial.
El Senado, el Parlamento deben ser parte de la política exterior de Chile.
¡Ya no más una política exterior dirigida por una sola persona bajo su propia conducta!
Chile debe hacer un debate más amplio para saber cómo nos relacionamos con el mundo, lo que no responde solo al comercio, sino también a los valores.
En mi opinión, nuestro país ha equivocado su camino.
Chile no puede apoyar un golpe de Estado. Y lo que está haciendo en Venezuela es criminal. Y los que llevan adelante esa política son unos criminales, porque la invasión de Estados Unidos no puede ni debe ser jamás apoyada por Chile.
Sin embargo, eso es lo que está haciendo nuestra política exterior, apoyada por el Canciller, que está a mis espaldas, y por el Presidente de la República, bajo el pretexto de la democracia, democracia destinada a seguir con los paraísos fiscales, donde nuestro Presidente tiene la mayoría de su fortuna.
¡Quiero una política exterior chilena que mantenga la tradición que ha tenido y que se aleje de los golpes de Estado!
El señor MOREIRA.- ¡Le faltó decir "Viva la patria"...!

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- En el tiempo que resta al Comité de la UDI, tiene la palabra el Senador señor Coloma.

El señor COLOMA.- Señor Presidente, he escuchado atentamente esta sesión y a mí no me cabe duda de que puede haber una fórmula más reflexiva, como la del Senador Pizarro, o una más belicosa, como la que utilizó el Senador Insulza.
Lo concreto es que lo que aquí está intentando hacer la Oposición es crear un clima completamente artificial en materia de política exterior.
Se quiere decir que hay un antes y un después y que, de pronto, porque algunos Senadores se iluminaron en esta sesión, la política exterior chilena, que ha sido exitosa, pasa a ser un fracaso porque algunos así lo determinaron.
Perdóneme, señor Presidente, pero yo estoy en completo desacuerdo con la tesis y con el contenido.
Primero, acusan al Gobierno -yo me siento parte de él- de que se ha abandonado el multilateralismo. Y lo hacen de una forma muy rara, pues pareciera que es multilateral el que aprueba la mayor cantidad de tratados posible, como si el mejor compañero del curso o el más inteligente fuera el que aprueba todo.
Yo nunca he creído eso, señor Presidente.
Los países tienen que aprobar los tratados correctos.
Este año hemos aprobado el Estatuto de los Apátridas, el Pacto Mundial sobre los Refugiados -ambos me parecen bien- y otros instrumentos que dicen relación con la trata de personas, los trabajos forzados y la esclavitud.
Son tratados que tienen sentido y que le dan coherencia a una política universal para afrontar problemas complejos.
Por ello, con la misma convicción con que uno aprueba, tiene derecho a desechar aquellos instrumentos que no considera buenos.
Y yo me quiero hacer cargo de eso.
Escazú me parece un mal tratado. Yo lo leí varias veces. Creo que es un pacto vago, por esencia, que propone una fórmula equivocada para resolver conflictos.
No me parece razonable entrar en un pacto que puede traer malos efectos para Chile.
Con respecto al Pacto sobre Migración, considero que es un mal instrumento, distinto de la buena política pública que ha tenido Chile en esta materia, donde gracias a este Gobierno se ordenó la casa. Porque -reconozcámoslo- teníamos un gigantesco problema en ese ámbito.
Adicionalmente, quiero recordarles que a la Minustah -y yo nunca caí en el cuento de decir que era parte del multilateralismo fundamental entrar en Haití- hoy día el mundo la considera un grave error. Cinco -¡cinco!- militares chilenos murieron, mil seiscientos millones de dólares le costó al mundo y hoy día ese país está peor que hace trece años. ¡Peor! ¿Por qué? Porque el multilateralismo, al cual nos convocaban, fracasó, porque las cosas siempre tienen que ser bien pensadas, con un sentido largo y no con uno breve.
O sea, de multilateralismo, ¡por favor!
Han cometido graves errores.
Y el multilateralismo jamás se debe confundir con aprobar lo que me pongan por delante, porque tengo el derecho a pensar.
¡Eso jamás podrá ser abdicado!
Segundo, nos acusan de aislamiento. ¡Qué aislamiento, señor Presidente! Nuestro país fue invitado a la reunión del G20 y será sede -gracias a una política tradicional- de las reuniones de la APEC -que ya viene- y del COP25, que es uno de los eventos más importantes del mundo para fijar políticas públicas.
¿Es un país aislado aquel que será sede de las reuniones de las dos organizaciones mundiales más grandes hoy día o aquel que es invitado al G20, instancia en la cual solo algunos pueden participar?
