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El Primer Congreso de 1811 inmortalizado en la pintura mural de González y Laroche

En el marco de la conmemoración de los 202 años de ese hito histórico, cabe revelar la historia y anécdotas que guarda dicha composición pictórica. Inmortaliza el momento en que inicia sus sesiones el Primer Congreso que era unicameral y que se constituyó en una sobria pero solemne ceremonia.

4 de julio de 2013

Imagen foto_00000017Una marcada intención por destacar los gestos y las actitudes de los patriotas, la solemnidad de la instalación del Primer Congreso y la inspiración de los artistas en las epopeyas de la Revolución Francesa, caracterizan el mural de los artistas Nicolás González y Fernando Laroche que se ubica sobre la testera de la Sala de Sesiones del Senado en Santiago.

 

Si bien el edificio fue inaugurado en 1876, el mural que inmortaliza el momento de la instalación de uno de los cuerpos legislativos más antiguos data de 1905. Desde entonces, ha sido sometido a numerosas reparaciones y limpiezas con el fin de conservar su legado.

 

En el marco de la conmemoración de los 202 años de ese hito histórico cabe revelar la historia que guarda dicha composición pictórica que describe el momento en que inicia sus sesiones el Primer Congreso que era unicameral y que se constituyó en una sobria pero solemne ceremonia. (Revise el portal de Historia Política Legislativa)

 

Fue el paso decisivo tras la Primera Junta de Gobierno el 18 de septiembre de 1810 y los pintores González y Laroche se hicieron cargo del desafío de destacar y plasmar las expresiones corporales de los personajes que asumieron la titánica tarea de iniciar la labor legislativa de una nación que se autogobernaba por causa de la invasión napoléonica a España y la prisión de su rey Fernando VII.

 

RECONSTRUCCIÓN DE LA SESIÓN INAUGURAL

 

Con cuidado diseño, en este mural se aprecia la estampa ciudadana y patriótica de don Juan Martínez de Rozas, vocal de la Primera Junta Nacional de Gobierno, pronunciando su discurso inaugural:

 

 

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Juan Martínez de Rozas


“En el único modo posible y legal, se ve por primera vez congregado el pueblo chileno. En las respetables personas, dignas de la general confianza y en cuya elección han tenido parte todos sus habitantes, se reúne para tratar el más grave delicado e importante  negocio que recuerda la memoria”.

 

González y Laroche lo retrataron gallardo y estilizado, de pie en el centro de la Sala del Palacio de la Real Audiencia (actual Museo Histórico Nacional), que había sido modificada especialmente para la ocasión. La pintura da cuenta de esos cambios estéticos del recinto en forma metódica.  Se había retirado el dosel tradicional, las armas reales y el retrato del último soberano. También se guardó un crucifijo de tamaño natural que estaba en la testera y se dejaron los bancos sólidos de madera donde se sentaron los Diputados  y en la testera al final de unas pequeñas escalinatas se colocó la mesa de la Presidencia, donde se ubicaron Juan Enrique Rosales, Ignacio de la Carrera y José Gregorio Argomedo, vocales y secretario de la Junta, respectivamente,  bajo un dosel visiblemente más pequeño y modesto.

 

Todos los Diputados, pertenecientes a familias criollas están retratados elegantemente vestidos, con los trajes de la época. Esa misma mañana habían asistido a una solemne misa en la Catedral, oficiada por Fray Camilo Henríquez y una vez concluido el sermón patriótico, el secretario José Gregorio Argomedo se levantó y frente a los miembros del Congreso, les tomó sagrado juramento,  para defender la Religión Católica, Apostólica, Romana; obedecer a Fernando Séptimo de Borbón y defender el reino de todos sus enemigos interiores y exteriores, cumpliendo fielmente con el cargo. Todos los diputados respondieron: “Sí juramos”.

 

Concluida la misa, lo diputados salieron a la plaza, donde la tropa los saludó presentando armas y realzando una salva de artillería.