Algunos pueden querer que Chile esté aislado, pero la verdad es que se halla completamente inserto en la comunidad internacional, porque tiene una historia y porque su Presidente de la República da confianza.
Por último, señor Presidente -y aquí sí ustedes tienen razón-, se ha sostenido que hay un cambio en la política internacional. Ustedes lo miran con mucha preocupación. Yo reconozco que hay un cambio, y lo miro con aplausos: el de la proactividad sudamericana.
A mí me duele, porque fui parte de ese proceso, lo que ha sucedido con Unasur, organismo que fue creado para agrupar a los Presidentes sudamericanos y que no se reunió en cinco años. ¡En cinco años, nada!
¿Qué pretendían? ¿Que nadie hiciera nada?
¡No! El Presidente decide colaborar en la creación de otro organismo, que ya se reunió y funcionó: Prosur.
Entonces, ahí están los defensores de Unasur y ahí, los de Prosur.
¿Es más correcto apoyar a Unasur, una institución que no funciona para nada, que fue lamentablemente manejada en forma ideológica, al punto que el propio Presidente de Ecuador la claudicó, diciendo que la sede donde funcionaba era un malgasto ideológico y de tiempo?
Por otro lado está Prosur, una organización nueva que se está reuniendo, que no pretende ser más que un foro de conversación, y ¡por Dios que son importantes el foro y la conversación!
¿Ha habido cambios? Sí, ha habido cambios, y este me parece positivo.
Pero no es lo único. También ha habido un cambio de actitud, por ejemplo, frente a Venezuela. ¡Es cierto!
¿Alguien pone en duda hoy día que en Venezuela se violan gravemente los derechos humanos?
¿Alguien pone en duda que hay hambre en Venezuela?
¿Alguien pone en duda que muere gente en Venezuela?
¿Y qué debe hacer un gobierno que cree en la democracia, en la libertad y que ha suscrito todo tipo de acuerdos? ¿Esperar a la vera del camino a que siga muriendo gente? ¿Esperar como si no pasara nada, para que la historia nos diga después que fuimos irresponsables? ¡No!
¿Corrió riesgos? ¡Sí, y me alegro de que lo haya hecho!
El mundo puede tener claro que hay Presidentes -no fue el único- que son capaces de correr riesgos por la defensa de valores comunes.
¿Qué valor se ha violentado? ¿Se ha violentado el valor de la defensa de la democracia, de la libertad o del derecho de cada uno a tener una vida sustentable?
¡Al contrario, se ha recogido y se ha dado testimonio!
Eso me gusta, me parece bien. Se hizo lo correcto, tal como en otros momentos otros Presidentes de Chile, de signo ideológico distinto, lo han hecho.
¿Ha habido un cambio? ¡Sí, de la inacción a la acción; de la percepción distante al involucramiento!
Me gusta ese tipo de liderazgo, eso es lo que destaca a Chile.
Por eso, señor Presidente, aquí existe un clima artificial. Yo soy plenamente defensor de la política exterior chilena.
He dicho.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- En el tiempo que resta al Partido Renovación Nacional, tiene la palabra el Senador señor Allamand.

El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, quiero dar un pequeño giro con relación a lo que ha sido el interesante debate que hemos tenido y convocar a los Honorables colegas a hacer un ejercicio distinto: preguntémonos cuál habría sido la política exterior del actual Gobierno si simplemente hubiera seguido las orientaciones que ha planteado la Oposición.
Si se hubiera hecho ese ejercicio y hubiéramos seguido ese derrotero, lo primero que habría que decir es que no habríamos reconocido al Presidente encargado en Venezuela, Juan Guaidó. Es decir, frente a la situación más crítica de la región, habríamos tomado un camino completamente distinto al de la mayoría de los países de la subregión y nos habríamos apartado aproximadamente de sesenta naciones que han optado por esa vía, incluyendo las democracias más importantes del mundo.
En segundo lugar, señor Presidente, quizá habría sido difícil para nosotros mantenernos en el Grupo de Lima, que monitorea la situación de Venezuela.
¿Por qué lo digo? Porque quiero compartir con ustedes la declaración que formuló un conjunto de miembros de la Oposición, entre ellos, a lo menos tres Senadores que se encuentran presentes en esta Sala -o si no, que debieran estar acá-, donde se dice lo siguiente.
Se plantea que el Grupo de Lima que integran, entre otros, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Canadá y México, ha sido "extremadamente débil en la defensa de una salida pacífica a la crisis venezolana"; que en los hechos "se ha plegado a la estrategia norteamericana", para terminar diciendo que los latinoamericanos no podemos exponer a ninguno de nuestros países a "un baño de sangre".
Señor Presidente, ¿qué diplomacia o qué política exterior se puede apoyar en la injuria y el insulto a países tradicionalmente amigos de Chile?
¿Qué cosa más grave se le puede decir a un país que señalar que en definitiva ha erradicado su soberanía para someterse a los dictados de otro país y que está promoviendo ni más ni menos que una salida no pacífica a una crisis?
Señor Presidente, si esa es la orientación diplomática que querían que el Gobierno chileno siguiera, ¡por suerte que no lo ha hecho!
Quizá tampoco estaríamos en la Vicepresidencia del grupo de trabajo de la OEA que está monitoreando también la situación de Nicaragua.
Yo he buscado con bastante interés si existe algún pronunciamiento opositor en relación con la crisis nicaragüense, y no he encontrado ninguno.
En cuarto lugar, no habríamos creado Prosur.
¿Qué decía la Oposición respecto de Prosur pocos días antes de que tuviera lugar la reunión? Vuelvo a leer el mismo documento: "Prosur es una proposición inconsulta, sin trabajo preparatorio, hecha de un día para otro. Es una simple ocurrencia".
Volvamos a la reflexión anterior: ¿les vamos a decir a todos los países de la región que estuvieron acá, y a los ocho países que suscribieron el acta fundacional de Prosur, que se están sometiendo a una política improvisada y que es simplemente una ocurrencia?
¿Ese es el respeto que le tenemos a la política exterior de los países amigos de Chile?
Señor Presidente, ¡por suerte que no adoptamos ese camino!
Con relación a Brasil, ¿qué ha hecho Chile? Chile ha intensificado sus relaciones, más allá de la opinión que se tenga del Presidente Bolsonaro, con un país que es clave en la región sudamericana y que, entre otras cosas, es el destino de la mayoría de nuestras inversiones.
Hemos revisado cinco de las cuestiones más polémicas que hemos tenido en esta discusión. Y creo que ha quedado más que manifiesto que habría sido ¡un error gigantesco seguir las orientaciones que la Oposición ha planteado!
Lo vuelvo a decir: no habríamos reconocido a Guaidó como Presidente encargado; no estaríamos como estamos en Nicaragua; no estaríamos como estamos en el Grupo de Lima; no estaríamos como estamos impulsando Prosur y no habríamos densificado nuestra relación con Brasil.
Entonces, para ir concluyendo, ¿quién se aparta de los verdaderos propósitos de la política exterior chilena? Como he señalado, si hubiéramos seguido las orientaciones de la Oposición, hoy día tendríamos una enorme brecha entre la política exterior de todos los países de América del Sur y lo que nosotros hemos hecho frente a las crisis más importantes.
Se dice que la política exterior del Gobierno nos ha hecho perder credibilidad. ¡Es exactamente al revés!
¿Qué nos habría hecho perder credibilidad? Separarnos en todas estas materias de casi todos los países de la región.
Entonces, ¡esto es bien curioso...! La Oposición critica al Gobierno porque, supuestamente, no adopta caminos multilaterales. Y cuando los adopta, con la inmensa mayoría de los países de la región, entonces, en un acto de incoherencia completo, se plantea que debiera actuar solo.
Señor Presidente, ¡gracias a Dios que la política exterior chilena no ha seguido las orientaciones, los presupuestos y las premisas que ha formulado la Oposición!
¡Gracias a Dios que eso no ha ocurrido!
Por suerte, tenemos una política exterior vigorosa, coherente y orientada a los intereses superiores del país.
He dicho.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- Por último, en el tiempo que resta al Partido Socialista, tiene la palabra el Senador señor Insulza.

El señor INSULZA.- Señor Presidente, en los minutos que me quedan voy a comentar en forma breve algunas cosas.
En realidad, al Senador Allamand se le olvidó mencionar el Acuerdo de Escazú y el Pacto Migratorio.
El Pacto Migratorio lo han firmado todos los países de América del Sur. Por cierto, el Presidente Bolsonaro informó que Brasil se retiraba del Pacto el 19 de enero.
Con respecto a Escazú, salvo Colombia, Chile y Venezuela, todos los demás países de América del Sur lo han suscrito.
Entonces, si el Presidente Piñera hubiese hecho lo contrario de lo que hizo, estaría en la mayoría.
Podría agregar una cantidad de otros elementos, pero no entraré en una discusión en relación con los detalles de este asunto.