 

En el mural se observa, en los rostros de los recién juramentados diputados, una genuina preocupación por la suerte y destino del rey cautivo, pero también una aguda convicción de que no se podían quedar de brazos cruzados: “pregunto con el más ingenuo candor, en este triste estado, en esta oscuridad, en este letargo ¿qué debía hacer Chile?. Interpelo al mismo desgraciado Fernando, a la nación entera, a los sabios de todos los pueblos, a la austera posteridad ¿debía indolentemente esperar el golpe fatal que lo hiciese perder su religión, su rey, su libertad? ¿o debía dar un paso legal, justo necesario semejante al que dieron las provincias de la Península?”, dijo un atribulado Martínez de Rozas para rematar con una interpelación a los legisladores del nuevo mundo:

 

“Magistrados, procurad ser tales que la posteridad os bendiga, aspirad a que las naciones os citen más bien como honrados que como sabios, abrazad con celo los negocios más espinosos, seguidlos con asiduidad y constancia, conducidlos a su fin sin salir de vuestra tranquilidad, haced el bien y limitad vuestras miras a la dulce satisfacción de haber obrado bien. Inmolaos generosamente a vuestra patria y ocultadle con destreza los servicios que le hacéis. Estas son las cualidades de un ilustre ciudadano, señores, y éstas son las vuestras”.

 

INTERVENCIÓN DE OVALLE

 

El mural es muy detallado y se preocupa de resaltar rasgos físicos de cada uno de sus personajes, algunos pensativos, otros inquietos haciendo comentarios con sus pares o demasiado ansiosos como para permanecer sentados.

 

Imagen foto_00000019En ese contexto, llama la atención en el extremo inferior derecho del mural, un hombre de cabello canoso, quien preside atenta y serenamente este momento histórico. Se trata de don Juan Antonio Ovalle, diputado por Santiago, el más anciano de los presentes, quien asumió ese mismo día 4 de julio, la presidencia de la corporación.

 

Ovalle también hizo uso de la palabra para definir claramente las motivaciones de este primer Congreso. “No es otra cosa que usar del derecho natural y de gentes que tiene todo reino, provincia, ciudad, pueblo, todo ciudadano, toda persona para ocurrir a su propia conservación, defensa de sus bienes y seguridad de sus acciones”.

 

Con una inusitada lucidez y en un breve discurso definió también los roles y desafíos de este nuevo autogobierno tutelado por el interés de preservar los derechos del rey Fernando VII de Castilla. “Para llenar tan altos fines, deben suponerse como bases fundamentales el sosiego y la justicia, meditar seriamente sobre las calidades necesarias con los sujetos destinados para la nueva Junta, y a cuya ilustración nada se esconda y a cuya prudencia nada se dificulte, nada conmueva”.

 

A cuya integridad nada resiste. Superiores a toda sospecha, capaces del más pronto despacho, íntegros y firmes hasta la muerte en dar a cada uno lo que es suyo, que de esta suerte, afianzándose la seguridad del reino, la felicidad de la patria, la tranquilidad, la satisfacción, el reconocimiento y la gratitud de sus habitantes…”.

 

LOS PINTORES

 

Nicolás González y Fernando Laroche formaron parte de una generación intermedia de artistas surgida de la Academia de Pintura bajo la dirección de los maestros Alejandro Cicarelli y Ernesto Kirchbach.Imagen foto_00000021

 

González logro notoriedad cuando obtuvo una importante distinción en la Exposición de 1872 en el Mercado Central, inclinándose marcadamente hacia los temas históricos y los acontecimientos sociales de la época.

 

En tanto, Laroche comparte con él la realización de esta pintura mural. De nacionalidad francesa había desarrollado una carrera artística en su país natal, formándose en la Escuela de Bellas Artes de París donde fue discípulo de Gerome y Bouguereau. Participó en el salón de Artistas Franceses.

 

A Chile arribó en 1889, obteniendo éxito inmediato en el medio artístico nacional, que en esa época privilegiaba el estilo de las escuelas francesas. Ejecutó retratos, paisajes, marinas y flores. Su estadía se prolongó hasta fines de la década del veinte cuando decidió radicarse en España en forma definitiva.

 

En nuestro país fue distinguido como artista de mérito y ejecutor de importantes encargos como la decoración del Salón de Conferencias del Colegio San Ignacio. Luego de su partida, continuó su contacto con nuestro país a través de sus envíos a los salones oficiales y exposiciones personales.

 

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