Creo que se han dicho muchas cosas que son francamente verdades falsas; son una irrealidad, absolutamente. Se han citado de manera tergiversada nuestros documentos; se han atacado cuestiones que nosotros hemos planteado desde siempre.
La Presidenta Bachelet formó el Grupo de Lima, no el Presidente Piñera, para empezar; no hay que olvidar eso. El Canciller Muñoz y yo fuimos vigorosamente criticados desde Venezuela por lo que decíamos de ese país.
Entonces, digamos las cosas con franqueza.
Un último detalle: la Coordinadora del Pacto Migratorio es una persona tan tremenda que la nombramos nuestra jueza ad hoc ante la Corte de La Haya.
Por lo tanto, no sigamos entrando en ese tipo de detalles, porque podemos mencionar muchos otros.
Quiero solamente hacer una reflexión.
A mí me asusta, en realidad, cuando leo quiénes no firmaron el Pacto de Marrakech: Estados Unidos, por cierto; se retira ahora Bolsonaro; Austria, el país con la Administración más de Derecha de Europa; Hungría; Italia, con su nuevo gobierno -yo diría- nacional populista, como algunos de los mencionados; Polonia; Eslovaquia.
Hay una ola de nacional populismo que recorre el mundo. Yo reconozco que existe, y es un peligro. Empieza probablemente en las Filipinas; avanza hacia Turquía; se viene por Europa, a través de varios de los países que he mencionado, y llega a América en los Bolsonaro y los Trump.
Ahora, si ustedes aspiran a ser parte de esa ola, les quiero advertir que sería muy grave, ciertamente. El nacional populismo puede ser la gran plaga de nuestro tiempo y destruir la paz mundial. A mí no me gusta ver a Chile ahí. No me gusta ver a Chile sentado con esta gente, cuando se podía haber incorporado tranquilamente a los países -creo que fueron 154- que firmaron el Pacto y no esgrimieron ningún inconveniente para hacerlo, pese a que tienen serios problemas migratorios.
Entonces, cuidado con el nacional populismo. Porque el día de mañana puede que les aprieten el cuello y les pidan que pongamos la embajada en Jerusalén. Como lo ha hecho ahora Trump, sin ni siquiera preguntarle a Israel. Seguramente le consultó al señor Netanyahu, quien también es parte de este gran movimiento, por el asunto del Golán. Es primera vez que un Presidente proclama que un territorio pertenece a otro país que no lo ha declarado todavía.
¿Qué pasará cuando les empiecen a pedir que coloquen la embajada en Jerusalén y algunas otras cositas que están haciendo?
Yo quisiera preguntarle al Canciller, derechamente, si alguna vez vamos a cambiar la embajada a Jerusalén. Y me van a decir, por cierto, que hay una colonia palestina importante en Chile, por lo que no se puede hacer. No, ¡si Bolsonaro lo hizo con un millón de libaneses viviendo en Sao Paulo, no más!
No quisiera pasar por esas vergüenzas con este país, francamente. Yo quisiera una política exterior democrática como la que hemos tenido, que muestra, como dice el Senador Allamand, muchas fallas. Ciertamente, en muchas cosas nos podemos haber equivocado, pero por lo menos mantenemos algunos principios democráticos y ustedes van a tener hartas dificultades si siguen detrás de los nacional populistas que hoy día tratan de apoderarse del sistema internacional.
Muchas gracias.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- No hay más inscritos ni tiempos disponibles.
A continuación, tiene la palabra el Canciller, don Roberto Ampuero.

El señor AMPUERO (Ministro de Relaciones Exteriores).- Muchas gracias.
Señor Presidente, por intermedio suyo, saludo a todos los Senadores, a las Senadoras aquí presentes y agradezco enormemente esta invitación y esta posibilidad de compartir con ustedes algunas reflexiones.
Lo primero que quiero decir, ya que estamos en este ámbito, es que las puertas de mi despacho siguen, como siempre, abiertas a los parlamentarios y a los expertos en política exterior. Muchos de los legisladores que han hablado hoy, aquí y en otros ámbitos, saben que mi oficina se halla siempre dispuesta para conversaciones muy francas, muy cordiales, y mi mejor ánimo también. Y saben, además, que encuentran permanentemente en mí a un interlocutor respetuoso. Pero sí me interesa mucho que el tono que se mantiene en las conversaciones en mi despacho -a veces con un almuerzo, con un café- permanezca también en términos públicos. Porque la dicotomía entre una conversación a ese nivel y después lo que se transmite en público me causa cierta desazón. Puede ser porque no tengo una tradición política muy desarrollada; no sé, no quiero aventurar.
En todo caso, quiero dejar la invitación extendida a los Senadores, al Senado en general a conversar conmigo siempre. Encontrarán la puerta abierta.
Quiero también manifestar otro elemento que me sorprende. Escuchando a los Senadores de Oposición, llego a la conclusión de que todo, absolutamente todo lo que se ha hecho en política exterior es muy malo. No hubo en ningún momento algún tipo de reconocimiento a alguna mínima medida que haya sido adecuada, afortunada por parte del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera.
Por mi lado, considero que siempre las cosas se pueden hacer mejor; así que no estoy en la posición de los absolutismos.
También quiero manifestar lo siguiente.
Yo pediría que en el análisis de la política exterior tuviésemos realmente una altura de miras y la viéramos más allá de la política interna, doméstica del país. Es una sana práctica. Yo invito a que las conversaciones, los debates y las reflexiones se manejen distanciadas de esta discusión muchas veces interna, donde existen, desde luego, legítimos intereses de otro carácter: gente que aspira a ser Presidente de la República, personas que quieren ser presidentes de sus partidos. Pero no es bueno que ese tipo de temas contagie el examen de nuestra política exterior. Porque quiero decirles que la política exterior de Chile es respetada, la Cancillería y sus representantes son escuchados. Y lo importante es que esa realidad se ha ido construyendo a lo largo de decenios.
Los conceptos que quiero subrayar -y que se han mencionado- son realmente ofensivos para Chile, para el Gobierno, para Su Excelencia el Presidente de la República, para el Ministerio de Relaciones Exteriores, para los funcionarios que trabajan en la Cancillería, y tienen que ver con la "improvisación" que se quiere machacar acá. En el mismo sentido, se habla de "falta de credibilidad de Chile", de "debilidad" de nuestra Cartera y se afirma que lo que nos mueve son "ocurrencias".
Yo quiero invitarlos, para que tengamos la situación clara, a los detalles, a la realidad, de manera de no quedarnos en epítetos.
Las afirmaciones mencionadas fíjese que se emiten en un año en que Chile está organizando la reunión de la APEC, con alrededor de 200 actividades y más de 15 mil invitados que llegan al país. Aquí se definen cosas muy importantes a nivel internacional en términos económicos, comerciales y también ambientales.
Tenemos el COP25, que es el foro más grande, el encuentro mayor que existe en el planeta. Tema: ¿qué medidas tomar para evitar el cambio climático? Más de 20 mil personas arriban al país por ese concepto.
También menciono la participación intensa de Chile en el G20. Estamos incluidos ahí. El Presidente Sebastián Piñera ha sido invitado: el único mandatario de nuestro país en serlo. En su primera gestión, fue invitado por México a integrarse al G20. El año pasado, por Argentina. Y este año, por Japón.
Estamos activos en términos políticos.
Nada de lo anterior es fruto de la improvisación. Como tampoco es fruto de la improvisación -y por eso les pido que sean muy cuidadosos al utilizar los conceptos, porque algunos dañan nuestra política exterior- o muestra de debilidad o de falta de credibilidad del país el hecho de que vayamos a asumir la presidencia de la Alianza del Pacífico.
Tampoco lo es el que hayamos podido organizar la primera reunión de Prosur recientemente en nuestro país, en circunstancias de que muchos de los parlamentarios que hoy me ha tocado escuchar afirmaban que no iba a resultar. Algunos dirigentes políticos, también de Oposición, dijeron en su momento que ya habían estado en contacto con amigos cancilleres y que tenían la noticia, con antelación a la celebración de la actividad, de que vendría gente de muy bajo nivel, si es que venían.
El hecho de que la próxima reunión del Grupo de Lima tenga lugar en Chile también es efecto de que estamos trabajando activamente con Cancillería y con todo el mundo que nos respalda, y siguiendo la política exterior que conduce -¡conduce!- el Presidente de la República, porque así se halla establecido en la Constitución.
Para que veamos y contrastemos las afirmaciones con las realidades, las semanas pasadas hemos recibido la visita de siete Presidentes de América del Sur, con dos visitas oficiales: el Presidente de Colombia y el Presidente de Brasil.
Fuera de lo anterior, hemos recibido al Presidente de la India.
Además, nos han visitado los reyes de Noruega.
Señor Presidente, vengo llegando de Quito, donde participé en la reunión con el Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela y con Caricom, que también estaba presente. Asistieron, además, dentro de ese grupo, países como Uruguay, Ecuador, desde luego, y Bolivia.
Con antelación había estado en México, reuniéndome con el Canciller Marcelo Ebrard, quien sustenta una posición distinta con respecto a lo que está ocurriendo en nuestra zona.
Y recientemente, en un viaje muy rápido a Nueva York, me reuní con el Secretario General de las Naciones Unidas, con el Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y con la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores.
Estas son pruebas claras de que Chile está
plenamente activo en su política exterior.
Aquí no hay improvisación de ningún tipo: hay una estrategia que se ha ido ejecutando, que se sigue y se cumple.
El punto es que en la diplomacia -usted lo sabe bien, señor Presidente- las gestiones se realizan de forma reservada hasta el momento en que se decide darlas a conocer.
El hecho de que no se hable permanentemente de las actividades que uno efectúa como Canciller o las que llevan adelante los embajadores en representación de nuestro país no significa que no se esté haciendo nada.
¡De esa forma funciona la diplomacia!
Además, nosotros estamos en un diálogo permanente con cancilleres de distintos lugares de Europa (Alemania, United Kingdom y Francia). Tengo invitaciones para ir a hablar de la política exterior de Chile y su visión del contexto internacional tanto de Alemania como de Francia. Dichas invitaciones son oficiales. Ahí están.
Hemos logrado -y ustedes lo saben muy bien- un acuerdo con United Kingdom con relación al Brexit. Con independencia de cómo se dé esa separación, los productos chilenos están asegurados, pues tendrán una ubicación y una estabilidad que no los va a afectar.
Entonces, quiero solicitar muy encarecidamente que, cuando se hable de nuestra política exterior y se utilicen conceptos -disculpe la expresión, señor Presidente- tan livianamente para describir nuestra política exterior, se tenga mucho cuidado, porque es la imagen de Chile, la imagen de eso que hemos construido como país, la que se ve perjudicada.
Y tales conceptos son manifestados no precisamente por adversarios de Chile, sino por representantes de nuestra propia nación, quienes, por razones de desconocimiento probablemente -es lo que imagino-, no perciben todos los esfuerzos que hemos realizado.
Aquí no hay improvisación: hay un trabajo serio.
Contamos con un Ministerio de Relaciones Exteriores que es muy eficiente, que trabaja y defiende los intereses de Chile. La política exterior está conducida -ustedes lo saben- por el Presidente de la República, como establece la Constitución.
Ahora quiero pasar rápidamente a otras materias que aquí fueron mencionadas, señor Presidente.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- Señor Canciller, permítame que lo interrumpa.
Dado que hemos llegado a la hora de término de esta sesión, necesito pedir la unanimidad de la Sala para prorrogar por unos cinco minutos para que el señor Ministro pueda cerrar su intervención.

El señor COLOMA.- ¡Diez minutos!

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- ¿Habría acuerdo para prorrogar por diez minutos?
Acordado.
Continúe, señor Ministro.

El señor AMPUERO (Ministro de Relaciones Exteriores).- Gracias, señor Presidente.
Seguiré avanzando, aunque me saltaré algunos acápites que quería mencionar.
Un elemento importante en esta materia es saber diferenciar. Y la mayoría de los parlamentarios vinculados a la política exterior tienen muy claro este aspecto.
Una cosa son los principios fundamentales o pilares que rigen nuestra política exterior de Estado, los que nos inspiran; pero otra diferente son los énfasis que cada Gobierno pone a la hora de ejecutar dicha política.
Sabemos que no es cierto que todo es política de Estado y que todo debe ser consultado y acordado con los sectores que piensan diferente. No existe cogobierno en nuestra política exterior. Sí hay principios inspiradores. Y mientras nos movamos dentro de ellos -los señalaba muy bien el Senador Insulza-, estamos avanzando en la dirección correcta.
Por eso, no es casualidad que estemos tan preocupados de temas como el de Venezuela. Ello tiene que ver con algo profundo: con América Latina, con la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Otro aspecto, además de actuar siempre apegados al Derecho Internacional, es nuestra visión y convicción compartida -esa es una política de Estado- sobre la importancia del libre comercio. Ha sido crucial para Chile, porque nos ha permitido alcanzar el desarrollo que tenemos. Ello, gracias a políticas públicas que desde luego son exitosas, pero también a que no nos restringimos a un mercado de solo 18 millones de habitantes.
Voy a decir qué significa "libre comercio" para nuestro país.
Implica un millón 200 mil puestos de trabajo, que representa un 14 por ciento de la fuerza laboral.
Un 95 por ciento de nuestros productos se dirigen a países con los cuales tenemos tratados de libre comercio. Quiero mencionar este punto -aunque sé que es lateral- en relación con el TPP, que está pendiente.
Las exportaciones de bienes no cobre han pasado de casi 5 mil millones de dólares en 1990 a 35 mil millones de dólares en 2017. ¡Un avance tremendo!
Más de mil 200 empresas nacionales invierten al mismo tiempo en 60 países.
Somos el primer país exportador a nivel mundial de uva fresca, arándanos, ciruelas frescas, manzanas deshidratadas, salmón, yodo y litio.
Otro aspecto que deseo mencionar rápidamente es la tragedia que ocurre en Venezuela. En este sentido Chile tiene una posición muy clara. No reiteraré lo que planteó acá el Senador Allamand, con el cual concuerdo plenamente.
Se trata de una crisis profunda. Es la crisis de un régimen de Izquierda, socialista, en el siglo XXI. Es el régimen de Nicolás Maduro.
Y no solo representa una tragedia para el pueblo venezolano; también significa un impacto migratorio mayúsculo sobre nuestra región. Es la mayor crisis migratoria que ha vivido el continente. Nunca antes ha ocurrido algo así en América Latina.
De hecho, supera la crisis de Siria, donde ha habido una guerra.
Más de 3,5 millones de venezolanos han salido de su país y están buscando dónde vivir. Si este proceso continua, se podría llegar a 5 millones. Los cálculos más pesimistas indican que serían 7 millones. Ello significa un gran peso y una gran responsabilidad para nuestro país.
Hemos desarrollado un papel protagónico en ese ámbito. Sí, dentro del Grupo de Lima -porque Chile no es un llanero solitario-, trabajamos e interactuamos con naciones con las que concordamos y tenemos mayor afinidad en el análisis. Así nos desenvolvemos en el multilateralismo, pues creemos firmemente que nuestro país no es un llanero solitario ni debe andar pontificando por el mundo qué camino seguir.
Nos ponemos a disposición de los venezolanos para entregarles nuestra ayuda.
También quiero subrayar lo ocurrido en Cúcuta. Ahí atendimos a un llamado del Presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, de darles comida a quienes tienen hambre en su país y entregarles medicina a quienes la necesitan para no morir. Y atendiendo a ese llamado, que estoy seguro de que coincide con los intereses y las visiones de la inmensa mayoría de los chilenos, adoptamos una medida humanitaria.
La solidaridad de Chile no es declarativa ni retórica. Como es importante, es de hecho.
Por eso el señor Presidente de la República tomó la decisión de enviar un Hércules de la Fuerza Aérea con nueve toneladas de alimentos y medicinas para ser entregados al Presidente Juan Guaidó. Dado que somos respetuosos de la soberanía de los países, entregamos la ayuda en Cúcuta, territorio colombiano, al Presidente encargado para que él determinase la forma en que se iba a distribuir.
Lo sorprendente, señor Presidente, es que se critica a quien es solidario, a quien toma la decisión de entregar alimentos al que tiene hambre y medicina al que la necesita. Y desaparece el nombre -¡eso es lo más asombroso!- de quien, cerrando su país por todas partes, impidió que dichas medicinas y esos alimentos llegaran a quienes los requieren.
En tales críticas no se escucha el concepto de "Nicolás Maduro"; no existe para un sector de la Oposición. Y tampoco existe el concepto de "dictadura" de Nicolás Maduro.
Considero que, por una razón de análisis, debemos ser muy justos y reconocer que se hizo un esfuerzo y se entregó esa ayuda, pero todavía esperamos que llegue a las personas que la necesitan. Y el responsable de que esta todavía no se entregue a quienes tienen hambre y necesitan medicinas se llama "Nicolás Maduro"; es la dictadura de Nicolás Maduro.
Decía que estamos en el Grupo de Lima. Al respecto, cabe subrayar que seguiremos actuando. Recordemos que esta instancia existe desde la Administración anterior de nuestro país. En dicho grupo lo central ha sido buscar una solución pacífica y política para Venezuela.
Hemos reconocido a la Asamblea Nacional como el único órgano realmente elegido de forma democrática en Venezuela, y aún subsiste.
Hemos brindado el apoyo al gobierno constitucional. Reconocemos al Presidente Juan Guaidó.
Además, hemos establecido sanciones al régimen venezolano, pero que no afectan a la población.
Hemos trabajado coordinados en relación con la crisis migratoria y necesitamos incrementar aún más el manejo de esta, porque llegarán a nuestro territorio cientos de miles de venezolanos.
En ese sentido, estamos entregando nuestra Visa de Responsabilidad Democrática. Como ustedes saben, esto obedece a una actitud democrática de compromiso y de agradecimiento de Chile hacia el pueblo venezolano, ya que en momentos en que nuestro país y sus habitantes pasaron situaciones muy difíciles, por razones políticas o de tipo económico, encontraron una patria en Venezuela.
Hemos querido devolverle la mano. No podíamos quedarnos callados.
A la hora de la dictadura, el Gobierno del Presidente Piñera tiene una visión muy clara: ¡está con la democracia!
A la hora de escoger entre dictadores y democracia, ¡estamos por la democracia!
En ese sentido hemos actuado, y así lo seguiremos haciendo.
Quiero decir, en los últimos minutos que me quedan, que es importante reivindicar la iniciativa del Presidente Sebastián Piñera en orden a atender al llamado de Juan Guaidó ante la crisis humanitaria tan grave que vive el pueblo venezolano.
¿Cuál era la alternativa que hubiese querido la Oposición? ¿Cruzarnos de brazos? ¿Mirar a Juan Guaidó y decirle: "Mire, hasta que ustedes no solucionen otros problemas, nosotros no les vamos a enviar medicinas ni alimentos"?
Señor Presidente, por humanismo y por visiones profundas de Chile, hay que entregar esa ayuda.
Respecto a Prosur, quiero quedarme con una gran imagen: cuando muchos, como aves de mal agüero, anunciaban que esto no iba a funcionar (supuestamente porque nadie iba a venir o porque llegarían personajes de bajo nivel o solamente de algunos sectores), se ven en La Moneda de forma clara, contundente, en una mesa redonda, como iguales, a siete Presidentes de América del Sur y también a varios representantes a nivel de Vicecancillería enviados a asistir a este encuentro.
Entre estos últimos estaban Bolivia, Uruguay y Surinam, gobiernos que no son de Derecha.
¡Prosur no es un club de Derecha, como algunos han querido afirmar!
Además, se logró algo que era impensable hasta ese momento. Hacía cinco años que los Presidentes de la región no se reunían; tres años completamente paralizado en el marco de Unasur.
Se logró aquello que parecía imposible.
Es cierto que dicha decisión -lo dijo muy bien un señor Senador- fue una medida clara de liderazgo chileno.
Además, apuntaba a una necesidad en América del Sur: articularse, con una estructura liviana, que no sea onerosa, para solucionar los problemas de la población. No busca dedicarse a una discusión ideológica, sino a abordar temas cruciales: todo lo relacionado con integración en infraestructura, en el campo energético, en el combate contra el narcotráfico y las bandas de delincuencia internacional, en materia de salud.
¡Quién puede estar en contra de eso!
Integración para reaccionar en forma coordinada frente a catástrofes naturales.
¡Quién puede estar en contra de eso!
Integración para crear medidas de confianza con el fin de reducir los gastos en defensa.
¡Quién puede estar en contra de eso!
¿Qué tiene eso de ideológico; de Izquierda, de Derecha o de Centro?
Se persigue abordar las necesidades de los pueblos de América Latina, de nuestra población.
Trabajamos bajo las instrucciones y la conducción del Presidente Piñera. En este caso, se trata de una política plenamente humanista, que busca ampliar la mirada hacia el futuro. Es lo que nos espera; son los grandes desafíos de la región.
En ese sentido vamos a seguir trabajando.
Señor Presidente, en los segundos que me quedan, quiero agradecer nuevamente su invitación a esta sesión.
Nos alegra enormemente el lanzamiento de Prosur en Chile y la participación que hubo en ese encuentro.
Deseo invitar a los parlamentarios; en particular, a los Senadores, a seguir articulándonos y a intercambiar opiniones.
El peso que tiene la imagen, la voz de Chile, lo sentí ante el Secretario General de las Naciones Unidas, quien celebró que nuestra nación estuviese actuando como un puente diplomático.
Eso lo hemos construido entre todos. ¡No lo destruyamos!
Y se los digo como alguien que viene de fuera de la política. He vivido gran parte lejos de mi país y he aprendido a ver, con mucho orgullo, y en todas partes, sin importar nuestro tamaño y nuestra influencia a nivel mundial, que el peso de Chile es real y tiene prestigio.
¡Y eso hay que cuidarlo!
Con ese llamado, señor Presidente, quiero cerrar esta invitación que usted me ha hecho.
Muchas gracias.

El señor DE URRESTI (Vicepresidente).- A usted, señor Canciller, por sus palabras.
Quiero agradecer también a cada uno de los Comités por ajustarse a los tiempos fijados.
Por haberse cumplido su objetivo, se levanta la sesión.
--Se levantó a las 14:14.
Daniel Venegas Palominos
Jefe de la Redacción subrogante